César Vallejo: Un verdadero orgullo nacional

César Vallejo El 16 de marzo de 1892 nació, en Santiago de Chuco (La Libertad), César Abraham Vallejo Mendoza, poeta peruano cuya obra es admirada y estudiada en el mundo entero por su profundidad y belleza humana. Vallejo fue docente y cronista, y padeció como pocos la indiferencia de un público que únicamente se dio cuenta de su trascendencia cuando dejó de existir, en la lejana ciudad de París. Sus poemas, sensibles y melancólicos, están escritos con el alma y son motivo de orgullo nacional. Este año se conmemoran 125 años de su nacimiento y múltiples instituciones culturales, artísticas y educativas preparan tributos a la emblemática figura de quien es considerado, por otros países, como “el poeta más universal después de Dante”.

La poesía de Vallejo, condensada en Los heraldos negros, Trilce (publicados en 1921 y 1922 respectivamente), Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz (ambos publicados póstumamente en 1939, un año después de su muerte); es una combinación de romanticismo y vanguardismo, que pone a prueba la capacidad de entendimiento de todo lector, la sensiblidad humana y las múltiples posibilidades de interpretar lo que los seres humanos comunes y corrientes conocemos como “tristeza”. Esas simas insondables de oscuridad a las que unos versos pueden conducirnos son las que precisamente definen como genial la pluma de este hijo de La Libertad.

Pero Vallejo, la persona, tal y como recuerdan diversos admiradores y estudiosos de su vida y obra, no era una persona triste. Era ocurrente, observador y muy alegre en sus círculos más cercanos. Esa dualidad, producto de su vida difícil, generó en él un permanente estado de creatividad, que se desbordó no solo en la poesía sino también en la prosa (como El tungsteno y Paco Yunque, de innegable corte social) contienen también mucho ingenio y crítica. La literatura peruana hasta entonces habia tenido una producción básicamente localista, aun en sus exponentes más cosmopolitas. Con Vallejo, el mundo se enteró que en el Perú también había escritores.

Vallejo murió de una enfermedad relacionada al paludismo, mientras ejercía la docencia en una universidad en la capital de Francia, país al que llegó en 1923, a los 31 años de edad. Dictaba la cátedra de Lengua y Literatura. Vallejo había huido del Perú, de la mediocridad del país en el que nació, agobiado por las deudas, la depresión y la necesidad de encontrar los ámbitos apropiados para que sus vuelos artísticos terminaran de florecer. Murió en París, como lo vaticinara en su famoso poema Piedra negra sobre una piedra blanca, pero no en jueves ni con aguacero. Era viernes, Viernes Santo para más señas. Y Vallejo, aunque sus apreturas económicas jamás lo abandonaron, había encontrado cierta estabilidad emocional junto a su amada Georgette.

Ciento veinticinco años después de su nacimiento, la poesía de César Vallejo está vigente en círculos literarios y aficionados a la buena lectura, pero languidece, entre el público en general, a causa de los medios de comunicación masiva, cuya avidez por lo comercial excluye en todos sus horarios la posibilidad de seguir cultivando su obra. Felizmente, su legado sigue vivo entre quienes amamos la literatura y, desde aquí instamos a los profesores a inculcar en sus alumnos el conocimiento y la admiración por César Vallejo. Es una tarea pendiente e imperativa de todos.

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One Response to César Vallejo: Un verdadero orgullo nacional

  1. Juanesteban dice:

    Sí es genial. Sin embargo me llama la atención el dolor y sufrimiento predominante de su obra en conjunto como si la vida en el planeta tierra fuera un castigo. Al revés, más bien es una maravilla o divina la vida terrenal con todas sus posibilidades y todavía en el Perú donde se come bien, Por ello me resisto a identificar a Vallejo como la expresión anímica del peruano norteño. ¿Vallejo expresa el alma peruana? Y, del cholo norteño todavía? No. Más bien el tipo norteño es risueño y pícaro como la música criolla de Fiesta Criolla de Avilés, Jiménes entreotros, claro que aquí en estos sones alegres no calsa la tristesa de Vallejo quien debió haber nacido en el sur, en Arequipa donde hay culto al Yaraví que sí es triste al cuadrado y casi enfermizo. Sí es genial pero hay que interpretar. ¿Qué le dirás como peruano cuando un extranjero te preguntara de por qué Vallejo es adolorido? ¿Qué responderemos? Pero de genial sí es genial.

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