Grandes Personajes de la Humanidad: Jacques Cousteau (1910-1997)

Jacques CousteauAsí como Carl Sagan nos hizo conocer el espacio exterior y sus misterios, el oceanógrafo y documentalista francés Jacques Cousteau nos llevó hasta el fondo del mar con sus interesantes investigaciones, plasmadas en más de 115 documentales -un trabajo de gran valor tanto científico como audiovisual- y contribuyó con su interés al desarrollo del buceo tanto profesional como recreativo, gracias a su invento, la escafandra automática, con independencia de cables y tubos de suministro de aire desde la superficie, que se ha impuesto hasta nuestros días, principalmente por la sencillez y fiabilidad de su mecanismo así como por su ligereza y facilidad de transporte durante las inmersiones. Asimismo, su pensamiento y trabajo fue fundamental para la creación de la conciencia de protección medio ambiental, enfocada en el ecosistema marino, que tan hondamente conocía. Cousteau fue pionero en las investigaciones y campañas mediáticas para proteger al mar de la contaminación, la depredación de sus fascinantes especies y para concientizar a un mundo industrializado cada vez más desinteresado en los asuntos de la naturaleza, de la necesidad, a un tiempo biológica e industrial, de cuidar el mar. Sus conceptos fueron fuente de inspiración para infinidad de ambientalistas que trabajan, tanto desde las ONGs como Greenpeace como en organismos internacionales -ONU, UNESCO- hasta ahora en sus postulados a favor de proteger la vida del mar. Cousteau permanece en la memoria de esa minoría que aun lee y piensa en cosas positivas. ¿Quieres conocerlo un poco más? Ingresa entonces a esta nota, extraída de la web El mundo.es:

Cousteau: Pionero de la exploración

El comandante Cousteau, como un siglo antes el también francés Julio Verne, se adelantó a su tiempo y convirtió en realidad uno de los viejos sueños del hombre: visitar el fondo del mar. El niño que había nacido en Burdeos en 1910 debió de pensar que la mejor forma de observar un pez es convertirse en pez, y empleó todas sus energías en desarrollar un equipo de buceo que arrinconase para siempre las viejas escafandras de hierro y los pesados trajes de pies de plomo. Con sólo 32 años, y ayudado por el ingeniero Émile Gagnan, Cousteau inventó el Aqua-lung, una escafandra autónoma que permitía a un hombre realizar inmersiones de hasta noventa metros sin ningún tipo de cable o tubo que le uniera a la superficie. Un auténtico pulmón acuático de dos horas de autonomía. “Con frecuencia, de noche, me había visto volar extendiendo los brazos como si fueran alas. Ahora volaba sin alas”, dijo después de la primera inmersión.

“Podíamos rozar el agua con la cara, revolvernos, propulsarnos hacia adelante con las aletas… Estemos en aguas profundas o en aguas someras, sentimos nuestro propio peso igual que los peces que serpentean a nuestro lado”.A este primer y fascinante invento siguieron otros, todos creados con la intención de estrechar los lazos de unión entre los hombres y los hasta entonces tenebrosos mundos marinos. El submarino normal, por ejemplo, le parecía grande y engorroso para el estudio de los arrecifes, por lo que diseñó un platillo de inmersión, capaz de moverse como un gato entre acantilados situados a 300 metros.

El mundo silencioso: Un libro revolucionario

“Hombre libre, siempre amarás la mar”. Cousteau hubiese firmado las palabras de Charles Baudelaire, pero prefirió escribir su propia obra maestra: El mundo silencioso. Nada más franquear la llamada “barrera entre dos mundos hostiles” y convertirse en un habitante del océano, el comandante coge la pluma y cuenta de manera directa y simple sus aventuras en compañía de ballenas, tiburones y pulpos. El libro narra la búsqueda de galeones hundidos, las exploraciones arriesgadísimas en las qué el, y su entonces inseparable compañero Fréderic Dumas, están a punto de perder la vida, y sensaciones tan extrañas como las llamadas “borracheras de las profundidades”.

El mundo silencioso es un libro fascinante que en la fecha de su publicación en España, junio de 1954, abrió las puertas de un planeta inexplorado. La obra se traduce a quince idiomas, y contribuye definitivamente a convertir al hombre rana en mito. Mucho más que un diario de a bordo en el que se relatan los primeros quince años de aventuras y descubrimientos, fue calificado como una de las crónicas más importantes del siglo XX. Inmediatamente después llegarían la televisión y los viajes a bordo del legendario Calypso.

Calypso: Un barco para la historia

“Fue ahí, entre las barcas y los acorazados del puerto de La Valette, en la isla de Malta, donde lo vi por primera vez. Me enamoré de el nada más verlo. Me acuerdo como si fuera ayer… ¡pero fue en 1950!”.

El viejo barco que Cousteau bautizó como Calypso, el nombre de la ninfa de La Odisea, se pudre desde hace un año en las aguas del puerto de Marsella. Se hundió en Singapur, pero fue remolcado para que permaneciese atracado lo más cerca posible de su patrón. El marino del bonete rojo quería repararlo y que volviese a navegar, para atiborrarlo una vez más de investigadores, hombres rana y equipos de buceo.

Los gerentes han dicho no. Piensan que es muy improbable que resulte rentable restaurar esa antigualla. No les importa nada que ese modesto dragaminas transformado en barco oceanográfico y estudio de cine, regalo de un mecenas llamado Thomas -Loël Guinness, hombre de negocios y parlamentario británico, sea una de las embarcaciones más populares en la historia de la navegación. Tiene cuarenta y dos metros de eslora, trescientas cincuenta toneladas de peso, doble casco de madera y doble tablazón. Y tantas historias que contar como el Pequod del capitan Ahab, los Ariel, Grampus y Jane de Arturo Gordon Pym o el Nautilus del capitán Nemo. La primer misión del Calypso, después de someterse a un duro trabajo de acondicionamiento, fue realizar un estudio en los corales del archipiélago de Farsan, en el mar Rojo. Casi media década después parece condenado a bajar el ancla en París y convertirse en museo.

El cineasta de las profundidades

En 1968 la popular National Geographic Society marcó un hito en la historia de la televisión al conseguir que uno de sus documentales fuese contemplado por treinta y cinco millones de personas. El programa, que tardó varias semanas en perder el liderato de audiencia, se titulaba Amazonas y estaba presentado, no podía ser de otra manera, por Jacques -Yves Cousteau. Se definió a sí mismo como “explorador y cineasta de televisión”.

Cousteau sigue vendiendo documentales y vídeos en todo el mundo. Su serie La odisea submarina del comandante Cousteau se ha convertido en la serie de divulgación más vendida del planeta. Sus enemigos dicen que para grabar esas imágenes “no dudó en torturar animales, ensuciar las playas y fingir todo tipo de acciones irreales en la propia naturaleza”.

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