Día del Padre: ¿Vivimos en una sociedad patriarcal?

sociedad patriarcal - Día del PadreLa modernidad y una de sus principales características, el relativismo social, parece haber diluido los antiguos esquemas de roles entre lo masculino y femenino, para dar paso a una creciente tendencia a la indefinición: si antes era un hecho cerrado que los padres cumplían con la manutención y se encargaban de proveer ingresos a sus familias hoy, con los cambios generados a partir de la liberación femenina y su acceso a las fuentes de empleo y la existencia, cada vez mayor, de familias uniparentales (padres o madres que crían solos a sus hijos), un concepto como “sociedad patriarcal” suena ortodoxo, anacrónico, pasado de moda. Sin embargo, en muchas familias de nuestro país, en áreas urbanas y rurales, aun se cumple la figura del “patriarca” o el “pater familias”, la figura paterna que encabeza el desenvolvimiento económico y social del núcleo familiar. En términos antropológicos aun subsiste la percepción de que es el padre quien da sustento y equilibrio a la familia, por sus mayores capacidades para generar ingresos y desarrollo profesional. Pero aun cuando eso se manifieste como una realidad incuestionable, la concepción monolítica del padre como columna vertebral de la familia “bien constituida” (papá-mamá-hijos), si bien es cierto no ha caído en desuso en la sociedad moderna, sí ha experimentado diversos cambios en el mundo actual. Exploremos un poco este interesante tema, a pocos días de una nueva celebración del Día del Padre

Una de las mejores expresiones actuales del dominio patriarcal la podemos observar en aquellas sociedades occidentales en las que aun existe el sistema político monárquico. De todas las monarquías europeas aun vigentes, la más conocida es, por supuesto, la británica. Y allí la sucesión del trono va, preferentemente, de padres a hijos varones. La Reina Isabel II fue consagrada como cabeza del Imperio Británico ante la ausencia de herederos hombres tras el fallecimiento de su padre, el Rey Jorge VI, quien a su vez asumió el cargo ante la dimisión de su hermano mayor, Eduardo, quien fue el heredero natural en el año 1936.

Desde que se estableció la noción de la familia como “célula elemental, básica de la sociedad” la figura paterna tomó relevancia legal. Sin embargo, las sociedades patriarcales han existido desde hace mucho tiempo atrás, en civilizaciones antiguas como la griega y la romana, en las cuales el hombre salía a trabajar y las mujeres se dedicaban a labores domésticas. En sociedades orientales este dominio patriarcal era -y es, en muchos casos- mucho más fuerte y absoluto, con las mujeres reducidas a la mínima expresión social e incluso sometida a tratos inhumanos.

La figura del padre es uno de los símbolos más potentes a nivel religioso. El “Dios Padre Todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra” del Credo -una de las oraciones fundamentales del Catolicismo, resume la naturaleza omnipotente del padre, cuyos hijos son todos los habitantes del mundo, en todo caso de todos los creyentes. Este sistema patriarcal se repite en otras religiones, en las cuales los feligreses se refieren a su principal líder como “su padre“. En el Judaísmo (matriz de la religión Católica y el Cristianismo) abundan los patriarcas: Abraham, Isaac, Noé, Moisés, son personajes que representan a la paternidad como guía, conductor de sus hijos.

Sin embargo, aquí hay un dato curioso de la cultura judía: aun cuando la figura del padre es importante, la condición espiritual, “el ser judío” solo se hereda por línea materna. Esto significa que si un niño nace de padre judío y madre no judía, el hijo no es considerado judío para todos los temas de índole religioso. Sin embargo, en el caso contrario (niño nacido de madre judía y padre no judío), la condición espiritual de judío de mantiene, debido al vínculo estrecho establecido entre madre e hijo desde el nacimiento.

En fenómenos sociales más contemporáneos, la figura del padre dominante se trasladó también a ámbitos políticos, económicos y sociales, situaciones que aun hoy podemos observar a pesar del profundo relativismo de la era moderna. Por ejemplo, los líderes políticos -presidentes, alcaldes, gobernadores- son aun mayoritariamente varones, aun cuando la presencia femenina en estas lides electoreras es cada vez más grande e incluso en el mundo ya han habido varias jefas de Estado. Igualmente, los grandes grupos empresariales son dirigidos, generalmente, por el patriarca de una familia y la sucesión en cargos importantes se da, casi siempre, prioritariamente a los hijos hombres. Este tema -el patriarcado político- es uno de los grandes temas cuestionados por las corrientes feministas iniciadas a mediados del siglo 20, y hasta la actualidad son tema de discusión a nivel mundial.

Las expresiones latinas “pater familias” y “patria potestas” son un rezago de la cultura del patriarcado como sistema legal y político, tanto así que aun son utilizadas en las cartas de derechos humanos y constituciones que tienen su base fundacional en la teoría romana del derecho. La cabeza visible y responsable sigue siendo la del padre, una de las razones por las que es un asunto recurrente en nuestras sociedades cuando un padre no se encarga adecuadamente de sus hijos. El sistema legal protege a la madre y sus hijos frente a la consumación de abandono económico y familiar.

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