Efemérides: 27 de enero, un día especial para la música clásica

música clásicaDicen que la música clásica es “el lenguaje universal” pero ¿de qué música estamos hablando en estos tiempos? ¿de la estridencia homogénea de lo que escuchamos en las radios, sean cumbias, reggaetones o música de discoteca? Quizás esta frase perteneció a otros tiempos, muy antiguos, en que las melodías eran capaces de transportar al oyente a mundos distintos, independientemente del idioma que hablaran. O que generaran emociones -no siempre placenteras o positivas, ya que muchos compositores de la llamada “música clásica” han escrito melodías que no necesariamente podríamos asociar a la paz o la tranquilidad, sino a la angustia y la tristeza, el miedo y hasta la locura. La música antigua, clásica, originó eso del “lenguaje universal” y esta descripción fue trasladada con los años a diversas manifestaciones musicales de corte popular, aun cuando géneros como los mencionados ya no califican tanto en el sentido de la frase pues necesitan ser escuchados en ciertos idiomas y contexto socioculturales para ser plenamente entendidas. Dos personajes fundamentales de la música clásica son recordados hoy, 27 de enero: Wolfgang Amadeus Mozart y Giuseppe Verdi.

En el siglo XVIII surgió un artista a quienes muchos expertos consideran “el más grande compositor de la historia”, el austriaco Wolfgang Amadeus Mozart, nacido un 27 de enero de 1756, en Salzburgo.

Desde niño dio muestras de su genialidad, pues comenzó a tocar el piano desde los 3 años y a los 6 ya componía sus primeras melodías en este instrumento. Cuentan sus biógrafos que el pequeño Mozart era capaz de tocar con sorprendente exactitud melodías completas con solo haberlas escuchado una vez, o que interpretaba complejos ejercicios de piano pero con los ojos vendados, o con el teclado cubierto, ante el asombro de los espectadores.

Mozart, primero de la mano de su padre, Leopoldo; y luego por sus propios medios, se convirtió en uno de los compositores más admirados debido a su creatividad y su naturaleza artística. Poseedor de una personalidad sumamente rebelde, destacó no solo por sus conciertos para piano, sus serenatas, sinfonías y óperas, sino también por su carácter libertino y aire descuidado, que generaba más de una molestia en las encopetadas cortes de la nobleza, a quienes dejaba atónitos con sus composiciones.

Tras abandonar Salzburgo, su ciudad natal, Wolfgang Amadeus Mozart se estableció en Viena, donde estrenó varias de sus más conocidas obras: la Sonata para piano No. 11 en La mayor, K. 331, cuyo último movimiento es la famosísima Marcha turca (1783), la Serenata No. 13 para cuerdas en Sol mayor, K. 525, más conocida como Una pequeña serenata nocturna (1787), o sus óperas Las bodas de Figaro (1786), Don Giovanni (1787) o La flauta mágica, que terminó el año de su muerte, en 1791, como su sobrecogedora Misa o Réquiem, una de las melodías más usadas hasta nuestros días para honras fúnebres.

El mismo día, 27 de enero, se recuerda el fallecimiento del compositor italiano Giuseppe Verdi, quizás el personaje más conocido y popular del mundo de la ópera, generalmente asociado a un público minoritario y hasta de élite. Sin embargo, este concepto “elitista” de la música clásica y la ópera es una creación de las culturas contemporánea, puesto que antaño estos artistas divertían a las altas clases pero su música era también disfrutada y apreciada por familias de sectores económicos mucho menos acomodados.

El género que más dominó Verdi fue, desde luego, la ópera, esta combinación de música y arte dramático en el que un elenco de cantantes, de diversos rangos vocales (tenores, barítonos, bajos entre los hombres; sopranos, mezzo sopranos entre las mujeres) representan una historia completa, generalmente dividida en actos. El tono de la ópera suele ser solemne, romántico y trágico, a diferencia de las operetas y zarzuelas, que son más festivas y ligeras. Verdi compuso más de 20 óperas, algunas de ellas basadas en obras de teatro escritas por William Shakespeare, el genial dramaturgo británico.

Entre sus títulos más reconocidos podemos mencionar: Nabucco (1842), Rigoletto (1851, que contiene la conocidísima aria La donna é mobile), La traviata (1853), Un baile de máscaras (1859), Aída (1871,una de las óperas más representadas en la actualidad, que narra la historia de Aída, una princesa etíope que es capturada y convertida en esclava en Egipto) y Otelo (1887, trágica historia basada en el drama shakespieriano Otelo, conocido como “el moro de Venecia”). En todas sus óperas, Verdi tiene como tema central el amor y sus consecuencias dramáticas, combinándolas con otros temas universales como la lealtad, la compasión, la traición y el perdón.

Tanto Mozart como Verdi viven hasta hoy entre nosotros, a través diversas manifestaciones. En el caso del primero, todos conocemos en la actualidad el llamado “Efecto Mozart“, una variante de la estimulación temprana musical, basada en la exposición a infantes e incluso a las madres gestantes, a diversas composiciones del artista salzburgués, sobre la base de resultados obtenidos en diversas investigaciones acerca de los efectos positivos registrados en los niños después de haber escuchado melodías de Mozart, seleccionadas por especialistas, tomando a estos dos grandes representantes de la música clásica.

Por su parte, las óperas de Verdi son puestas en los más importantes teatros del mundo entero, y sus arias más conocidas han sido utilizadas en comerciales, novelas, películas de cine y hasta ringtones para celulares de última generación. Tratándose de composiciones escritas hace más de 100 años, definitivamente podemos decir que representan plenamente aquella frase que describe a la música como un lenguaje universal, pues aun conmueven y emocionan a los oyentes sensibles.

Mas información de sobre música clásica en:

www.elnuevosiglo.com.co/articulos/8-2013-las-cercanias-entre-mozart-y-verdi.html

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