El cine de Federico Fellini

Federico FelliniEn los últimos 10 o 15 años, el cine “de autor” se ha vuelto más minoritario que nunca y los multicines han impuesto la idea de que el único tipo de películas atractivas son las de superhéroes, desastres, ciencia ficción espacial, dibujos o animaciones en 3D o historias donde las explosiones y las muertes a todo volumen sea lo principal. Sin embargo hubo un tiempo en que los directores de cine eran admirados por su profundidad, por su capacidad para inventar historias que dejaran pensando a los espectadores, quienes salían de las salas oscuras con más preguntas que respuestas. Uno de ellos, el italiano Federico Fellini, dejó un legado fílmico notable. Aquí una nota sobre el neorrealismo de Fellini publicada originalmente en La Gaceta, diario argentino:

El cine le debe una serie de películas únicas y atrevidas. Son sólo un puñado los directores que se han podido hacer un lugar en el olimpo de los cineastas como Federico Fellini, que despuntaba no sólo por su estampa mayestática y que recibió decenas de premios por su obra. Sus filmes La strada, Los inútiles o Satiricón son desde hace tiempo clásicos del corpulento y genial director italiano. Fellini, convertido en un mito aún en vida, murió el 31 de octubre de 1993 en Roma. El vacío que dejó es inmenso; en su país sigue sin haber un “narrador de historias” de su calibre.

Italia echa de menos a Fellini. Su voz, crítica con la publicidad y los medios, se apagó para siempre justo cuando el magnate mediático y millonario Silvio Berlusconi empezaba su carrera política y cuando la televisión tenía ante sí innovaciones intempestivas y algunas bastante cuestionables. El “acróbata entre sueño y realidad” representa una época dorada extinguida hace mucho tiempo en el cine.

Pero el maestro también causaba polémica, algo que buscaba intencionalmente. Cuando La dolce vita llegó a las salas italianas en 1960 hubo ovaciones, pero también silbidos e incluso una ristra de imprecaciones. La película, poblada de excesos, un liberalismo desatado y varias parodias, fue un escándalo al que siguieron varios más. Adorado en su país como una estrella del pop, Fellini, al que taxistas y fans llamaban también de cariño “FeFe”, escribió varios capítulos de la historia cinematográfica del siglo XX con películas como Amarcord o Casanova. Sus 25 filmes rodados hasta 1990 dejan varios enigmas abiertos, ya que el “genio de Rimini” escapó de cualquier interpretación fija.

“Creemos que vemos sólo una película pero en realidad es la historia de nuestra vida”, dijo alguna vez el escritor Ítalo Calvino para explicar por qué la obra de cuatro décadas sigue causando fascinación. Las imágenes barrocas, las escenificaciones circenses y las secuencias de sueño mágicas continúan surtiendo efecto.

Para ello, Fellini recorrió un largo camino desde el neorrealismo italiano de un Roberto Rossellini (Roma, ciudad abierta, 1945) hasta las “orgías” de escenas surreales, poéticas y grotescas de sus obras posteriores.

El desbordante ingenio del director rindió sus frutos. Fellini recibió el León de Oro de Honor en Venecia y el premio del cine europeo por toda su obra, antes de que le fuera concedido un Oscar honorífico que recibió de manos de Marcello Mastroianni, pocos meses antes de muerte.

No era una coincidencia. El actor italiano asumió el papel del “paparazzi” inescrupuloso en La dolce vita.

Fuente: La Gaceta.com.ar

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