Grandes genios de la Humanidad: Nicolás Copérnico

CopérnicoCada cierto tiempo debe surgir una mente privilegiada que revolucione el pensamiento establecido, la comodidad de lo aceptado por los poderes oficiales. En todas las épocas de nuestra historia, han existido estos personajes, a quienes en su momento se les considera transgresores, negativos, ilegales y proscritos pero que, con el correr de los siglos, son reconocidos como genios porque sus ideas, conocimientos, criterios y descubrimientos contribuyeron a dejar atrás las ideas equivocadas para dar paso a saberes nuevos, concretos y diferentes. El establishment siempre ha temido a estas personalidades, una tendencia que sigue ocurriendo en nuestros tiempos. Hoy vamos a hablar de uno de ellos, acaso de los más importantes. Hace unas semanas se cumplió un aniversario más de su fallecimiento pero cada vez que miramos hacia el firmamento, en épocas de verano, recordamos su nombre pues fue él quien nos enseñó, por primera vez, que nuestro planeta gira alrededor de ese cuerpo incandescente llamado Sol. Nos referimos, por supuesto, al astrónomo polaco Nicolás Copérnico.


Nicolás Copérnico fue un astrónomo, jurista, líder militar, clérigo católico, diplomático y economista polaco. Podría afirmarse que su mayor aporte al conocimiento universal en el ámbito del estudio de los astros y planetas radicó en haber formulado la primera teoría heliocéntrica de la Era Moderna.

Copérnico nació en Torun un pequeño pueblo en Polonia sobre el río Vístula un 19 de febrero de 1473. La familia de este científico se dedicó al comercio y logró hacer riqueza, por lo que el joven Copérnico nunca tuvo que pasar por situaciones económicas precarias aunque quedó huérfano, apenas a los 10 años de edad.

Este notable estudioso de los planetas fue sobrino de un importante obispo, situación que le permitió seguir estudios en la Universidad de Cracovia y, más tarde, ocupar una canonjía o prebenda eclesiástica. Desde el año 1496 este admirador de los astros se dedicó a viajar por Italia (este viaje tuvo una duración de diez años) país en el que inmediatamente se puso en contacto con algunos de los más importantes astrónomos de la época. Se tienen datos sobre sus primeras observaciones astronómicas y al parecer estas ocurrieron en Ferrara, Italia.

En aquella época, los astrónomos seguían la teoría geocéntrica que fuera desarrollada por Tolomeo en Alejandría alrededor de 1400 años antes. Según Tolomeo, la tierra era el centro del universo y no se movía. Copérnico se encargó de revolucionar las bases del estudio de la astronomía porque su teoría heliocéntrica propugnaba la idea de que la tierra y los demás planetas giran alrededor del sol. Vale decir que antes que Copérnico, Aristarco de Samos, un astrónomo griego del Siglo III estuvo en contacto con los científicos del Museo de Alejandría y les había propuesto la misma idea.

La originalidad de Copérnico se encuentra básicamente en el método que utilizó para generar su razonamiento. Los astrónomos que situaban a la tierra en el centro del universo tenían que recurrir a complejísimos sistemas de círculos que giraban dentro de otros círculos para lograr explicar los movimientos de los planetas. El sistema de Copérnico, al contrario, tenía la gran ventaja de que permitía explicar todas las traslaciones de la luna, los planetas y el sol de una manera mucho más simplificada.

En 1514, Copérnico fue invitado a participar en la reforma del calendario juliano. Para este momento, ya circulaban una serie de documentos extraoficiales con sus teorías. En estas circunstancias, el cardenal Schoenberg decidió escribirle desde Roma, pidiéndole que hiciera públicos sus hallazgos.

La elaboración del sistema matemático que utilizó Nicolás Copérnico para exponer y explicar su sistema de movimientos le costó prácticamente toda su existencia. Copérnico a la vez era un personaje muy prudente, situación que retrasó los resultados de sus estudios durante varios años. Finalmente, se decidió a publicar su obra ante la presión de los científicos de la época en el año 1540.

La prensa de ese entonces quedó maravillada ante su obra titulada De revulotionibus orbium coelestium o Sobre las revoluciones de los orbes celestes, tratado cumbre de este estudioso que es admirado hasta hoy en día.

Con la publicación de su principal trabajo, Copérnico sentó los cimientos para lo que hoy en día conocemos como astronomía moderna. Al tratarse de un libro que iba en contra de todos los conceptos e ideas conocidos hasta ese entonces, las hipótesis y conjeturas de Copérnico no fueron bien recibidas y encontraron gran oposición en los medios eclesiásticos. Se asegura que por esta situación, Copérnico no llegó a ver la mayoría de sus trabajos impresos.

Nicolás Copérnico trabajó toda su vida sin hacer uso del telescopio, que no había sido inventado en aquel entonces. A fin de observar las estrellas, este asiduo observador de los cuerpos celestes se pasaba las noches en la torre de su casa de las montañas. Completaba observaciones con la lectura de las obras antiguas y clásicas además de hacer nuevos cálculos, anotaciones y aportes a las teorías ya existentes.

Un 24 de mayo de 1543, falleció Nicolás Copérnico después de haber dedicado toda su vida a la ciencia. Se puede decir, sin lugar a error, que existe un antes y un después de la astronomía a partir de Copérnico, porque los aportes que él realizó a esta ciencia permitieron la realización de prácticamente todos los estudios de las estrellas y planetas que conocemos hoy en día.

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