Reflexiones Magisteriales: Sobre la Libertad de Prensa

Libertad de PrensaEn sentido estricto todos los seres humanos somos comunicadores, nos la pasamos comunicando cosas: nuestros sentimientos, pensamientos, preocupaciones, sueños. Nuestros planes y proyectos de trabajo. Nuestras expectativas respecto de cuánto deben aprender los alumnos este año en clase. Lo que queremos o no queremos que nos suceda. Cómo nos sentimos, si nos interesa llamar la atención o no. En ese sentido, la prensa es solo una de las tantas maneras que tienen los seres humanos de comunicar lo que piensan, sienten o necesitan, que surgió hace muchos siglos en los comunicados o anuncios públicos que salían a leerse a gritos en la calle, los primeros periódicos. Con la llegada de la imprenta y la industrialización del mundo, surgió el oficio del periodismo y sus dos aliadas principales: la noticia y la opinión. El hecho informativo y la valoración del mismo. Hasta en el microcosmos de un salón de clase se produce este fenómeno comunicativo elemental, que hoy los modernos periodistas pretender rodear de ciertas características exóticas, trascendentes u ocultas. Cuando el profesor dicta las notas después de un examen está difundiendo una noticia, cuando se lamenta de que los resultados, en promedio, no hayan sido satisfactorios, está emitiendo una opinión. La libertad de prensa en el mundo tiene valor en tanto y en cuanto su protección y garantía permita informar y opinar sin cortapisas sobre aquello que sea de interés público. Sin embargo, en los tiempos actuales la defensa de la libertad de prensa incluye la obligación que tenemos los ciudadanos de aceptar, sin derecho a reclamo, que se publique y difunda literalmente cualquier cosa a cualquier hora, sin importar que haya niños cerca; o sin considerar que la publicación y difusión repetitiva y sin filtro de públicos, de imágenes agresivas, tontas, grotescas o vulgares altera y tuerce la mentalidad colectiva. Por eso conviene repasar ciertos conceptos antes de celebrar a ojo cerrado que, en nombre de un derecho fundamental para la vida en democracia, podemos publicar lo que sea.

Desde 1993, la Organización de las naciones Unidas celebra, cada 3 de mayo, el Día Internacional de la Libertad de Prensa, para reflexionar acerca de aquellos hombres y mujeres de prensa que han sufrido y sufren persecución política, cárcel y hasta atentados por informar, por opinar, por difundir noticias que de una u otra manera descubren los actos corruptos de empresarios, políticos, líderes religiosos o figuras influyentes en diversos ámbitos sociales. También para proteger a los periodistas del crimen organizado, que también constituye una amenaza constante para el ejercicio libre de este derecho a informar y opinar. Pero nunca para defender la propalación de contenidos inapropiados todo el tiempo. Los maestros debemos pensar en eso desde una óptica profesional, no como televidentes comunes y corrientes, para guiar mejor la formación en valores de nuestros estudiantes.

Cada vez que los conductores y productores de realities y programas concurso “de competencia”, tan de moda en la televisión comercial abierta, son cuestionados por sectores de la población civil que rechaza sus prácticas violentas -como sumergir a sus “estrellas” en tinajones de agua congelada o decirles que introduzcan las manos, a ciegas, en cajas donde hay insectos o serpientes- o de contenidos inapropiados para los menores de edad -como los romances falsos en los que abundan las ofensas, insultos y hasta golpes entre mujeres y hombres jóvenes, que hacen sus carreras basadas en el exhibicionismo corporal y la demostración de amplia ignorancia en cuestiones como civismo, respeto a los diferentes o a la urbanidad, se amparan en la “libertad de expresión” y la “libertad de prensa” y, la mayoría de veces, se salen con la suya.

Esta manipulación del concepto “libertad de prensa” -cuyo día internacional se celebra cada 3 de mayo desde 1993, según la información de la ONU, entidad que promueve la efeméride- no es nueva, sino que tiene larga data. Los ataques sin pruebas, las vulgaridades a toda hora  y noa partir de ciertas horas de la noche o madrugada, el anuncio de productos o servicios de dudosa procedencia. Todas estas prácticas usan la coartada de la Libertad de Prensa para mantenerse sin que el sistema legal pueda hacer valer su verdadero espíritu y poner límites ante la ausencia de la utópica autorregulación.

En realidad las libertades de prensa y de expresión surgen como derechos asociados al ejercicio del oficio periodístico con la finalidad de proteger a los escribas, reporteros y en general a todo aquel profesional capacitado en la disciplina de difundir información y revelar cuestiones de interés público de cualquier intento por impedir que ese ejercicio se realice libremente, que generalmente proviene de los agentes corruptos de poderes económicos y políticos que no quieren que la ciudadanía se entere de sus malos manejos, sus componendas, sus delitos. Jamás se conceptualizó como una carta blanca para decir y publicar lo que sea. Pero en estos tiempos hace falta revisitar los conceptos básicos de esta libertad de prensa que tanto nos preocupa mantener y promover en aras de la vida en democracia y respeto por las opiniones contrarias a las nuestras.

La libertad sin límites solo existe en el mundo animal silvestre. Los cimientos de la libertad humana son, precisamente, los sistemas de normas legales y éticas que componen el cerco socialmente aceptado dentro del cual ejercemos nuestras libertades, las cuales siempre están controladas. Sea por un documento -constituciones, reglamentos, códigos de conducta- o por un control personal -valores, respetos, sistemas de creencias, la moral o el pudor- toda actividad libre humana tiene límites. El valor filosófico de nuestra libertad entonces se concentra en la capacidad que tenemos para actuar y ejercer libremente nuestros derechos con la conciencia plena de que existen limitaciones y que también es nuestro derecho respetarlas para garantizar la armonía y el bien común.

Pero este concepto, que pareciera ser esquemático y de fácil comprensión y aplicación, se desbarata en la práctica debido a la infinidad de matices que tiene el comportamiento humano y la también inagotable galería de excusas, explicaciones y hasta recursos legales que ha inventado a lo largo del tiempo para dejar de tomar en cuenta ese tema y considerar, sin sonrojarse, que tener libertad de prensa es sinónimo de publicar “lo que me dé la gana”. Toda libertad trae consigo una responsabilidad, como todo derecho tiene detrás un deber.

Eso es lo que parecen haber olvidado las actuales estrellas de la televisión comercial abierta, muchos de los cuales carecen inclusive de la más mínima formación profesional, pero que se convierten en una generación de comunicadores sociales, con tribunas abiertas y llegada a millones de personas, y que lanzan a través de las pantallas, con sus palabras y gritos, actitudes y escándalos, una masiva avalancha de contenidos que nadie puede atreverse siquiera a limitar, frenar, reducir o erradicar, en nombre de su “libertad de expresión”. Y por extensión, la prensa dedicada a cubrir las actividades diarias de estos “artistas”, inunda portadas y amplios reportajes -muchos incluso presentados por verdaderos periodistas y líderes de opinión en sus propios espacios- también defienden su derecho a hacerlo en nombre de la “libertad de prensa”.

La situación se convierte en un problema, así lo nieguen hasta el cansancio quienes avalan esta forma de hacer televisión y prensa escrita hablando del rating, el uso del control remoto y el poder de decisión del mercado, cuando pensamos en el poder de influencia que siempre han tenido los medios de comunicación masiva, desde su aparición y primeros estudios en las primeras décadas del siglo 20, en la educación de las poblaciones. Hoy, que estamos en el centro de la era de la internet y su omnipresencia, esta influencia es incluso más fuerte que la del hogar (los padres) o la escuela (los maestros).

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2 Responses to Reflexiones Magisteriales: Sobre la Libertad de Prensa

  1. Distéfano dice:

    Aterricemos caros amigos y colegas : Por estos días nuestros está pendiente de resolverse judicialmente el evitar la concentración de los medios que pretende El Comercio de adquirir el diario Ojo entre otros.Lo cual tendría visos de monopolio de la información, cuando la libre competencia significa que ninguna empresa debe tener predominio abrumador en el mercado.
    El grupo del Comercio será un diario pero también actúa como todo un partido político, en afirmación de Dammert el flamante congresista.
    El magisterio también debe tener presencia en los medios y ese es nuestro reto.

    • Para los investigadores independientes del sistema educativo de “espíritu colonial y colonizador”(Mariátegui), no se debe decir Prensa Concentrada sino, Prensa “Colonialista” porque durante los II siglos de la República se preocupa mantener el statuquo del colonialismo occidental en los andes y, a quienes pretenden cambiar “mata con calumnias”(M.G.Prada),
      Para mayor información lean “LOS MISTERIOS DEL SOCIALISMO ANDINO PARA LA DEMOCRACIA”.

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