Prince (1958-2016): “¿Un genio de la música? ¿Pero si yo no lo conozco?”

PrinceHace unos días, una noticia llenó las redes sociales y encontró eco en algunos medios escritos y televisivos locales, acerca del fallecimiento de un músico norteamericano, a los 57 años, en circunstancias aun no detalladas. Lo único que se supo fue que se le encontró sin vida en su mansión/estudio de grabación ubicado en Minnesota, Estados Unidos. De repente cientos de fans alrededor del mundo comenzaron a subir sus videos en YouTube -algo que él había prohibido férreamente en vida a raíz de unos problemas legales y sobre todo, éticos con respecto a su obra artística- y llegaban noticias con condolencias de colegas músicos (algunos muy populares), artistas del cine y la televisión y hasta el presidente Barack Obama le dedicó unas palabras. Mientras que el mundo entero, desde aficionados a escuchar música pop-rock en las radios hasta conocedores y especialistas lamentan la muerte de Prince, en el Perú muy pocas personas saben realmente quién era y el gran público, a ambos lados del espectro socioeconómico, hasta ahora se viene preguntando qué tan importante fue lo que hizo este personaje a quien nunca antes habían visto ni escuchado mencionar, como para recibir tanta cobertura. Este hecho comprueba la crisis de nuestros medios de comunicación masiva que parecen haber aislado al público peruano de lo que pasa en el mundo más allá de sus fronteras, un hecho que aleja a las nuevas generaciones de diversos aspectos relacionados con lo que comúnmente se llama “cultura general”, una de las variables usadas para medir la buena educación de un estudiante. Lo curioso es que hubo una época en que la popularidad Prince -así se llama el artista fallecido el pasado viernes- sí fue noticia conocida en el Perú, pues sus canciones eran parte de la programación de las radios más sintonizadas.

La música popular contemporánea del mundo occidental angloparlante ha producido una serie de figuras emblemáticas a lo largo de las últimas seis décadas, que hoy forman parte de la galería de personajes cuya importancia en el desarrollo de esta manifestación artística ha sido determinante en su establecimiento como un capítulo aparte de la historia universal: Elvis Presley, los Beatles, los Rolling Stones, David Bowie, Madonna, Michael Jackson.

Como parte de la cultura general de una población, conocer de cerca lo hecho por estos artistas da pie al público a aprender también sobre otras culturas, razas, idiomas, aspectos generales y específicos del desarrollo de los pueblos y, por supuesto, niveles diferentes de capacidad para apreciar el arte. Esta expansión de conocimientos, guiada de manera correcta en estos tiempos de internet, se convierte en una fuente inagotable de aprendizajes diversos, multidimensionales. Ver la poca repercusión que tuvo el fallecimiento de Prince en nuestro medio ha sido una (nueva) revelación de lo poco que sabemos sobre ciertas cosas.

Prince -cuyo nombre completo fue Prince Rogers Nelson– es considerado por los círculos de especialistas más connotados en el arte pop de los últimos 40 años, una de las figuras más rutilantes del universo musical norteamericano con proyección al mundo entero, poseedor de amplio talento para la interpretación de varios instrumentos -tocaba guitarra, piano, bajo y batería a la perfección- así como para la composición en géneros como el soul, el funk, el blues y el rock, haciendo prevalecer siempre su ascendencia afroamericana. Era además eximio bailarín, al nivel de Michael Jackson, con quien compitió en niveles de popularidad durante la primera mitad de los años 80s. Estas y otras razones hacen que se le denomine “un genio de la música e ícono de la década de los 80s”. ¿Ustedes sabían eso?

Nacido en 1958 en Minnesota, Prince destacó desde los 19 años con una serie de álbumes -en los tiempos en que la música se grababa en vinilos, los famosos y recordados LPs- en los que él tocaba todos los instrumentos y cantaba en distintos registros vocales, haciendo bailar a toda su generación con su contagioso ritmo y su actitud desenfadada. Con los años, Prince generó un universo paralelo alrededor suyo -con diversos cambios de imagen, estilos musicales y hasta el uso de pesudónimos para él y sus músicos- en los que los elementos comunes estaban siempre relacionados siempre al orgullo por la música negra norteamericana.

Su imagen andrógina (mitad hombre, mitad mujer) causó mucha controversia y llegó a ser estigmatizado por ello entre ciertos sectores del público, aunque nunca perdió el respeto de sus pares y nuevas generaciones de músicos que lo vieron siempre como una fuerte inspiración e influencia. Extravagante, camaleónico, impredescible, son algunos de los adjetivos que más se usan para describirlo tanto a él como a su música, que tiene siempre un aire a la que se hizo en la Norteamérica negra de las décadas de los 60s y 70s pero con elementos de la tecnología más actual.

A lo largo de su carrera -entre 1978 y 2015- publicó un total 40 discos y compuso éxitos para varios artistas populares en la década de los 80s, alcanzando el estatus de leyenda viviente. Su ética de trabajo, respaldada por una fuerte personalidad y agudeza al momento de enfrentar a las grandes corporaciones del mundo del espectáculo, le permitió mantener su independencia y cuidar al máximo sus derechos de propiedad intelectual, lo cual le valió la excomunión de los grandes sellos discográficos.

Por tal motivo, gran parte de la música que produjo entre 1990 y el 2015 no recibió la más mínima difusión, aun cuando sus seguidores llenaban sus recitales y aguardaban con expectativa sus noticias. En la era de la internet, Prince prohibió a las diversas compañías encargadas de distribuir sus producciones que fueran colgadas en YouTube por lo que era imposible ver sus vídeos y presentaciones en la megaenciclopedia audiovisual más visitada del mundo. Si alguien quería verlo tenía que aceptar sus reglas de juego. A una semana de su fallecimiento, este bloqueo informático ha cesado y sus miles de fans alrededor del planeta han preferido honrar su memoria mostrándoles a todos sus vídeos, sus conciertos, sus canciones, su arte.

¿Por qué en el Perú no se sabe nada de Prince? Salvo un porcentaje indeterminado de nostálgicos que disfrutaron de las décadas de los 70s y 80s en que las radios y canales de televisión no dedicaban el íntegro de sus programaciones a propalar programas de entretenimiento barato, realities y noticias de la farándula local, en la cual los protagonistas son personas comunes, en la mayoría de casos sin ningún talento real; nadie entiende la dimensión real que tuvo Prince en el mundo de la música. Este hecho es solo una muestra de los resultados que ha tenido sobre nuestra población la sobrecarga de informaciones localistas que ni siquiera responden a afanes nacionalistas, de afianzamiento de nuestra identidad -como ocurriera en los años 70s durante el gobierno militar- sino a un pobre concepto de lo que “entretiene” a nuestra gente.

Como el trompetista norteamericano Miles Davis o el cantante británico David Bowie, este cantante y guitarrista norteamericano trascendió las barreras de los idiomas y gustos para ingresar en la historia del arte contemporáneo como una personalidad creativa e influyente en campos tan diversos como la música, la producción de videoclips y hasta la moda, marcando la pauta con cada uno de sus lanzamientos que causaban gran impacto en el público. Mientras al mundo entero le sorprende su repentino fallecimiento, para la mayoría de personas en el Perú es una noticia extraña y ajena e incomprensible. Tan incomprensible como que en nuestro país, en tiempos de internet, cada vez sepamos menos.

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