Kipchoge Keino: El deportista que cree en la educación

Kipchoge Keino: El deportista que cree en la educaciónLos XXXI Juegos Olímpicos de Río de janeiro (Brasil) comenzaron el pasado viernes, con una ceremonia de inauguración fantástica, llena de música, alegría y mensajes positivos. Esta fiesta deportiva siempre ha tenido una fuerte carga simbólica de unidad y respeto hacia las diferencias. El desfile de las delegaciones es un muestrario de razas, costumbres y formas de ser -los caribeños bailando al ritmo de la samba, los japoneses saludan con gesto adusto, los polinesios muestran sus atuendos coloridos, los peruanos vestidos de chalanes y bailarinas de marinera- con elegancia y una sensación de hermandad y tolerancia que resulta más necesaria que nunca en estos tiempos de violencia globalizada: la situación de los refugiados e inmigrantes europeos, la inseguridad ciudadana en nuestra capital, la convulsión política por la que atraviesa el país organizador. Además de esta simbología de integración mundial y juego limpio, habitual en cada Olimpiada, se agregó el claro concepto medioambientalista de la espectacular puesta en escena que el Comité Organizador preparó para la inauguración, la cual finalizó con el tradicional encendido del fuego olímpico que arderá, como el sol, hasta el 21 de agosto. Pero lo que más llamó la atención fue el testimonio de un atleta africano, que recibió el primer Premio Honorífico Laureles Olímpicos, que fue para muchos lo más emocionante de la ceremonia, y que tiene que ver con la educación.

“Únanse a mí para apoyar a toda la juventud de este mundo para que tengan lo básico de la humanidad: comida, abrigo y educación. La educación no solo empodera a nuestra juventud para que se conviertan en mejores ciudadanos y líderes del futuro, también los ayudará a realizar cambios positivos y a hacer una poderosa diferencia en sus vidas”. Con estas palabras, el atleta africano Kipchoge Keino cerró su discurso de agradecimiento tras ser elegido como el galardonado con el premio Laureles Olímpicos que otorga, por primera vez en estos Juegos Olímpicos de Río, el Comité Olímpico Internacional, para condecorar a los deportistas que han realizado contribuciones valiosas a la sociedad, al mundo.

Este hombre, actualmente de 76 años de edad, que para el promedio de nosotros es un ilustre desconocido, alcanzó la mayor gloria deportiva en los Juegos Olímpicos de México, hace exactamente 48 años, cuando ganó la Medalla de Oro en la competencia de 1,500 metros, una carrera de resistencia física que se encuentra entre las más difíciles del atletismo. En aquella ocasión, Keino tenía 28 años y pocas posibilidades de ganar, según él mismo cuenta: “Me dijeron que no podría competir en ninguna carrera porque me diagnosticaron cálculos biliares. Pero yo era el capitán de mi equipo (Kenia) y no podía abandonar”. Gracias a su gran preparación mental y física, Keino ganó. Cuatro años después, en los Juegos Olímpicos de Munich (Alemania), obtuvo la Medalla de Plata en la misma prueba, pero se hizo de la Medalla de Oro en la carrera de 3,000 metros, aun más exigente.

Kip Keino, como lo conocen los admiradores del atletismo a nivel mundial, también se hizo grande fuera de los estadios y las competencias de pantalón corto. Ya retirado de la actividad deportiva inició un trabajo muy loable para dar techo, comida y educación a niños huérfanos, para quienes creó las escuelas Primaria y Secundaria en Eldoret, una localidad ubicada al oeste de Kenia, uno de los países más pobres del continente negro. Su labor ha sido muy importante para la comunidad de su país, al punto que ha recibido múltiples menciones y condecoraciones en los últimos años. El estadio de Eldoret fue bautizado con su nombre, a manera de homenaje. Y ahora recibió una multitudinaria ovación en el Estadio Maracaná del Brasil, al ser nombrado el primer atleta en recibir este premio honorífico, por los servicios prestados a la comunidad.

“La educación es un arma que no causa destrucción”, dice Keino en un vídeo producido especialmente para la ceremonia de su premiación. “Por el contrario, es creadora de paz. Sé que venimos a esta mundo sin nada y que nos iremos sin nada. Si podemos hacer algo por nuestros niños, por la humanidad, eso será lo más importante que hayamos dejado”. Sabias palabras de un deportista que, con humildad y esfuerzo, ganó el máximo reconocimiento en el mundo del deporte y alcanzó la gloria humana demostrando desprendimiento y compromiso con la educación de las futuras generaciones.

¿No es un buen ejemplo a seguir?

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