Pedagogía: Redes sociales ¿nos acercan o nos alejan?

Niños, adolescentes y adultos viven revisando permanentemente sus estados en redes sociales –conversaciones en Whatsapp, actualizaciones en Facebook, fotografías en Instagram, videos en YouTube- hasta el punto de no prestar atención a las personas que los rodean. Este aspecto, que vemos diariamente en calles, parques y unidades de transporte público, ¿se opone a las funciones educativas de las redes sociales o constituyen precisamente una de las vías de las que se valen para entrenar en habilidades múltiples en sus usuarios? Cuando lo analizamos de cerca, la concentración y la atención que se dedica al equipo móvil puede, literalmente, “desconectarnos” del resto, reduciendo nuestras posibilidades de atender mejor una clase, una lectura o exhibición.

 

La tecnología de las redes sociales ha generado varios efectos positivos como la posibilidad de difundir informaciones y enseñanzas a grandes cantidades de personas en poco tiempo, intercambiar opiniones y enriquecer aprendizajes, facilitar el acceso a informaciones de primera calidad, mantenernos en contacto en tiempo real, etc.

Pero también tiene sus puntos en contra, por ejemplo, cuando pensamos en cómo ha afectado nuestra forma de relacionarnos con el prójimo. No es poco común ver cómo por las calles, las personas van caminando sin siquiera mirarse a los ojos unas a otras, pues andan tan concentradas en sus aparatos telefónicos –revisando su Instagram, contestando su Messenger- que ya ni miran el camino por donde van. Esto empobrece el contacto diario con nuestros semejantes e incluso se llega al punto de ignorar a la propia familia, con efectos profundos pero silenciosos, tan silenciosos como cuando uno ve un parque en el que los niños ya no corren porque están sentados, cada uno solo, mirando una pantalla.

Esta despersonalización es evidente todos los días y, en casos de la vida adulta, es fuente de separaciones y discusiones a veces irreparables. Necesitamos incentivar el autocontrol para que esta herramienta de comunicación tan efectiva no siga convirtiéndose en causante de alejamiento entre los seres humanos.

1. Están llenas de mensajes hostiles que nos afectan: Por lo general las redes sociales incitan a discusiones sobre temas de actualidad (política, farándula, deporte) y es usual el cruce de palabras o expresiones fuertes que pueden herir la susceptibilidad de los usuarios. El anonimato y la posibilidad de cambiar de identidad estimulan esta práctica negativa.

2. Nos compararnos con los demás y nos frustramos: La exhibición de hábitos de consumo puede generar sentimientos como frustración, ansiedad o envidia que repercuten en el estado de ánimo de los jóvenes con menos posibilidades de acceder a ciertas cosas o lujos materiales.

3. Refuerzan los mitos en torno a la imagen corporal: La obsesión con “verse bien” de diversos personajes muy populares de la televisión hace que ciertas personalidades desarrollen desórdenes alimenticios, psicológicos, etc.

4. Nos distraen del mundo real: Muchas veces la permanente conexión a las redes sociales provoca que dejemos de prestar atención a nuestras relaciones directas. Ya no miramos a nuestros padres, hermanos o amigos por estar actualizando, publicando, chateando.

5. Generan conductas compulsivas: Es útil aprender a posponer la comprobación de las notificaciones, nos entrena en el autocontrol y nos enseña a dominar nosotros la situación. Las redes sociales nos ponen de mal humor y no tenemos problema en agredir a otras personas.

6. Son utilizadas como medios de acoso: el ciberbullying o acoso virtual es uno de los más graves riesgos de la conexión perpetua a las redes sociales.

 

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