Reflexiones Magisteriales: Fin de semana de reflexión, no de diversión

Reflexiones Magisteriales: Fin de semana de reflexión, no de diversión¿Ustedes se imaginan planificando un viaje, un campamento, una fiesta o un brindis que llegue "hasta las últimas consecuencias" cada vez que se cumpla un año de la muerte de su padre, su madre, su hermano o su hijo? Imposible, ¿verdad? Nuestra sociedad, formada en las tradiciones judeo-cristianas, predica que Jesús, Hijo de Dios, es parte de nuestra familia. Y cada Semana Santa los centros comerciales anuncian ofertas en comidas y tragos para los campamentos de "fin-de-semana-largo", las agencias de viajes invierten millones en publicidad con un mes de anticipación y los reportajes del próximo domingo nos contarán los desmanes de quienes salieron a celebrar. ¿Será que hemos olvidado de qué se trata la Semana Santa? ¿qué recordamos en esa fecha?

Nuestros padres contaban que, cuando ellos eran jóvenes, no podía ni siquiera escucharse música durante los días centrales de la Semana Santa, esto es Jueves y Viernes Santo. Un poco exagerado quizás, eran otros tiempos y la cultura de un Dios castigador estaba mucho más acendrada entre padres e hijos. Pero lo que ocurre en estos tiempos es, por decir lo menos, una absoluta falta de respeto por los símbolos que conforman las creencias religiosasde un gran porcentaje de peruanos.

Lo cierto es que, independientemente de qué religión abrace cada uno, no puede ser aceptada como algo normal esta costumbre de tomar los días libres de la Semana Santa como un pretexto para irse de fiesta, como si se tratara de cualquier fin de semana. Para los creyentes, durante esas 48 horas fue apresado, torturado y finalmente crucificado a quien ellos consideran el Hijo de Dios. Para los no creyentes con cierta cultura general, se trata de conmemorar la muerte de un ser humano extraordinario, un ícono de la espiritualidad y la sabiduría social. En ningún caso merece ser tomado como motivo de celebración.

Hace algunos años, el cineasta y actor norteamericano Mel Gibson produjo y dirigió la versión fílmica más descarnada e impactante sobre la Pasión de Cristo. Precisamente, bajo ese título, Gibson no tuvo reparos en mostrarnos el horror, el dolor, la angustia que podría haber sentido Jesús durante esos dos días. Cada persona que fue al cine a verla salía sobrecogida, estremecida, reflexionando acerca de su propia vida, de su propia forma de ver las cosas.

A menudo, la superficialidad y sus goces externos y pasajeros suelen obnubilar el juicio humano, convirtiéndolo en un repetidor de comportamientos impuestos por la publicidad y los medios de comunicación masiva. En ese sentido, es comprensible que enormes cantidades de personas, particularmente jóvenes con poco o nulo criterio, se alejen de cualquier cosa que suene a algo serio, reflexivo o aburrido y prefieran sacarle la lengua a todo convencionalismo, bajo la creencia de que están siendo libres, pero en realidad lo que hacen es darles el gusto a todos aquellos comerciantes que, hasta en fechas que debieran ser dedicadas al recogimiento como estas, venden o mejor dicho, trafican con el tiempo libre de los demás y se benefician gracias al relativismo moral que es, como todos sabemos, el pretexto perfecto para dejar de lado el significado de la Semana Santa y tomarse estos días como si de una fiesta larga se tratara.

Sin caer en fanatismos religiosos que poco tienen de productivos, instamos a nuestros colegas, que leen cada semana nuestro blog, a reflexionar en estos días sobre la muerte y resurrección de Jesucristo, en caso de quienes sean creyentes. Y para quienes no se sientan identificados con la religión católica, considerar que de todos modos se trata de la conmemoración de un ser humano que murió en estos días y que esa sola razón debería bastar para no celebrar, por una elemental noción de respeto.

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