Enrique Zileri Gibson (1931-2014): El periodismo nacional de luto

Enrique ZileriEnrique Zileri, director histórico del semanario Caretas, falleció esta madrugada a los 83 años de edad. Irónico, locuaz, talentoso publicista y reportero, en su período como director periodístico de esta revista fundada por su madre, Doris Gibson Parra del Riego y Francisco “Paco” Igartúa Rovira, Caretas se convirtió en referente de analisis político y social gracias al estilo que don Enrique promovió, siempre con la espada desenvainada, poniendo en aprietos a las autoridades de turno. Destacadas plumas del periodismo peruano como César Hildebrandt, Pedro Salinas, Jaime Bedoya y Beto Ortiz, entre muchos otros, trabajaron bajo su dirección -cargo que compartió con Doris hasta la década de los 90s- y su carácter dejó marcada la pauta de cómo podía mantenerse la independencia y ejercer la crítica con elegancia y gran sentido del humor. Derrama Magisterial ofrece sus condolencias a los familiares, amigos, colaboradores y colegas, quienes sufren la pérdida de uno de los últimos representantes del periodismo inteligente.

Su madre, una mujer de personalidad muy fuerte, había fundado la revista en 1950 y Enrique, hijo único, tomó la dirección a mediados de esa época, en los intensos años del gobierno odriísta. Zileri, que venía de estudiar publicidad en Europa, hizo conocida a la revista Caretas -que se había iniciado como publicación mensual, pasó a ser quincenla y, finalmente, desde 1979, con su clásica aparición todos los jueves- gracias a sus portadas, fotos irreverentes y titulares directos de denuncia, a veces de manera burlona y otras, seria y descarnada.

Zileri asumió enteramente la dirección recién a mediados de los 90s, tras el retiro de su madre Doris, quien pasó a presidir el Directorio de Caretas. Uno de los aspectos más llamativos de este medio de comunicación es que, a pesar del paso de los años y los cambios a nivel de seguridad, siguió manteniendo su redacción en el clásico local en la Plaza Mayor de Lima, uno de los lugares a los que todo periodista joven quiso ingresar alguna vez.

Zileri siempre estuvo identificado con las luchas en defensa de la democracia y la libertad de prensa, entendida como la posibilidad de no ser censurado por nadie. Sin ser perfecta, ya que incluía elementos de la llamada “prensa chicha” en sus carátulas y montajes fotográficos, además de la inclusión entre sus páginas de imágenes no aptas para menores, en un absurdo intento de parecerse a otros medios foráneos que combinan información con otras cosas. la revista Caretas cuidaba la redacción de notas y columnas para conservar el estatus que él y su madre habían impuesto.

Su participación en el debate público comenzó a disminuir con la llegada del siglo 21 y don Enrique dejó la dirección periodística de Caretas a su hijo, Marco Zileri, que lamentablemente no heredó el talento de su padre y Caretas, aunque sigue siendo tomada como referente del periodismo de crónica e investigación política, básicamente por su historia, ha experimentado una merma en cuanto a su calidad y capacidad de influencia.

Enrique Zileri fue, además, presidente del Instituto Internacional de la Prensa, de 1988 a 1990, y presidente del Consejo de la Prensa Peruana. En el año 2010 recibió el grado de Doctor Honoris Causa de la Pontificia Universidad Católica del Perú. En su discurso para aceptar esta distinción dijo lo siguiente, respecto del ejercicio del periodismo:

“Añadiendo otra metáfora para describir lo que somos los periodistas, podríamos decir que también hacemos las veces de electricistas en el edificio de nuestra realidad nacional. Activamos una red cada vez más densa del tejido social. Y cuando se juega el sufragio, saltan chispas, chispas de discrepancia… que se espera sean de ingenio e inteligencia para que iluminen la esgrima política…pero que no lleguen al cortocircuito o al incendio. Los medios de comunicación somos parte de estos embates de convicción y pasión, y en nuestras páginas y ondas se concreta el compendio de especialistas que enriquecen el contenido. Se nos pide neutralidad, la que generalmente resulta hipotética, pero debemos hacer esfuerzos por acercarnos a ella. Sin embargo y sin claudicar de nuestra función fiscalizadora, de nuestras revelaciones estremecedoras o del filo de nuestras voces admitamos que la democracia requiere de ciertos cuidados basta ver lo que está sucediendo en el continente”.

 

 

 

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