1 de abril: Día Mundial de la Educación

¿Por qué la educación merece tener un día? La pregunta parece un poco obvia, ya que nadie podría estar en desacuerdo con la importancia que tiene esta profesión, la docencia, en el desarrollo de niños y adolescentes. Todos sabemos que la educación es la mejor forma de superar la pobreza y que brinda independencia aun en medios con fuertes desventajas. Sin embargo, los tiempos modernos hacen necesaria una reflexión más profunda sobre qué estamos haciendo en las escuelas, a nivel global, para educar adecuadamente a las nuevas generaciones de niños y adolescentes que serán, inevitablemente, quienes gobernarán nuestro mundo, ya sea desde ámbitos públicos y privados. Veamos la historia de esta importante fecha establecida por la Unesco en el año 2012.

 

El Día Mundial de la Educación se da a celebrar el 1 de abril de cada año. Esta fecha tiene como finalidad incentivar la educación y la formación disciplinaria de este aspecto para bien de cada nación, en conjunto con las familias, donde la educación es forjadora de gran éxito en cada persona. Esta celebración se dio mediante la asamblea entre la ONU y la UNESCO, donde se resalta que la educación es uno de los aspectos principales que garantizan el desarrollo de cada país.

Cuando hablamos de educación, dos cosas vienen a nuestra mente: el proceso de adquisición de conocimientos que inicia cada niño al ingresar a la escuela, en el cual la figura del docente, como orientador y soporte, es esencial. Y por otro lado, el “ser educado” nos remite a otro nivel de nuestra evolución como personas: aspectos como el comportamiento respetuoso, la conciencia de vivir en comunidad, las normas de urbanidad, la caballerosidad en los hombres o la elegancia en las mujeres. Aun cuando estas cosas también se aprenden y fijan en la escuela, son más resultado de la crianza en el hogar.

Por ello es que, desde hace décadas, los expertos sostienen una fundamentada diferencia entre lo que es educación y lo que es instrucción. La educación es más amplia, más emocional e intelectual; mientras que la instrucción es focalizada en una actividad o disciplina determinada. Pero son dos aspectos dentro de una misma finalidad, complementarios y adyacentes el uno al otro: la formación integral de las personas que van a convertirse en futuros ciudadanos.

Lo que no admite dudas es que la educación es la profesión más importante de todas. Y no solo lo decimos desde nuestro corazón de maestros -los médicos, los ingenieros y los cocineros también podrían, en ciertos momentos de orgullo profesional, decir lo mismo de sus disciplinas- sino que es un hecho sólido como una roca. ¿Quién enseñó al buen abogado a ser buen abogado? Un profesor de derecho. Y así, podríamos decir lo mismo de cualquier profesión, académica o artesanal, que se nos ocurra. Por ello es indispensable recuperar el valor real de la educación y darle a los docentes, sea cual sea su especialidad, el sitial que les corresponde en un mundo donde la información y el conocimiento son materia prima del éxito y la realización personal.

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