Los fuegos artificiales: cuando las recomendaciones no sirven para nada

fuegos artificialesHay algo extraño en los excesos que las personas cometen cuando se trata de celebrar, una especie de tendencia tanática incapaz de detenerse ante nada: a más noticias de accidentes, niños mutilados, incendios de toda clase; mayor es la cantidad de clientes que llegan a los mercados y las ferias (tanto las autorizadas como las informales y clandestinas) para armarse hasta los dientes y hacer de las noches de Navidad y Año Nuevo una insoportable recreación voluntaria de lo que sería un bombardeo. Si usted quiere saber qué sienten las familias de la Franja de Gaza frente a un ataque aéreo israelí, lo único que debe hacer es esperar que den las 12 de la noche el 25 y el 31 de diciembre, sentado en la sala de casa.

Los medios de comunicación tratan de disuadir a los compradores compulsivos, amantes de la pólvora, que abarrotan las tiendas de pirotécnicos, mostrando los horrores que traen esta excesiva comercialización de fuegos artificiales que han dejado de ser los fantásticos inventos desarrollados en China y Europa para celebraciones religiosas para convertirse en verdaderas bombas capaces de arrancarle el brazo a un ser humano o provocarle un infarto a su mascota. Pero nada de esto parece suficiente para que los compradores – muchos de ellos pertenecientes a sectores socio-económicos altos – reduzcan sus ansias reprimidas de volarlo todo a su alrededor. En estos casos, queda demostrado que las recomendaciones no sirven para nada.

Nos acercamos al fin de este año y será inevitable. A una semana de la ensordecedora batería de explosivos que invadió la Nochebuena en diversos distritos limeños, que incluso ha sido signada como la causante de la lluvia nocturna debido al efecto de condensación generado por las nubes de pólvora quemada, el 2013 será recibido por un nuevo remedo de guerra casera, lanzada inescrupulosamente por personas adultas, dando el ejemplo contrario a todos esos niños que escuchan en la televisión una serie de consejos para prevenir accidentes. Si un adolescente ve que sus primos, hermanos mayores, etc., se emocionan manipulando estos peligrosos elementos ¿cómo van a entender que ellos no deben hacerlo? Todo, como siempre, empieza por casa.

Cuenta la historia que los fuegos artificiales se inventaron en el Lejano Oriente como un recurso para ahuyentar a los malos espíritus. Pero ahora a quienes ahuyentan son a los pobres perros, supuestos engreídos de esos hogares, que sufren una serie de trastornos anímicos y físicos cada vez que la ciudad se convierte en ese infierno de explosiones que, en los últimos años, ha aumentado en proporciones inauditas, sobre la base de que “hay que despedir el año viejo con todo”. Si para un ser humano promedio resulta incómodo, imaginar lo que siente un animal incapaz de entender que ese ruido no lo va a alcanzar (por lo menos no directamente) es como para estremecerse.

Hay fuegos artificiales luminosos que son, definitivamente, una maravilla de la tecnología pirotécnica, que no explotan con gran estruendo y generan una lluvia de colores que mueve a la emoción, sobre todo a los niños. Pero los petardos que escuchamos en la Navidad que acaba de pasar y que, sin duda alguna, escucharemos la Noche de Año Nuevo, se alejan totalmente de esa intención y lo que generan, por lo menos para quienes no los disfrutan, es incomodidad y temor. Solo nos queda comprar un buen set de tapones para los oídos, darles una pastilla para dormir a nuestras mascotas y esperar que amanezca, ya que no podemos esperar que las autoridades prohiban estos excesos, en nombre del derecho que ellos tienen a divertirse, a pesar de que al ejercerlo atropellen nuestro derecho a pasar una noche de 1 de enero sin sobresaltos.

Historia de los Fuegos Artificiales:

http://www.maquinariapro.com/materiales/pirotecnia.html

 

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