Natalia Málaga y su equipo: Un ejemplo a seguir

Natalia Málaga¿Cuántas veces más tendrán que ganar Natalia Málaga y sus pundonorosas y aguerridas muchachas para que el país entero -gobierno, empresas financistas y sociedad civil- deje de considerar al fútbol como el primer deporte nacional? En nuestro querido Perú, que poco a poco se ha ido acostumbrando a las derrotas, al descontrol y el poder de las vulgaridades de la televisión que imponen “modelos de éxito” basados en el arribismo, la ignorancia y la falta de escrúpulos para prácticamente todo, los verdaderos triunfos parecen ser eternos intentos vanos por demostrar que ellas, las deportistas ganadoras, también merecen un poco de atención. Más allá de las felicitaciones mediáticas, los reportajes -algunos en tono de broma y ambigüedad- y las felicitaciones oficiales, los permanentes éxitos de estas pequeñas gigantes del voley peruano deberían producir un cambio en la manera de pensar y de vivir el deporte en el país. Desde aquí, nuestro respeto y felicitación a estas jovencitas que, junto con su entrenadora, son un ejemplo a seguir, esos que tanta falta nos hacen.

Natalia Málaga Dibós, a sus 50 años de edad, exhibe un palmarés deportivo único en nuestro país: Como jugadora de la Selección Peruana de Voley, ha ganado 5 medallas de oro, 2 de plata y 3 de bronce en Campeonatos Sudamericanos, 1 medalla de plata y 1 de bronce en Campeonatos Mundiales, 1 de plata y 2 de bronce en Juegos Panamericanos, y 1 medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Todo esto en el período comprendido entre 1982 y 2003. Y como entrenadora, 2 medallas dwe oro, 2 de plata y 1 de bronce desde el año 2010, dirigiendo a selecciones de voley nacionales de diversas categorías. Y está rumbo a concretar un éxito más: clasificar a la selección sub-23 a un nuevo campeonato mundial.

Como personaje, Natalia Málaga ha recibido codecoraciones, invitaciones a programas de televisión, entrevistas y reportajes acerca de su vida personal, familiar, su afición por los caballos, su personalidad aguerrida y sin pelos en la lengua. Sin embargo siempre queda la sensación de que algo falta, sobre todo cuando vemos que, en materia de presupuestos y apoyos de la empresa privada, los que hacen todo posible con la “magia” del dinero siguen dirigiendo sus apuestas al fútbol y sus nefastos personajes -tanto dirigenciales como juegadores- que contribuyen con sus actitudes, sus derrotas y malacrianzas, a afianzar la sensación de perdedores que domina a gran parte de nuestra sociedad.

¿Cómo es que las jóvenes jugadoras, conocidas popularmente como “las matadorcitas”, siguen teniendo dificultades para entrenar en ambientes adecuados, siguen estudiando en colegios de dudosa calidad, siguen esperando que se invierta más y mejor en sus instalaciones? ¿Por qué las “estrellas” siguen siendo estos impresentables jugadores de fútbol que no le ganan a nadie? ¿Cómo es posible que, en lugar de ofrecerles premios y mejorar las condiciones de entrenamiento de las dirigidas por Natalia Málaga, se dé preferencia a enormes presupuestos para que toda la selección de fútbol viaje hasta el Medio Oriente y se llenen la boca tras ganarle a Catar, un país donde no se juega fútbol, y luego a la hora de la verdad, queden penúltimos en cualquier eliminatoria?

Natalia Málaga, triunfadora como deportista de campo, ha formado una nueva generación de voleibolistas que se han sobrepuesto, gracias al empuje, la garra y la disciplina que ella les enseña, a esas dificultades y han hecho renacer el voley peruano que, desde finales de los 90s, parecía haber caído en ese estado de estancamiento provocado por los constantes desplantes de un sistema que, sobre la base de la publicidad y muchos otros intereses colaterales, privilegia al fútbol cuando no merecen nada, simplemente porque nunca han ganado nada, por lo menos en los últimos 32 años.

El principal aspecto que debemos resaltar en Natalia Málaga es su sencillez -ella proviene de una de las familias mejor posicionadas económicamente del país- y que la ha demostrado desde las épocas en que era titular indiscutible en el equipo del entrenador coreano Man Bok Park. Hay historias que cuentan que Natalia Málaga llevaba a almorzar a la casa de sus padres, descendientes todos de presidentes, alcaldes y diplomáticos de carrera, a compañeras suyas que se encontraban en situaciones económicas difíciles.

Y esa sencillez también se refleja en el trato que tiene actualmente con sus dirigidas, una generación de adolescentes que han venido creciendo deportivamente de su mano, y que vienen consiguiendo títulos y méritos notables, al estilo de aquella otra generación que nos hizo llegar al podio olímpico en Corea del Sur. Mucho se comenta acerca de la dureza en el trato, de la desesperación que Natalia Málaga les demuestra cuando fallan, pero ellas lo entienden como un aliciente para superarse a sí mismas, y los resultados así lo confirman.

Más allá de esas actitudes, que le han valido a la entrenadora desde apelativos burlones hasta imitaciones y críticas cargadas de agresividad, queda claro que Natalia Málaga protege y quiere a sus jugadoras, las cuida de las ligerezas de la prensa deportiva nacional y también del halago sobredimensionado. Una de sus últimas declaraciones fue: “Déjennos trabajar y por favor, no se acostumbren a los triunfos, también habrá ocasiones en que vamos a perder y es normal, es parte de la competencia”. Palabras que brotan de la experiencia y de una inteligencia emocional genuina, una personalidad que no se deja manipular por aduladores y que está muy enfocada en su principal objetivo: seguir dejando el nombre del Perú en alto, algo que los futbolistas no conocen.

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