Reflexiones Magisteriales: #NiUnaMenos y las múltiples violencias contra la mujer

ni una menos - Nos tocan a una, nos tocan a todasEste sábado, 13 de agosto, se desarrollará en Lima la marcha ciudadana Ni Una Menos, para hacer sentir la voz de la comunidad frente a la indignante violencia contra la mujer. La motivación principal de esta movilización, que promete ser masiva, han sido dos casos recientes de incoherencia judicial, en los que comprobados abusadores de mujeres fueron tratados de manera benigna por el sistema legal, a pesar de que las evidencias de maltrato físico, con consecuencias imborrables a nivel de cicatrices y de traumas psicológicos que han dejado en sus víctimas, son enormes y han sido difundidas ampliamente, tanto en sus respectivos juicios como en los medios de comunicación. La ruta confirmada de esta marcha en la que participarán, desde las 3pm. del sábado 13, una múltiple gama de colectivos sociales, políticos, agrupaciones de estudiantes universitarios, representantes de medios de comunicación, educadores y artistas, así como personajes populares de la televisión y la farándula, es como sigue: Campo de Marte, Avenida de la Peruanidad, cruce con la Avenida 28 de Julio, Plaza Bolognesi, Avenidas Wilson, Nicolás de Piérola hacia la Plaza San Martín. La ruta continuará por las avenidas Manco Cápac y Miguel Grau hasta Palacio de Justicia. Adicionalmente habrá marchas en otras regiones, por lo que es de carácter nacional. Pero más allá de esta loable reacción de la opinión pública ante una inaceptable conducta criminal, que busca concientizar a los diversos actores sociales para frenar estos casos de maltrato, es necesario reflexionar sobre por qué ocurren y cuántas formas de abuso contra la mujer se dan en nuestra sociedad.

La consigna que se viene difundiendo en las redes sociales es muy clara y confrontacional: “Nos tocan a una, nos tocan a todas”, reza el slogan de la marcha Ni una menos, convocada por un grupo cerrado de Facebook como reacción inmediata ante los anuncios de libertad o prisión suspendida para dos agresores de mujeres, 100% comprobados. Tras conocerse esos incomprensibles fallos, surgió esta iniciativa que, luego de casi un mes de anunciada, ha generado adhesiones desde todos los espacios sociales y políticos por tratarse de un tema altamente sensible para la mayoría de personas, sin importar colores partidarios o posiciones religiosas. No hay persona de bien que pueda estar en contra de una marcha como esta.

Sin embargo, su realización no debe celebrarse como si se tratara de una maratón de juego e interacción social, como las que organizan periódicamente diversas marcas comerciales, ni siquiera debe tomarse como las multitudinarias marchas que, en el último proceso electoral, definieron los resultados presidenciales, que después de todo involucran un debate de ideas, de planes de gobierno diferentes que buscan -por lo menos conceptualmente- un objetivo común: lo mejor para el país. 

Esta es una marcha de indignación ante un crimen que, en nuestro país, ha adquirido dimensiones increíbles tomando en cuenta que se trata de una democracia occidental con derechos reconocidos para el género femenino desde hace medio siglo, a diferencia de las sociedades orientales o africanas en las que, aun en pleno siglo XXI, las mujeres son consideradas como ciudadanas de segunda clase y sufren toda clase de vejámenes en nombre de “la tradición”. Por ello esta reacción en masa de apoyo a la no violencia contra la mujer es una demostración de la existencia de un problema patético, que nos desdibuja como colectivo social, y que se produce de distintas maneras, algunas más sutiles y “socialmente aceptadas” que otras. 

Según información propalada por el Diario La República, la semana pasada, cada día en nuestro país ocurren 16 violaciones, y por lo menos una mujer es golpeada o asesinada por su pareja. En este preciso momento podría estar ocurriendo un acto de violencia muy cerca de nosotros. El año pasado, 293 mujeres perdieron la vida a manos de su pareja y en lo que va del año 2016 se han cometido 172 feminicidios, muchos más que los días que han pasado entre enero y agosto. ¿Qué está pasando en el Perú? ¿Por qué estos índices de violencia criminal no solo no se reducen sino que aumentan en escalada mortal y, en la mayoría de casos, sin que el sistema policial/judicial ofrezca soluciones justas en favor de las víctimas?

Las formas más evidentes de violencia contra las mujeres son el abuso sexual y la agresión física y/o psicológica, perpetradas tanto en contextos de relación de pareja (casadas o en etapa de “enamoramiento”) como de ataques con fines criminales (robo, violación, combinación de ambas). En todos estos casos, cuyas víctimas son niñas, adolescentes y mujeres de diversas edades y estratos socioeconómicos, las consecuencias son extremadamente negativas en términos de estabilidad emocional, que resultan siempre desproporcionados frente a las penas que estos individuos reciben, en el supuesto de que sean hallados culpables.
Las normas vigentes, que hacen distinciones entre tentativas de violación (es decir, intentos no concretados) y niveles de heridas o pruebas visibles de haber sido golpeadas, favorecen constantemente a que estos agresores, muchos de ellos reincidentes, salgan bien librados sin afrontar un castigo ejemplar por su cobarde e irracional actitud.
Sin embargo, hay formas sutiles de agresión hacia las mujeres que se ejecutan cotidianamente y que contribuyen a justificar, en la mente enfermiza de los abusadores, las reacciones que terminan en casos de violencia manifiesta. Por ejemplo, la cosificación de la mujer en los medios de comunicación impresa y en los programas de “entretenimiento” de la televisión, que la reducen a la categoría de objeto sexual, despersonalizándola y quitándole trasfondo humano.
No se trata, como dijera inaceptablemente un reconocido personaje del clero peruano, de que una mujer provoque las agresiones por colocarse en “escaparates” sino que la sola comercialización de la imagen femenina es una agresión en sí misma, diaria y aceptada por la mayoría de personas, desde los directores de dichos medios hasta las mismas protagonistas, que aceptan y promueven esa forma de manejar sus propias imágenes, como fuente de ingresos económicos, ascenso social y fama esporádica, y que por lo general también se traduce en agresiones verbales, físicas, faltas de respeto de diversos calibres, etc.
Otro tema que hace difícil solucionar y minimizar los casos de violencia contra la mujer es cuando la agredida defiende al agresor, mientras la policía intenta capturarlo. A pesar de haber denunciado haber sido golpeadas, a causa del temor y la desesperación ante la agresividad de sus parejas, o la dependencia a quedar solas y supuestamente desprotegidas económicamente, estas mujeres son capaces de retirar las denuncias, negar los hechos y hasta enfrentarse a la policía para evitar que su esposo-agresor sea puesto tras las rejas. Esto, sumado a la infinidad de casos de violación o abuso que pasan desapercibidos por no haber sido informados, nos pone en una situación más que preocupante.
La educación tiene mucho que ver con esta problemática, lo mismo que los bajos niveles de autoestima y la salud mental de la población, tanto masculina como femenina. En ambos casos hay mucho por hacer a nivel del Estado puesto que la incultura y la ausencia de valores como el respeto y la consideración son las principales razones para que ocurran cosas como estas. Por otro lado, la complicidad del sistema legal que trata con guantes de seda a personas violentas, hombres capaces de violar, golpear y asesinar a sus compañeras, no ayuda mucho. Por eso es importante una movilización como Ni Una Menos, una marcha que deja muchas tareas pendientes, las cuales deberán trascender el éxito masivo que seguramente tendrá la convocatoria.
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One Response to Reflexiones Magisteriales: #NiUnaMenos y las múltiples violencias contra la mujer

  1. Reynaldo Naupay Igreda dice:

    Hace mas de 40 años cuando estudiaba en la UNMSM,en una cátedra de sociología afirmaban que la mujer era la generadora del machismo hoy manifiesta con no menos violencia que antes,Amen a un poder judicial corrupto,un ministerio de educación que “olvida” su función y las protestas en las calles con buena intención no solucionaran nada,enfatizando la responsabilidad del ministerio de educación, reflexiono asi:
    1.- La mujer como madre tiene autoridad emocional en todas nuestras edades.
    2.-Sabido esto que madre se ha sentado junto con su hijo para explicarle su condición de mujer , madre y sus responsabilidades en el hogar el trabajo etc.Lo hacen?Es en el hogar donde educa, se aprenden valores, entre otros los relativos a la mujer, en la practica diaria de la vida HOGAREÑA.
    3.-Debe incentivarse esto temas con la formación de ESCUELA PARA PADRES.NO OLVIDAR QUE LOS PRIMEROS APRENDIZAJES desde que nacemos lo hacemos en el hogar.

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