Bueno y saludable para calentarnos en invierno: El Té

El invierno ha llegado a nuestra latitud sur, estamos en el mes más frío del año y qué mejor oportunidad para calentar nuestro cuerpo con una bebida sabrosa y que por miles de años ha fascinado los paladares de las civilizaciones alrededor del mundo: el té. Esta hoja que, tras diferentes procesos, se une al agua hirviendo para saborizarla y liberar en ella sus más valiosos componentes de gran valor para la salud.

Historias que han viajado a través de los siglos con su agradable sabor llegan hasta nosotros hoy, reminiscencias de parajes exóticos, sabidurías ancestrales y misticismo acompañan a esta infusión que muchas veces pasa inadvertida al lado de su igualmente antigua competidora, el café, tal vez más popular en nuestro país.

Para conocer un poco más acerca de esta planta tan valiosa para la humanidad, que pasa por diferentes procesos antes de llegar a esa presentación filtrante que todos conocemos y hoy empieza a llegar al Perú en otras presentaciones y variedades, compartimos con ustedes este artículo que tal vez le provoque tomar una buena taza de té.


Se trata de la tercera bebida no alcohólica más consumida en el mundo entero después del agua y del café, el té es una infusión preparada a partir de las hojas y los brotes de la planta del mismo nombre y posee una fascinante historia detrás de sus agradables aromas y sabores. Es muy conocido que los primeros en utilizar esta planta para elaborar una bebida fueron los chinos, en cuyo país existe una milenaria tradición relacionada con su consumo, que data del año 2,500 antes de Cristo.

El arbusto del té tiene muchas ramificaciones, de entre 1 y 2 metros de altura por lo general y sus hojas son siempre verdes, curvas hacia adelante sobre las que destaca una fuerte nerviación. Sus flores están agrupadas o aisladas, son de color blanco, inclinadas hacia abajo y son aromáticas. Este arbusto ha crecido silvestre a lo largo de la historia en Extremo Oriente, aunque actualmente se cultiva en muchos otros lugares, incluso sobre terreno poco fértil utilizando terrazas.

Pero en oriente no solo los chinos son grandes productores y consumidores de las diferentes variedades de té, también es popular y ceremonial en India, Japón, Ceilán (antes Sri Lanka), Taiwán, Nepal y Turquía. Más tarde llegaría a Europa, traído por los exploradores portugueses desde la India hacia el año 1600 de nuestra era y rápidamente cautivó los paladares del Viejo Continente, convirtiéndolo en un producto muy valorado dentro de su dieta.

De la lengua China provienen las dos denominaciones conocidas que tiene esta planta. La primera es la conocida y utilizada en los países occidentales, es decir té, y la segunda adoptada en los países de religión musulmana o árabes y que se pronuncia Cha. Las denominaciones del té provenientes de la China varían de acuerdo al dialecto de la región en que se bebe.

En torno a las propiedades de esta bebida existen numerosos estudios científicos que respaldan su valor nutricional, especialmente en el ámbito referido a la prevención de diferentes males gracias a sus componentes. Se dice que el té ayuda a combatir el sobrepeso, la presión arterial alta, es antiinflamatorio, entre muchos otros beneficios. Tal vez esas bondades son la razón de esa fama casi mística que proviene desde la antigüedad.

En Japón, por ejemplo, la ceremonia del té es una costumbre social muy extendida. Esta ceremonia tiene una estética muy particular que la diferencia de cualquier otro ritual y las primeras reglas a tener en cuenta en ella surgen por influencia de los guerreros Samurai. Un ejemplo más contemporáneo es el de Inglaterra, donde el té alcanzo su máxima popularidad y llego a ser consumido por todos los estratos de la sociedad aunque no es hasta principios del siglo XIX cuando se establece la costumbre de la hora del té (5 de la tarde, hora exacta) en Gran Bretaña.

En la mayoría de países asiáticos existe alguna leyenda tradicional que explica cómo se descubrió el té pero una de las más conocidas parte del budismo y cuenta que durante la meditación bajo el árbol Bodhi, Buda contempló los sufrimientos y graves problemas a los que se enfrenta el hombre en la vida: la tristeza, la soledad, la enfermedad, la vejez y la muerte. Ante estos pensamientos, el sabio y compasivo Siddharta dejó caer una lágrima de sus ojos. En el mismo lugar donde cayó su lágrima creció de la tierra el arbusto del té.

Las cuatro variedades más conocidas y populares del té: blanco, verde, rojo y negro, proceden de la misma especie, Camellia Sinensis. A continuación revisamos sus propiedades más saltantes:

Té Rojo: la gran virtud del té rojo es su capacidad para aumentar el metabolismo, lo que apunta a perder peso rápidamente, junto con la desintoxicación del cuerpo y mejora del ánimo. Sin embargo, no debe ser usado por embarazadas, niños y personas con tratamientos médicos prolongados debido a sus efectos sobre las reacciones químicas de las células.

Té Verde: El té verde es vasodilatador, lo que aumenta el estado de alerta cuando la mente está cansada. Esta variedad de té posee propiedades diuréticas y una alta concentración de flúor, lo que ayuda a conservar la salud dental.

Té Negro: este tipo de té es diurético, antioxidante y estimulante, casi como una taza de café.

Té Blanco: Su principal virtud es poseer mayor cantidad de antioxidantes que cualquier otro té, por lo que combate el envejecimiento de la piel, además de aumentar la concentración y favorecer la eliminación de grasas. Por esto, durante siglos fue el té reservado al emperador y sus visitas.

Entonces ya lo sabe, existen muchas más razones que el frio invernal para consumir una taza de esta rica y milenaria infusión y cuando llegue el verano, no decline su consumo, recuerde que también helado es exquisito y refrescante.

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