¿Y quién fue Casimiro Ulloa?

José Casimiro Ulloa BucelloSu nombre es, en la actualidad, sinónimo de un hospital, el único de emergencias del Ministerio de Salud, ubicado en la Av. República de Panamá, en el residencial distrito de Miraflores. Una conocida avenida de esa zona lleva también su nombre. Hoy vamos a hacer un breve recuerdo de quien es considerado uno de los personajes más importantes de la medicina peruana de fines del siglo 19, por su intenso trabajo como médico en el ejército y sus estudios sobre psiquiatría, higiene y otras ramas de esta ciencia que tiene como base de sus predicamentos filosóficos el amor por la vida y la buena salud. José Casimiro Ulloa es denominado, por quienes conocen su trayectoria e importantes aportes al desarrollo de la ciencia médica en nuestro país, como un paladín de la profesión, y su figura es recordada permanente entre galenos y científicos como la de un modelo a seguir. Por eso creemos importante incluir su historia en esta sección biográfica que, cada semana, recupera del injusto olvido la personalidad y la presencia de aquellos peruanos que, desde sus actividades y disciplinas, contribuyeron a forjar nuestra sociedad. Hoy en “¿Y quién fue?”, José Casimiro Ulloa.

José Casimiro Ulloa Bucello fue escritor, político y una de las figuras más importantes de la medicina peruana. Nació de familia modesta, sus padres fueron don José Ulloa y Molina, un artesano que tenía su taller en el Banco del Herrador y doña Justa Bucello. Por su origen, Ulloa era considerado un “pardo”, es decir que su semblante denotaba ancestros mestizos o mulatos y, si bien se había abolido formalmente las castas y las limitaciones que tenían para acceder a cargos y designaciones oficiales y académicas, estas persistieron en el imaginario y accionar cotidiano. Esa condición probablemente signó su permanente inconformismo y por cierto fue también el motivo de injustas y vilipendiosas críticas.

Fue discípulo predilecto del también médico Cayetano Heredia, quien lo envió a realizar estudios en La Sorbona de París. A su regreso (1854), colaboró con Heredia en la organización de la Facultad de Medicina de Lima, adecuando su plan de estudios con las ideas que trajo de Francia; fue secretario de la Facultad de San Fernando durante 35 años, hasta su muerte. A partir de 1859, inició el tratamiento científico y humanitario de los dementes del hospital de la Misericordia, donde desaterró los antiguos y crueles métodos de los que eran víctimas los pacientes psiquiátricos.

La atención de los enfermos mentales, hacia mediados del siglo XIX, no difería en absoluto de la que se brindaba en el periodo colonial. Los enfermos mentales eran recluidos en las “loquerías” que se encontraban dentro de los hospitales generales, abandonados a su suerte y viviendo en condiciones infrahumanas. La Loquería de San Andrés, destinada a varones, recibía muy poca atención de la Beneficencia, pues solo se destinaba un médico para que atendiera los problemas de salud de los internos, dejando el cuidado y la atención de los problemas de salud mental en manos de empíricos. Hacia 1856 se agravó su inestabilidad, pues los enfermos fueron trasladados al local de la Casa de Huérfanos, también perteneciente a la Beneficencia para luego regresar al Hospital. Al año siguiente, 1857, se contrató a Ulloa para que se haga cargo de la loquería.

Durante la Guerra del Pacífico fue nombrado Cirujano en Jefe del Ejército y organizó los hospitales de campaña y las ambulancias civiles que atendieron a nuestras tropas. En particular la iniciativa de algunos Catedráticos de la Facultad de Medicina para organizar una ambulancia civil es el inicio de la Cruz Roja Peruana pues el reconocimiento del gobierno dado por Decreto del 17 de abril de 1879 es considerado la fecha de fundación de la Cruz Roja en el Perú , y Ulloa su fundador. En febrero de 1880 fue nombrado por el entonces presidente de Perú, Nicolás de Piérola, Cirujano en Jefe del Ejército del Perú durante la guerra con Chile.

Fundador y director de la Gaceta médica de Lima, en 1885 contribuyó a la creación de la Academia Libre de Medicina y fue el primer peruano en ocuparse de la psiquiatría. La labor de periodista médico de Ulloa abarca todas las publicaciones que se generaron en la segunda mitad del siglo XIX, pero esta presencia no es accidental ni sujeta a requerimientos circunstanciales, Ulloa consideraba el ejercicio de la prensa médica como un factor fundamental para el progreso profesional de la medicina, tan importante como las investigaciones que daban a luz nuevos conocimientos. Al año siguiente la Academia Libre de Medicina, antecesora de la Academia Nacional de Medicina crea su propia Revista: El Monitor Médico. Ulloa asume su Dirección, la cual mantendrá hasta su muerte en 1891. Su obra en la prensa, por cierto, no se agota en las publicaciones médicas, ya había fundado antes, junto con Ricardo Palma La Revista de Lima y en el ámbito de la Universidad de San Marcos, le corresponde la creación de los Anales Universitarios.

Entre los temas de salud pública que abordó podemos encontrar desde su opinión sobre la higiene en las prisiones, hasta el control de alimentos, pasando por las limitaciones del cementerio inaugurado por Abascal. Al ser la Beneficencia Pública de Lima la administradora de los hospitales y otras instituciones de caridad, Ulloa le dedicó numerosas páginas.

Ulloa falleció de modo imprevisto a los 62 años en Arequipa el 4 de agosto de 1891, en pleno uso de sus facultades mentales y profesionales. La conmoción que causó su muerte se reflejó en las honras fúnebres. Según relata Paz Soldán, el ataúd conteniendo sus restos fue embarcado desde Mollendo hacia Lima, donde llegó el 11 de agosto, el desembarco fue escoltado por diversas naves oficiales, todas enlutadas.

La obra de José Casimiro Ulloa Bucello, lo califica como un verdadero paladín de la profesión médica, nadie como él tuvo la clara visión de la necesidad de institucionalizar, modernizar y organizar la profesión, dedicó su vida a ese esfuerzo desde las más diversas perspectivas y desde todas las tribunas. Su vida marca una coherencia total entre la prédica y la práctica, a pesar de que las modernas interpretaciones del rol de la medicina en el marco del proceso de la salud, nos marquen distancia con los afanes de la obra fundacional de Ulloa. Incluso esas mismas interpretaciones y desarrollos contemporáneos no hubieran sido posibles sin la previa institucionalización de la medicina peruana a la que tanto contribuyó Ulloa. La medicina nacional tiene una deuda permanente con su obra y su figura.

Fuente: Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Pública

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