José María Arguedas (1911-1969): Recordando al Amauta

Un 18 de enero, hace exactamente 109 años, nació en Andahuaylas José María Arguedas, probablemente el escritor más importante de la literatura provinciana en términos de rescate de ese orgullo serrano que hoy la oficialidad exhibe como símbolo de peruanidad pero que, en sus tiempos, era fuente de marginación y maltrato. Arguedas fue ignorado por las elites literarias capitalinas de su época pero, con el paso de las décadas, quedó claro que su trabajo tenía una profundidad y un valor capaz de modificar el modo de entender y sentir nuestra peruanidad. Hoy lo recordamos como lo que siempre fue: extraordinario escritor, gran maestro y serio investigador de las múltiples idiosincrasias que conforman nuestra identidad nacional.

 

Este año se cumplen 109 años del nacimiento del escritor indigenista peruano más representativo y admirado por quienes gustan de la lectura, José María Arguedas. Su nombre es sinónimo de identidad nacional, folklore, mestizaje. Esa noción de que el Perú es (o debería ser) un país de "todas las sangres" está inspirada en el título de una de sus emblemáticas novelas. Su nombre ha sido utilizado para bautizar a una importante escuela nacional de folklore en la que se cultivan, a contramano de las modas y la música popular, nuestra música y danza entre jóvenes. Es nuestra tarea, como maestros de aula, evitar que las nuevas generaciones sobreestimuladas por los medios de comunicación se olviden de Arguedas. Hablemos de él en clase. Lo merece.

José María Arguedas vivió intensamente el hecho de ser peruano. Queda claro cuando uno revisa sus textos, sea que hablemos de su producción literaria o antropológica, en la que desarrolla sus profundos conocimientos acerca de nuestro folklore, idiosincrasia y problemática relacionada a ser andino en una ciudad -Lima- dominada por el racismo y la discriminación. Su amistad con músicos, artesanos, pintores, danzantes de tijeras y colegas escritores se definía por el compromiso que cada uno demostraba por el cultivo, protección y difusión de lo peruano.

Su vida creativa estuvo marcada por su vida personal, que a su vez fue un cúmulo de infortunios y pruebas difíciles como la de padecer el abuso de su hermano mayor y el sentirse extraño en su propia casa, donde su madre lo confinaba a la interacción con el personal de servicio, sus verdaderas maestras de quechua y costumbres, una de las primeras fuentes de su profunda depresión. La forma en la que acabó con su vida fue, por supuesto, el resumen de esa constante tragedia, a pesar de que ya diversos círculos intelectuales le habían perdido el miedo a reconocer su talento para el manejo de la palabra escrita. Nacido en Andahuaylas un 18 de enero -día del aniversario de Lima- falleció el 2 de diciembre de 1969, cuatro días después de haberse disparado en un aula de la universidad Nacional Agraria La Molina. Tres años antes había intentado suicidarse con sobredosis de pastillas, sin éxito. Al momento de su muerte tenía 58 años.

Todo estudiante peruano está en la obligación de leer a Arguedas, como a Vallejo y Valdelomar, como a Ribeyro y Alegría. También todo maestro debe hacerlo. Y no solo por la calidad literaria de sus textos o por la profunda visión nacionalista que los embarga, sino porque además de antropólogo y literato, Arguedas fue también docente de aula, preocupado por estimular en los niños y jóvenes el conocimiento, respeto y cariño por lo propio.

Actualmente internet y las redes sociales son inevitables para entender el mundo, algo que solo era posible antes a través de los libros. Pero así como antaño uno podía formarse una opinión incompleta de las cosas basándose solo en libros -había que escuchar también a los padres, a los abuelos, a los maestros- hoy no es posible cerrarse a lo que dicen las plataformas virtuales, también hace falta nutrirse primero de esos saberes desarrollados antes de nosotros, para no convertirnos en simples repetidores de campañas publicitarias y adoradores de ídolos de barro, ese colorido barro que a veces esparcen los medios de comunicación masiva y las computadoras.

Por eso es importante leer a Arguedas. Ya sea en versión impresa o en pantalla. Suelta el Facebook y sus indicadores numéricos y lee Los ríos profundos (1958), Yawar Fiesta (1941), Todas las sangres (1964). O la extraordinaria selección de ensayos pedagógicos que, para el Fondo Editorial de Derrama Magisterial, recopilara el historiador Wilfredo Kapsoli, titulada Nosotros los maestros (2013). No te arrepentirás ¿o sí?

 

(Visited 1 times, 1 visits today)

One Response to José María Arguedas (1911-1969): Recordando al Amauta

  1. Rocio Ortega Berrospi dice:

    Muy interesante es rescatar como docentes e inculcar en nuestros estudiantes el amor a nuestra patria.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *