8 de noviembre: Día Mundial del Urbanismo

Día Mundial del UrbanismoUna de las cosas que nos enseñan en la escuela es el cuidado de nuestra ciudad: no dejar los desperdicios en las calles, plazas y avenidas; no ensuciar las paredes y monumentos; cuidar el ornato y los accesorios que hacen a la ciudad viable; respetar las normas de tránsito para evitar congestionamiento, etc. Sin embargo, la realidad nos muestra que tomamos muy a la ligera esta clase de recomendaciones y no mantenemos la atención necesaria a estos detalles para que la ciudad en la que vivimos sea un lugar confortable y apto para la convivencia. El Día Mundial del Urbanismo se celebra en los cinco continentes cada 8 de noviembre desde 1949 y es el momento perfecto para reflexionar acerca de la importancia que tiene educar a los niños y adolescentes sobre el significado de contribuir al desarrollo urbano, sobre todo en estos tiempos en que el turismo nacional e internacional es una de las principales actividades económicas del mundo moderno.

Las ciudades modernas están en permanente evolución y cambio, para continuar vigentes como centros de residencia y convivencia. Antiguamente, una ciudad estaba delimitada por pocos y muy ubicables elementos básicos: la plaza, el ayuntamiento, la escuela, la iglesia. Con las transformaciones económicas y políticas, las explosiones demográficas, las guerras, la aparición de las grandes corporaciones, el aumento de los vehículos motorizados y el crecimiento y diversificación de las actividades humanas han generado ciudades multiformes, de dimensiones enormes y que, en su mayoría, muestran signos de cansancio y caos. El urbanismo, inicialmente concebido solo como una disciplina asociada a arquitectos e ingenieros civiles, hoy involucra también los cambios culturales, la economía y la planificación estratégica.

Ciudades como Nueva York o Londres, consideradas megalópolis -término que significa “gran ciudad” en griego y que se aplica a aquellas ciudades que superan los 10 millones de habitantes- han sabido distribuir sus espacios de manera que, a pesar de la congestión vehicular, los rascacielos y la vertiginosa circulación de personas en calles y avenidas comerciales y turísticas, conservan una línea urbanística, ordenamiento de calles a manera de cuadrantes y diseño arquitectónico medianamente uniforme, lo cual les da posibilidades de mantener cierto orden aun en estos días. Por otro lado, áamplias áreas verdes de estas ciudades modernas y, a la vez, de estilo clásico -como por ejemplo el Central Park (Nueva York) o el Hyde Park (Londres) son lo suficientemente amplias como para servir de pulmón natural y contrapeso al frenesí de luces, edificios y autos de sus zonas más habitadas.

Otro aspecto que el urbanismo toma en cuenta es la conservación de espacios que, arquitectónicamente hablando, poseen características turísticas especiales, por estar relacionadas a la historia de la ciudad. En estos puntos es imposible, por disposiciones legales, que una constructora instale un edificio de quince pisos con paredes de vidrio delante, por ejemplo, de lo que antes había sido un predio importante -la casa de alguna personalidad del arte o de la historia- o que se derriben zonas monumentales para dar espacio a edificios multifamiliares. Incluso es común ver fachadas que conservan su estilo arquitectónico clásico y que, por dentro, han sido remodeladas y modernizadas para uso comercial -restaurantes, tiendas, museos- con todas las aplicaciones comunes a la tecnología actual sin afectar la visión urbanista de ciudad.

El tráfico es otro de los elementos que reducen la calidad de vida urbana en las ciudades modernas. En nuestro país, por ejemplo -Lima también califica como megalópolis por la cantidad de habitantes que tiene- una de las principales características que la hacen urbanísticamente inviable es la agresividad de los conductores y su absoluto irrespeto por las normas básicas del tránsito vehicular. En todas las ciudades grandes hay tráficos complicados, pero en ninguna como en Lima se escucha la andanada de bocinas (claxon) en cada cruce ni se ve a los autos cruzándose unos a otros, a apenas centímetros de distancia, bajo la falsa ilusión de que “están avanzando”. Una ciudad que pretenda ser ordenada en términos de urbanismo debe tener un tráfico normal, que respete distancias entre autos, cruces peatonales y que entienda que tocar el claxon no es la solución.

En las escuelas, el curso de Educación Cívica -voceado como una de las novedades en el Currículo Nacional que se aplicará el 2017- debe convertirse en el primer contacto de las nuevas generaciones con estos conceptos para que, en el futuro, integren a su forma de ser aquellas actitudes que sean útiles para hacer más llevadera la vida en la ciudad. De estos y otros temas es importante reflexionar en el Día Mundial del Urbanismo.

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