Reflexiones Magisteriales: La imagen femenina en la televisión nacional

imagen femenina en la televisión nacionalUno de los temas más preocupantes y en permanente empeoramiento es cómo queda la imagen femenina en las mentes de cientos de miles de niñas y adolescentes en edad escolar que están expuestas todo el tiempo a los programas de televisión más sintonizados del momento. A pesar de representar una de las principales fuentes de información y entretenimiento de la época moderna, nadie se cuestiona sobre el efecto directo que tiene la televisión local que ha hecho de este uso de imágenes, actitudes y lenguajes -tanto verbales como corporales- agresivas y exhibicionistas, una práctica que, de tanto repetirse, ya pasa como normal para padres de familia y maestros de escuela. La educación de nuestras hijas y alumnas ya no solo tiene que ver con las lecturas que uno les mande realizar en clase o en casa, las tareas que deben entregar, los trabajos y asignaciones, el cumplimiento de la currícula. Ahora las jóvenes aprenden más de lo que ven en la televisión y en la internet que lo que a duras penas logran captar de las clases que les dan sus profesores y, como todos sabemos, no hay nada que se fije más en la mente humana que aquello que se repite una y otra vez. Por eso es importante tratar este tema y reflexionarlo, desde el punto de vista del educador, con sentido de autocrítica y a manera de un profundo examen de consciencia. ¿Cuál es el papel del docente en esta problemática?

¿Qué estamos haciendo los maestros frente a la avalancha de mensajes que nuestras niñas y adolescentes vienen recibiendo a través de los programas “de concurso” y “de farándula” más sintonizados de la televisión nacional, en los que se ha exacerbado más que nunca la imagen de una mujer que, para ser considerada exitosa o famosa, se dedica al exhibicionismo permanente de su vida privada, de su imagen física, de sus problemas familiares, etc?

A menudo se dice que en nuestro país existe una irrestricta libertad de expresión, sin embargo son cada vez más restringidos los espacios en que se publiquen o difundan los puntos de vista opuestos a esta tendencia casi generalizada de considerar que pertenecer al mundo del espectáculo es la forma más directa e infalible de conseguir el éxito, la fama, la bonanza económica. Los ciudadanos de a pie no perciben -y se entiende que no lo hagan- la nociva influencia que estas imágenes, bailes, historias y peleas pueden llegar a tener sobre niñas y adolescentes cuyas personalidades aun están en formación. Pero nosotros los maestros sí estamos equipados para percibir el daño y es nuestra responsabilidad hacer algo al respecto.

Desde que el mundo (occidental) conoció la publicidad y comenzó a desarrollarse la noción del espectáculo, la imagen femenina ha sido usada y abusada en pro de generar mayor interés en el principal componente de la masa trabajadora: el género masculino. Por eso anuncios impresos y películas apostaron por explotar la belleza de actrices y modelos femeninas como argumento de venta puesto que era parte de la realidad socioeconómica de entonces -hablamos de las primeras décadas del siglo 20- que el grueso de la población trabajadora y económicamente activa pertenecía al género masculino. En otras palabras: si el hombre pagaba entonces había que estimularlo a comprar mostrándole mujeres todo el tiempo.

Una de las banderas que enarbolaron los primeros movimientos feministas fue eliminar el “sexismo”, palabra que sirvió para denominar esta práctica de utilizar la imagen femenina con fines comerciales reduciéndola a un objeto cuyo único valor era el atractivo físico que generaba en el sexo opuesto, y se aducía para esta lucha social el hecho innegable de que la mujer tiene mucho más para ofrecer que una cara o un cuerpo, y que era un acto de desprecio y discriminación hacia aquellas mujeres que no encajaban en el canon de belleza que cada época iba imponiendo. Esta tensión duró muchas décadas y frente a los torrentes de avisos publicitarios y producciones cinematográficas que continuaban con esta tendencia (que a su vez iba empeorando en cuanto a sus permisividades y ensanchando sus límites casi sin control, debido a su probado éxito en ganancias) había diversos colectivos profesionales, conformados por hombres y mujeres, que le hacían oposición desde las universidades, desde las escuelas.

Pero algo cambió en los últimos 20 o 30 años. En los albores de la conquista social que les dio derecho a las mujeres a educarse, trabajar y participar de la vida ciudadana a través del sufragio,  el uso y abuso de la imagen femenina empezó a ser visto como una fuente de ingresos económicos muy rentable por las mismas mujeres y, poco a poco, lo que antes era una línea muy marcada de oposición entre el “sexismo” y el “no sexismo” comenzó a difuminarse y relativizarse, hasta el punto de convertirse no solo en un trabajo “digno” sino en una de las principales y más efectivas maneras de lograr estatus social e independencia económica.

Actualmente resulta ridículamente grotesca la forma en que, tanto la prensa escrita como la televisión y el cine que se producen en el país apelan al uso del exhibicionismo femenino -que va desde lo físico hasta lo emocional, mostrando situaciones extremas de maltrato, de infidelidad, de promiscuidad y dejadez en la protección de la intimidad y la dignidad de cientos de mujeres jóvenes- en sus publicaciones, programas y largometrajes. Disfrazándolo todo con rótulos como “entretenimiento”, “concursos”, “noticias de farándula” y hasta poniendo delante campañas de ayuda social, la mujer joven es presentada como un producto artificial, superfluo y sumamente vulgar, a través de miles de mensajes que llegan a millones de niñas y adolescentes en edad escolar y, muchas veces, no solo ante la vista y paciencia de sus padres y maestros, sino con su complicidad ya que son ellos mismos quienes estimulan y celebran que sus hijos/alumnos vean y admiren a esta clase de personajes.

La asociación directa de “salir en la televisión” con ganar dinero, volverse famosa, codearse con personajes conocidos del espectáculo o del fútbol, viene distorsionando a diario, las 24 horas de cada día, las mentes de estas niñas y adolescentes y a nadie parece interesarle hacer algo al respecto. Los productores de televisión se defienden diciendo que “sus bailes se propalan los sábados a la medianoche, dentro del horario de protección al menor”. Sin embargo eso de nada sirve si, al domingo siguiente los noticieros repiten de principio a fin todo lo transmitido la noche anterior, a plena hora del desayuno familiar, y hablarán de lo mismo -sobre imágenes, por supuesto- de lunes a viernes en la mañana (para que las chicas en edad escolar que estudian en la tarde no se lo pierdan) y en la tarde (para las que van al colegio en la mañana).

La negación y el relativismo son las principales características de quien defiende este “modelo” de comportamiento de los medios de comunicación masiva que se rige por las ganancias del rating, en virtud de lo cual todo lo que las haga subir es permitido porque existe “libertad”. Pero es indispensable que entendamos que eso afecta directamente a NUESTRAS HIJAS Y ALUMNAS porque les genera expectativas equivocadas respecto de lo que significa ser una mujer atractiva, merecedora de atención, respetada y admirada. En lugar de cultivar su sensibilidad y su inteligencia, de ser buenas profesionales y mejores personas, las niñas y adolescentes creen que basta con hacer lo que hacen todas en televisión para tener riqueza, fama y una legión de admiradores, cada uno más abusivo que el anterior.

¿Y qué estamos haciendo los maestros para revertir esta situación? Hasta ahora, nada en absoluto.

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2 Responses to Reflexiones Magisteriales: La imagen femenina en la televisión nacional

  1. Henry Eescobar Luna dice:

    Te felicito por tu comentario,creo que una de las mejores formas de apoyarte en este tema es dejar de ver televisiónProgramas que denigran a la mujer,especialmente) y propiciar la lectura de buenos textos con nuestra hijas y de esa forma las educamos para hacer frente a la avalancha de programas de mierda que emite la televisión

  2. ERHUASA dice:

    ¿Y cuál es su planteamiento?
    estamos en un sistema que permite , mantiene y arremete este tipo de modelo y el profesor poco o nada puede hacer para revertir esta situación

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