¿Qué es “cultura de seguridad social”?

cultura de seguridad socialCuando buscamos en internet -en Google, por supuesto- el término “cultura de seguridad social”, aparecen ante nosotros temas relacionados a la seguridad social estatal (EsSalud en el caso de la peruana), a las AFP y diversos sistemas de jubilación, pensiones, atención médica, seguros, etc. Suele ser información de la prensa, artículos de especialistas o análisis técnicos en donde abundan palabras como “cobertura”, “vejez”, “protección social”, etc., y que por lo general crean la sensación de que se trata de un tema exclusivamente ligado a la política y la economía de un país, tanto en términos administrativos como en aspectos de operatividad y, por ende, lo sentimos como lejano, complicado y poco relacionado a nuestra vida concreta. Y efectivamente, todo ello es solo un aspecto de la cultura de seguridad social. Pero existe otro, más cercano a lo cotidiano y sobre el que, paradójicamente, no existe (o existe poca) información disponible. Desde Derrama Magisterial, y como parte de nuestro objetivo institucional de contribuir a la generación de una cultura de seguridad social que vaya más allá de los tecnicismos y políticas de Estado sobre la seguridad social, les ofrecemos un breve recorrido por aquellas cuestiones que, sin mencionarlo, también tienen que ver directamente con la cultura de seguridad social.

La previsión y seguridad social existe prácticamente desde que el trabajo se estableció como una actividad formal, algo que ocurrió en la segunda mitad del siglo 19, durante la Revolución Industrial. Sin entrar en detalles históricos, fue en ese momento que las nacientes industrias se enfrentaron a problemas como qué hacer con sus trabajadores cuando envejecían, enfermaban o quedaban inválidos por accidente laboral.

Asimismo, desde la incorporación de la mujer a la dinámica del trabajo asalariado -un asunto que se concretó después de la Segunda Guerra Mundial- surgieron cuestiones acerca del trabajo de la mujer embarazada, su situación durante el embarazo y después del mismo. Todos estos asuntos motivaron la creación de los distintos sistemas de seguridad y previsión social que hoy conocemos, y que a pesar de los cambios y adecuaciones a adelantos tecnológicos, teorías de derecho laboral y otras cosas, mantienen sus principales premisas y objetivos.

Sin embargo, un tema que también surgió en esa misma época, aunque de carácter más subjetivo, fue aquello que ahora se rotula como “calidad de vida“, entendido como el bienestar y la satisfacción que uno tiene con respecto a su propio desarrollo personal, familiar, laboral y profesional, como el cumplimiento de metas y objetivos, sueños y aspiraciones para vivir mejor, mantener un buen trabajo, una buena salud. En suma, tener futuro y que este futuro sea lo mejor posible, tanto individualmente como para nuestra descendencia. La búsqueda de seguridad -económica, médica, ciudadana- es transversal a la historia de las ciudades e industrias modernas.

Por consiguiente, cuando hablamos de seguridad y previsión social no solo estamos hablando de los aspectos objetivos, formales y administrativos, que involucran a las políticas del Estado y la empresa privada, regíemenes, leyes, etcétera. También hablamos de nuestra propia existencia y de qué decisiones tomamos para que sea una existencia saludable, próspera, satisfactoria y placentera. Y hay temas vinculados a nuestra vida cotidiana cuyos niveles de subjetividad hacen difícil que los relacionemos con un concepto como “cultura previsional”, más asociado a cuestiones gubernamentales y empresariales, como las que definimos líneas arriba. Veamos, de manera breve y coloquial, algunos de esos temas:

Cultura de Ahorro: Desde que el hombre comenzó a trabajar y apareció el dinero, las industrias y el consumo; la vida y las preocupaciones cambiaron drásticamente, estableciéndose un esquema de acumulación y gasto que hoy es visto como normal, pero que no existía en otros tiempos. El ahorro, esto es el guardar una porción de nuestros ingresos para tener una reserva que permita afrontar momentos difíciles, accidentes, o concretar proyectos, como por ejemplo una compra grande, un viaje, un estudio, entre otros; debe ser estimulado desde la niñez, para que la noción del valor y la importancia de ser precavidos se instale en el comportamiento del infante. Hablamos, desde luego, del ahorro voluntario que uno realiza. Actualmente también existe el ahorro obligatorio, impuesto por el sistema laboral. A este tipo de ahorro pertenece, por ejemplo, las CTS y los aportes a las AFP, ambos intangibles (en el caso de la CTS, esa intangibilidad es parcial). Cuando hablamos de incentivar el ahorro voluntario y responsable, estamos hablando de previsión social, aunque no mencionemos ese término de manera directa.

Salud preventiva: Prevenir es mejor que lamentar, dice un viejo y conocido refrán. Y su origen está relacionado al cuidado de la salud y la integridad física, a través de medidas que eviten o por lo menos, minimicen, el riesgo de sufrir accidentes y contraer enfermedades. En ese sentido, una cultura de previsión y seguridad social amplia también admite recomendaciones, consejos, secretos de la abuela y toda la información posible que nos permita vivir con buena salud: higiene y aseo personal, salubridad en los objetos que nos llevamos a la boca, cuidado en el consumo de comida enlatada, rápida,o la famosa “comida chatarra”, hábitos para protegernos de los rayos solares, el colesterol en la sangre, educación sobre salud mental, educación sexual, etc. Todo esto contribuye a que nuestra vida sea mejor, y por consiguiente ingresan en el campo de la seguridad social ya que una sociedad saludable aumenta sus expectativas de vida y su capacidad de productividad, ya sea desde trabajos remunerados o desde una jubilación digna, sin padecimientos extremos que luego se traducen en falta de cobertura de servicios médicos.

Satisfacción personal y profesional: La buena administración de nuestro tiempo, el no vivir esclavizado al trabajo o el estudio, la generación de espacios que nos permitan disfrutar de la vida en familia, cultivas hobbies y actividades positivas, tener tiempo libre para leer, escuchar música, evitar que los contenidos tóxicos de ciertos programas de televisión invadan nuestras vidas y formas de pensar, todo esto contribuye a la mejora de nuestra calidad de vida, salud emocional y como tal, se inserta en la formación de una cultura de seguridad social integral. Asimismo, la capacitación y superación permanente son alicientes para un mejor estado de ánimo que a su vez, nos permitirá optar por mejores condiciones laborales, para que nuestro nivel de vida mejore, tanto en lo económico como en lo personal. Así, con una visión clara de cómo administrar nuestros gastos, sin caer en el despilfarro y cómo generar equilibrio entre nuestros intereses emocionales con las expectativas que tengamos relacionadas con el éxito y la superación, tendremos una idea de cuán satisfechos estamos con nuestra vida.

Cada uno de estos temas es, por sí mismo, fuente inagotable de información que, debidamente procesada nos ofrece un amplio abanico de temas que deben estar incluidos en la cultura de seguridad social como elementos que la constituyen, tanto como disciplina social, política y económica; como forma de ver y vivir la vida. Esta nueva manera de ver la cultura de seguridad social debe complementar los análisis técnicos e informaciones concretas que a diario distribuyen entidades como la OIT, los ministerios de trabajo, salud, y todas las demás instituciones públicas y privadas dedicadas al rubro. Y Derrama Magisterial lidera ese empeño informativo, como parte de su compromiso y ligazón estrecha con la comunidad docente. A seguir trabajando en ello.

(Visited 45 times, 1 visits today)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>