La historia de los tatuajes: Significados pasados y actuales

historia de los tatuajesLos tatuajes se han convertido en una expresión artística, con personas que prácticamente usan sus cuerpos como si se tratara de lienzos sobre los cuales se despliegan colores, personajes fantásticos, nombres en letras góticas, símbolos religiosos y paganos, códigos y demás imaginería diseñada por expertos dibujantes que luego trasladan, con modernos y, por lo general, asépticos procedimientos a la piel con destreza y habilidad. Músicos de rock, actores/actrices de cine, modelos, personajes de farándulas diversas (incluida la local) y jugadores de fútbol exhiben tatuajes por cantidad. En cuanto a los futbolistas, esta práctica se ha extendido tanto que ya resulta imposible encontrar a uno -sea en el intrascendente campeonato local o en los torneos de clubes y selecciones de élite- que tenga los brazos limpios. Antiguamente, en sociedades del Asia-Pacífico y el África, los tatuajes eran símbolo de estatus social y/o religioso; y posteriormente -en especial tras la Segunda Guerra Mundial, en que los nazis marcaban con tatuajes a los judíos- su significado se asoció más a la carcelería, primero; y a la pertenencia a mafias y pandillas delincuenciales, después; generando toda una subcultura que se mantiene hasta el día de hoy. Tatuarse es una decisión personal que no está exenta de riesgos por lo que es necesario ofrecer toda la información necesaria, en especial a los jóvenes a quienes les atrae esta moda que también lleva implícitos significados modernos de agresividad, rebeldía, valentía y hasta estatus socioeconómico (hacerse un tatuaje complejo puede ser muy costoso). Sin embargo ciertos sectores de la sociedad aun ve con malos ojos el acto de tatuarse la piel, en especial por temas de salud y presentación personal. Veamos aquí la historia del tatuaje.

La evolución del tatuaje tiene miles de años, pues existe prácticamente desde la era neolítica según hallazgos de restos momificados de personas que exhiben marcas en la epidermis, rudimentos de lo que hoy conocemos mundialmente como tatuajes.

La palabra “tatuaje” -de la cual deriva el verbo “tatuar” y el adjetivo “tatuado”- tiene su origen primigenio en la lengua de Samoa Occidental, país del Pacífico Sur ubicado en el continente Oceanía, relacionado históricamente a la formación de las tribus maoríes que poblaron esa zona del mundo, que también habitaron territorios de la Polinesia, Australia y Nueva Zelanda. “Tautau” es el término en idioma samoano usado para denominar estas pinturas corporales y es la base para los términos francés “tautage” e inglés “tattoo” que finalmente fueron castellanizados y aceptados en nuestro diccionario como “tatuaje”.

Precisamente es en Polinesia donde se ubican los primeros tatuajes, especialmente en los hombres de las tribus maorí y moko que se grababan el 80% del cuerpo, de la cabeza a los pies, con motivos que determinaban su rango social, militar y hasta económico. En Egipto eran las mujeres quienes más se tatuaban la piel, y le conferían propiedades mágicas, de protección y sensualidad. Incluso hay vestigios en el Perú precolombino (año 2000 antes de Cristo, en la cultura Chinchorro, entre el sur de Perú y el norte de Chile) en que se habrían visto tatuajes en forma de bigote sobre el labio superior de algunas momias.

Sin embargo la tradición de tatuarse amplias secciones del cuerpo es original de estas culturas oceánicas -Polinesia, Nueva Zelanda) e incluso en el Japón, China y otros países del Lejano Oriente. Actualmente en Myanmar (anteriormente llamada Birmania), país del sudeste asiático, se conservan los tatuajes en el rostro de mujeres en algunas aldeas alejadas, a pesar de la prohibición del gobierno sobre esta práctica ancestral. En países como Irán o Israel, que profesan religiones antagónicas como el islamismo y el judaísmo, tatuarse la piel está prohibido. Esto es en cuanto el discurso oficial ya que, como es fácil deducir, las personas con la intención de someterse a esta práctica lo hace por encima de creencias o disposiciones gubernamentales o religiosas.

El tatuaje llegó a Occidente durante los siglos 18 y 19 y fueron adquiriendo diversos significados e intenciones, hasta la actualidad en que son considerados una expresión artística -el tatuador ha desarrollado técnicas, productos e instrumentos que le permiten desplegar diversos niveles de creatividad; mientras que el tatuado(a) llega a extremos hasta convertir su cuerpo en una exhibición de formas, colores y significados que parecen no tener límites. Sin embargo la connotación negativa acompaña permanentemente al acto de tatuarse, por múltiples razones ligadas a hechos históricos y sociales, pero también a prejuicios y mitos.

Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis extendieron la aplicación de tatuajes en los brazos de sus prisioneros judíos, colocándoles números para “identificarlos”. Este uso humillante del tatuaje se trasladó a las cárceles e incluso a las fuerzas navales. Hasta hoy es común ver un código de tatuajes en el ámbito carcelario, según el cual podemos saber cuáles fueron los crímenes cometidos (asesinatos, robos, violaciones), cuántas veces han ingresado a prisión, entre otros. Y en cuanto a los marineros es una imagen clásica la del tatuaje en forma de ancla en el brazo o el nombre de la mujer amada en el pecho.

Este último caso, el de tatuarse una imagen o nombre en homenaje a la pareja -que puede ser un romance de ocasión o de naturaleza permanente- es también una muestra de afecto muy recurrente en tiempos modernos. Al parecer, la asociación de ideas entre el dolor físico involucrado en el acto de tatuarse y la pasión amorosa tiene un efecto muy poderoso. La persona -generalmente una mujer- se siente homenajeada porque el hombre se someta a este sacrificio en señal de sus profundos sentimientos. Sin embargo, el carácter volátil, cambiante o inestable de ciertas relaciones terminan contraponiéndose al tatuaje, que permanece en la piel del tatuado aun cuando ya la relación que motivó dicho tatuaje se haya terminado.

El crimen organizado también introdujo los tatuajes a su subcultura, con varios casos de integrantes de mafias italianas, rusas y japonesas que identifican a sus integrantes a través de marcas en la piel. Esta conexión con lo mafioso es la que se extiende a las pandillas delincuenciales -como los Maras Salvatruchas en Centroamérica o los “marcas” y “cárteles” de Perú o Colombia- que, a su vez, trasladan este lenguaje corporal a expresiones artísticas populares que tienen entre sus características el ser “malos”, “peligrosos”, “callejeros”, por ejemplo los exponentes del hip-hop norteamericano, el reggaetón de Puerto Rico, República Dominicana o Cuba y, en versión más local, los “artistas” de la farándula limeña, carente de talento pero orgullosa de mostrar sus nexos amicales con delincuentes “rankeados”, como una muestra de poder y peligrosidad, tratando de inspirar respeto. Todos ellos usan, por definición, tatuajes para mostrar que son “temibles, bravos, violentos”, capaces de cualquier cosa si alguien osa criticarlos o mirarlos mal.

En tiempos posmodernos, el tatuaje se ha convertido en una moda muy popular entre segmentos de público con gustos extremos, bizarros, asociados al riesgo y la rebeldía. Es muy común actualmente en campos como géneros musicales agresivos, confrontacionales (rock, punk, heavy metal en sus diversas variantes), así como en actores de películas de acción, deportes de aventura y hasta futbolistas -famosos y no tan famosos- que exhiben enormes cantidades de tatuajes en el cuerpo (básicamente en los brazos pero también en otas zonas corporales comoe l tórax, la nuca, detrás de las orejas). Hay un fuerte componente de trasgresión y rebeldía frente a lo convencional que se expresa en esto de tatuarse. A pesar de su origen ceremonial ancestral hoy es casi un consenso -por lo menos en Occidente- pensar en el tatuaje como símbolo con significados negativos.

Otro aspecto interesante de esta subcultura de los tatuajes es los riesgos de salud que involucra. Aun cuando actualmente hay ciertos centros de elaboración de tatuajes -los más costosos, por cierto- que cuentan con instrumental, pigmentos y agujas esterilizadas, de uso individual y aséptico; la mayor parte de estos establecimientos no tiene todas las medidas de salubridad aseguradas y el riesgo de contraer infecciones a la sangre o enfermedades como la hepatitis y hasta el VIH es muy alto. Incluso se sabe desde hace mucho tiempo que una persona tatuada tiene menores posibilidades de ser aceptada como donante de sangre, a pesar de que hay instituciones como el Ministerio de Salud, a través de su Programa Nacional de Hemoterapia y Banco de Sangre, que asegura que se trataría de “un mito”, aunque después aclara que depende mucho de dónde se haya practicado el tatuaje, si contó o no con las condiciones necesarias.

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One Response to La historia de los tatuajes: Significados pasados y actuales

  1. Muy interesante toda la información, a mi me interesa desde hace tiempo conocer la historia del tatuaje y he leído mucho sobre el tema. Es alucinante como ha ido de la mano de la historia de la humanidad. Los tatuajes maories son una pasada, por ejemplo, conservan la esencia de los primeros tatuajes y son el origen del tatuaje actual que ha evolucionado muchísimo.

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