Reflexiones Magisteriales: ¿Cómo llegamos al final de nuestra primera semana de clases?

primera semana de clasesIniciamos el año escolar y hemos llegado al primer fin de semana después de clases ¿Cómo nos sentimos? ¿Estamos muy motivados después de conocer a nuestro grupo de este año o reencontrarnos con él? ¿Nuestros planes para dar la bienvenida a los alumnos resultaron en una agradable acogida? ¿Solo estábamos esperando que llegara el viernes? ¿Los alumnos no respondieron como pensábamos? ¿El entusiasmo se apagó? La primera semana de clases puede resultar muy reveladora para nosotros como maestros, puesto que nos sitúa frente al grupo humano con el que trabajaremos todo el año y además nos presenta una aproximación a lo que serán nuestras clases para el presente curso. Muchos, durante las vacaciones, hemos descansado, recargado energías y llegamos llenos de proyectos que queremos aplicar y lograr con éxito en el aula.


Otros, tal vez, hemos atravesado por un período vacacional accidentado, con obligaciones o asuntos personales que no nos permitieron descansar y renovarnos como hubiera sido deseable y en esta primera semana ya sentimos la presión de volver al trabajo sin haber tenido tiempo libre. De una forma u otra, aquí estamos finalizando la primera semana de clases.

Es importante estar conscientes de que nuestra presencia en el aula es la que determina el ejemplo a seguir y que, por ello, el estado anímico que presentemos ante los alumnos será preponderante para su nivel de atención, empatía y aprovechamiento de lo que tenemos para transmitirles. Una actitud positiva y cargada de ánimo puede ser muy bien asimilada por niños y jóvenes; del mismo modo que una carga de desánimo, negatividad y desmotivación puede repercutir en los alumnos y su rendimiento.

“El respeto no se impone, se gana”. Hemos escuchado esta frase muchas veces y justamente tiene mucho que ver con nuestro desempeño en el aula. Los maestros debemos ser autoridad en la clase. No autoritarios ni dictatoriales, pero sí mantener nuestra categoría de guías y modelos a seguir y respetar.

Recordemos que hablar de ser “amigos” de nuestros alumnos es un tema que no debemos asumir literalmente. El maestro es la figura que da ejemplo y que ayuda a formar a un nuevo ser humano, no un cómplice que siempre tiene que ceder a los caprichos de sus pupilos.

Es muy agradable contar con la confianza de los alumnos, nadie puede negarlo, pero sepamos manejar los límites entre sentir o tener confianza y ser confianzudo entre alumnos y maestros. Como guías de la clase, debemos tener un buen nivel de comunicación con el alumnado y los padres de familia que, por encima de todo, esté bien definido por el respeto mutuo, la educación y las buenas maneras.

Otro punto en el que actualmente se percibe gran tendencia a la confusión es el de la brecha generacional, muchos maestros creen, equivocadamente, que para estar más cerca de sus alumnos deben “actualizarse” con respecto a sus gustos y prácticas, lo cual efectivamente debemos conocer, pero recordemos que eso no significa empobrecer nuestro vocabulario, ni aceptar apelativos inapropiados y mucho menos promover el consumo de programas televisivos que banalizan las capacidades y competencias de los niños y jóvenes. Hagamos todo lo posible por no sucumbir a esos facilismos que están más a la mano que nunca en nuestros tiempos.

Los niños y jóvenes deben estar al día con las tecnologías de su época, eso no está en tela de juicio, pero separemos el espacio de la escuela para darles las herramientas sin las que estos complementos modernos no tienen sustento, ni buenos resultados: buenas bases en lo académico, trato respetuoso entre compañeros y con todas las demás personas de la institución educativa, valores y buenas iniciativas para contribuir a la comunidad, consejos para la vida e inspiración para el éxito en conseguir sus metas, sean cuales sean en cada caso.

Los niños y jóvenes tienen mucha energía, es difícil seguirles el paso, pero recordemos que no puede ni debe faltar el uso de esa energía en la actividad física. No permitamos que los niños pasen demasiado tiempo frente a las computadoras o juegos electrónicos, el recreo es para correr, jugar, compartir con los compañeros. ¿Celulares en clase? Este debe ser un tema que no admita el más mínimo debate: no existe razón válida para que los alumnos tengan celulares en clase y es necesario aclarar esto con los padres desde el principio. En clase se mantiene los sentidos y la atención en aprender, todo lo demás queda fuera de la clase hasta que llegue el momento del fin del día escolar.

Finalmente, desde que iniciamos el año sabemos que, a lo largo del mismo, vendrán una serie de celebraciones en nuestro calendario. Maestras, maestros: recordemos que las celebraciones son buenas y necesarias pero no deben circunscribirse al gasto económico obligatorio. Casos de padres de familia y maestros que reúnen dinero para regalos en el Día del Niño, Navidad, promociones desde el pre escolar, entre otros, no constituyen un buen ejemplo para los niños y jóvenes. Por el contrario, se prestan a malas interpretaciones y suspicacias.

Desde la infancia, y como parte de la formación del ser humano, es positivo que las personas aprendan que en la vida no todas las satisfacciones se materializan en objetos, dinero o cosas. Un Día del Niño compartiendo algo muy sencillo con otros pequeños que no tienen la misma fortuna de asistir a una escuela, una Navidad con algo de sentido y hasta simbólico para los olvidados, son enseñanzas para toda la vida, que contribuyen a sensibilizar a los alumnos.

En esa misma dirección, no recargar a los padres con pagos de cuotas y obligaciones para hacer gastos innecesarios disminuye la ansiedad en los hogares con respecto a los gastos mensuales y repercute en mayor tranquilidad para interactuar con sus hijos. También disminuye la tendencia peligrosa hacia la discriminación y maltrato hacia aquellos alumnos cuyos padres no pueden afrontar esos gastos.

Siempre tenemos alternativas para dar lo mejor a nuestra clase sin necesariamente exigir cosas. Pongamos en práctica toda nuestra creatividad y capacidad profesional. Se acaba nuestra primera semana de clases y el reto es que las expectativas no decaigan, pongamos en práctica algunos de estos consejos y veamos en este 2014 la oportunidad de lograr el mejor año escolar que hayamos tenido hasta ahora.

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