El arpa: Un instrumento que trasciende las fronteras

arpaCuando hablamos de instrumentos musicales transculturizados -es decir, que han sido adoptados de una cultura a otra- siempre pensamos en la guitarra, que fue traída por los españoles, que a su vez la adaptaron de los antiguos instrumentos romanos como la lira o árabes como el laúd. Sin embargo, hay un instrumento que, sin ser tan popular en términos masivos, tiene una fuerte vigencia tanto en la música clásica e instrumental contemporánea -hablamos de óperas, ballets, sinfonías, etc.- como en expresiones de nuestro folklore latinoamericano (Chile, Paraguay,Uruguay, México) y peruano (los conjuntos que acompañan a los Danzantes de Tijeras). Nos referimos al arpa, instrumento de cuerda que destaca por su delicado sonido y su elegante estructura. En esta nota te contamos su origen, principales características y usos más conocidos.

Dentro del universo de los instrumentos musicales, pocos han mantenido su naturaleza enigmática como el arpa. Aunque no es ajena a la modernidad ya que hoy se pueden encontrar todo tipo de variaciones (arpas dobles, múltiples, eléctricas, etc.), el concepto “arpa” sigue siendo asociado al de un objeto perteneciente a otra época, con acabados de extremada fineza. Estamos refiriéndonos por supuesto al arpa clásica, la que se utiliza en los ensambles sinfónicos ya sea como instrumento solista o como parte de la sección melódica, que aprovecha el sonido delicado que produce su sistema multicorde (47 cuerdas que cubren un rango de seis octavas y media) para crear atmósferas celestiales, capaces de transportar a sus oyentes a mundos mágicos o fantasiosos.

El origen del arpa clásica es esencialmente europeo y podemos ubicarlo en las eras medieval y renacentista, aunque ya se conocían ciertos rudimentos de arpas en sociedades ancestrales como Egipto o Persia, ciertamente sin las características que se hicieron conocidas posteriormente. El desarrollo histórico del arpa cubre extensos períodos de tiempo pero básicamente su estructura se ha mantenido a través de los siglos.

Lo que escuchamos hoy en las orquestas grandes (sinfónicas o filarmónicas) es una versión sumamente sofisticada del arpa clásica, con sistemas de pedales para la afinación y los materiales para las cuerdas siguen siendo los mismos, aunque la tecnología de su fabricación naturalmente ha mejorado. Desde los primeros estadios de su fabricación, las cuerdas del arpa se han hecho de tres materiales diferentes: metal o seda para las de registro más bajo (estas son las más largas ubicadas en la parte más ancha del marco), tripa -generalmente de oveja o vaca- en la sección media y nylon para las de registro más alto (las más pequeñas).

Una de los aspectos más interesantes de este instrumento es que también logró transculturizarse y adquirir una nueva personalidad en la música folklórica de países conquistados por el Imperio Español durante el siglo 16. Quizás los casos más emblemáticos sean los de Paraguay y Perú, ambos países con una ya larga tradición de uso del arpa, en una versión más rústica aunque igualmente rica en sonidos. En el caso de la tierra guaraní, el arpa es considerada instrumento nacional y hoy en día melodías como Pájaro campana (nombre original en guaraní Guyra Pu) o Recuerdos de Ypacaraí son universalmente conocidas.

En nuestro país hay una enorme diversidad de expresiones musicales que toman como instrumento base al arpa, con estilos y estructuras de interpretación diferentes según la región, como lo explica el músico y profesor peruano Claude Ferrier en una interesante página web llamada www.musicaperuana.com/arpa, en la que ofrece un estudio pormenorizado de las distintas formas de tocar el arpa que se han desarrollado en ciudades como Chiclayo, Cusco, Ayacucho y Huancayo. También es común ver y escuchar el arpa en los conjuntos musicales que acompañan a nuestros Danzantes de Tijeras.

A diferencia del arpa latinoamericana, que es tocada indistintamente por hombres o mujeres, en el mundo de la música clásica es casi una regla que las ejecutantes pertenezcan al género femenino. Aunque no se ha establecido necesariamente como tal, parece haber un consenso mundial a este respecto debido a la aparente delicadeza relacionada a su interpretación y a la elegancia del instrumento en sí, aspectos que en la música folklórica de nuestros países no son tan determinantes en realidad.

En ambas vertientes de la ejecución del arpa, el músico toca sentado (aunque en algunas regiones del Perú el arpista puede tocar de pie apoyando el instrumento en su cintura con un sistema de fajas), apoya la caja de resonancia sobre el piso y toca con los brazos extendidos hacia adelante usando las uñas de los dedos (o unas uñas de metal conocidas como pelcros) para facilitar la creación de arpegios y acompañamientos armónicos, en un estilo de interpretación conocido como “de araña”, por la forma que adoptan las manos al tocar. La distancia entre cuerdas (aproximadamente 2.55 centímetros entre cuerda y cuerda) es importantísima para este efecto. Otra característica de ayuda para el instrumentista es la posibilidad de identificar las notas de las cuerdas a través de códigos de color. Por ejemplo, las cuerdas rojas corresponden a la nota Do y las negras a Fa. Normalmente la escala de Fa es la que se utiliza para afinar el instrumento

Las primeras referencias de música escrita para el arpa (como solista o como parte del acompañamiento orquestal) las encontramos en algunas obras de compositores barrocos y clásicos como Haendel, Bach y Mozart. A nivel sinfónico, compositores como Berlioz o Liszt también la utilizaron extensamente. Es muy común escuchar el delicado sonido de un arpa en las partituras de ballet escritas por Tchaikovsky, por ejemplo, así como en oratorios y otras variedades de música sacra, solo por mencionar algunas. En el mundo del jazz fue notable el trabajo de Alice McLeod (más conocida como Alice Coltrane tras su matrimonio en 1965 con el genial saxofonista John Coltrane) quien dejó sendas grabaciones de jazz vanguardista en las que plasmó un interesante y novedoso uso del arpa.

En cualquiera de sus formas, clásica o folklórica, el arpa produce un sonido totalmente diferente al de los demás instrumentos de cuerda y aunque no goza de popularidad masiva, es inevitable distinguirla en el contexto de cualquier género musical que la utilice. Inclusive artistas de música moderna contemporánea como Sarah McLachlan, Enya, Björk o Loreena McKennitt han convertido al arpa en parte de su sonido etéreo y celestial. En el mundo del rock por ejemplo, The Beatles contrataron a la arpista Sheila Bromberg para su tema She’s leaving home (del álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de 1967) mientras que Brian May, guitarrista de la conocida banda inglesa Queen, la toca en la versión en estudio de Love of my life, canción lanzada en 1975 como parte de su álbum A night at the opera.

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