Música para todos los gustos en Lima: Yngwie Malmsteen y Pedro Guerra

Yngwie Malmsteen y Pedro GuerraEsta semana, Lima recibió la visita de dos artistas consagrados que, debido a los estilos musicales que desarrollan, no gozan del reconocimiento masivo ni popular -en términos de lo que el promedio de personas considera “ser conocido”- pero que sí han formado una base fiel de seguidores que aprecian sus carreras y discografías, convirtiéndose, cada uno a su modo, en artistas “de culto”. Desde Tenerife, una de las Islas Canarias en España, vino Pedro Guerra, un cantautor que se ubica en lo que algunos aun llaman Nueva Trova; mientras que, desde la nórdica ciudad de Estocolmo, capital de Suecia, llegó Yngwie Malmsteen, considerado por conocedores como el guitarrista de heavy metal más rápido de todos los tiempos. Ambos poseen el don de la originalidad y se han mantenido vigentes a pesar de que sus carreras ya tienen más de treinta años. Ambos han dado la vuelta al mundo con sus particulares formas de ejercer el oficio de músico y han recibido aplausos de millones de personas a lo largo del tiempo. Ambos son absolutamente desconocidos en el Perú, salvo por pequeños grupos que han formado profundo gusto musical a pesar de que en las escuelas no existe ningún curso o programa de estudios que prepare a las juventudes para apreciar la amplia gama de opciones estilísticas que existen. Quizás ahora, que se apoyará el retorno de la educación musical en las escuelas, esto comience a cambiar.

Uno de los anuncios presidenciales que más han llamado la atención a educadores y analistas es la recuperación de la educación musical en las escuelas, puesto que son ya más de tres décadas en que esta disciplina artística, que es además fuente de aprendizajes múltiples de todo tipo, ha sido dejada de lado por el sistema educativo, que -en caso de los emprendimientos aislados de colegios emblemáticos o instituciones educativas privadas- se restringe a la formación de bandas (similares a las farandolas o bandas de guerra) u orquestas sinfónicas, con resultados desiguales de acuerdo a los presupuestos de los cuales disponen unos y otros.

Hacer de la enseñanza musical una política de Estado en materia educativa es importante porque, entre sus diversos efectos, ayuda a refinar y formar la apreciación musical de aquellos alumnos que no se conviertan en intérpretes o compositores, hoy tan venida a menos por la reducida oferta de los medios radiales, que han llevado al extremo el temor por lo diferente que siempre los ha limitado al momento de decidir qué tipos de música difundir: entre lo que asegure una aceptación masiva y lo que exija un nivel más agudo de apreciación, siempre escogerán lo primero.

Sin embargo, desde la aparición de géneros musicales poco amigables para los programadores de radio convencionales, como el rock, la trova o el heavy metal, los artistas se las han arreglado siempre para que su elaborada música llegue a tocar la sensibilidad de muchos oyentes, formando legiones de admiradores que, al margen de las modas masivas, desarrollan sus oídos y, sin ser necesariamente músicos, reconocen en ellos el talento, la destreza y la conexión con aquellas expresiones musicales de la antigüedad que dieron forma a lo que ahora conocemos como música clásica.

Otro tanto ocurre con nuestro folklore que está ausente de las radios -salvo durante los meses de junio y julio, por el Día del Campesino y Fiestas Patrias, respectivamente- aunque en años recientes esto ha mejorado ligeramente, sobre todo por campañas mediáticas que buscan recuperar el orgullo y la identidad para fines comerciales o posicionamiento de marcas.

En ese sentido, la regular asistencia, en Lima, a los conciertos de Yngwie Malmsteen (Suecia) y Pedro Guerra (España) -ambos se realizaron el mismo día, martes 23 de agosto- es una muestra (más) de esos públicos que, sin entrenamiento musical escolar, desarrollaron gustos por fuera -por influencia de sus padres, hermanos, o en la universidad- y obtienen satisfacción de géneros musicales diversos, logrando sacarle el máximo provecho, desde el aprendizaje de idiomas hasta referencias a historias de la música clásica, del arte pop o de otras manifestaciones como la literatura y el arte plástico. Lo que para la mayoría puede resultar aburrido o ruidoso, para quienes pueden apreciarlo es belleza pura.

Yngwie Malmsteen y Pedro Guerra son contemporáneos. Nacieron en 1963 y 1966, respectivamente. El primero, influenciado por la música de Nicolo Paganini y Antonio Vivaldi. El segundo, por la poesía del Siglo de Oro español, la literatura universal y los versos musicalizados de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina. Malmsteen es capaz de tocar una enorme variedad de guitarras eléctricas y acústicas, a velocidades sobrehumanas, haciendo malabares y a volúmenes que ponen a prueba la máxima tolerancia. Guerra, en oposición a su apellido, crea atmósferas plácidas y pacíficas con letras que van de lo romántico a lo social, y hace simpáticos y complejos acordes de guitarra acústica que a veces suenan a música flamenca y otras, a bossa nova. El sueco es “metalero”, el español, “trovador”.

La apreciación musical es también un talento, porque exige no solo de sensibilidad hacia lo que se está escuchando sino una toma de actitud, un análisis, una decisión frente a lo que capta la atención y lo que no. A diferencia de lo que se escucha normalmente en las radios, estos estilos “no comerciales” de música requieren de cierta preparación. Como la que se requiere para leer un libro, ver una película que no sea de ciencia ficción o reír a carcajadas con humoristas que hablan en un idioma que no es el nuestro. Y también es una llave que abre múltiples puertas para las mentes predispuestas: la idiosincrasia de países lejanos, la relación que pueden tener con nuestro propio folklore.

Esa capacidad, si está formada desde las aulas, asegura una generación de estudiantes con mentes más abiertas y conocimientos más amplios. Por ello es bueno que, al lado de conciertos más populares y de aceptación inmediata, se produzcan esta clase de espectáculos, pues existe música para todos los gustos. El ideal es que esos gustos sean cada vez más el resultado de la exposición a varias opciones y no la aceptación de una sola cosa que nos es mostrada desde fuera.

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