Retratos de viento y fuego II: Lo nuevo del pintor Bruno Portuguez

Retratos de viento y fuego II: Lo nuevo del pintor Bruno PortuguezSon tiempos difíciles para la gestión editorial y cultural. La sobrecarga de estímulos vulgares y de baja calidad que, a diario, esparcen los medios de comunicación masiva a través de programas “de concurso” y “de entretenimiento” son más nocivos de lo que parece ya que deforman la noción de “apreciación artística” wn las nuevas generaciones. El surgimiento de modelos de éxito a quienes se les regalan adjetivos como “artista notable”, “cantante o imitador espectacular”, hacen que, por analogía indirecta, las demás formas de arte también caigan en este abismo según el cual cualquiera recibe elogios mientras que los verdaderos creadores, de talento e inspiración, languidecen en espacios limitados de difusión y en las sombras del anonimato, ya sea por falta de presupuesto, de contactos en la prensa convencional, o de ambos. Por eso esfuerzos como el del artista plástico peruano Bruno Portuguez Nolasco, apoyados por instituciones como la Universidad Ricardo Palma, la Fundación Cultural del banco de la Nación y el Fondo Editorial de Derrama Magisterial, entre otras, son destacables por su naturaleza quijotesca, ya que deben bregar arduamente para merecer un pequeño recuadro en algún periódico de orientación izquierdista, como es el caso de este segundo volumen de sus Retratos de Viento y de Fuego, que fue presentado recientemente en la Casona de San Marcos. Portuguez es un experimentado artista que ha reunido en este segundo tomo -el primero salió publicado en el año 2011- a 150 personajes nacionales y extranjeros con sus retratos luminosos, de trazos fuertes, geométricos y colores pastel.

En total son 111 personajes peruanos y 39 extranjeros, entre escritores, periodistas, luchadores sociales, músicos, políticos, pintores, psicólogos, sociólogos, maestros, héroes y protagonistas de diversos momentos del desarrollo social del mundo quienes, en muchos casos, regresan a la vida gracias al ojo clínico de Portuguez, en esta segunda parte que viene presentada en edición de lujo, empastada, gracias al esfuerzo del artista y el apoyo de instituciones como Derrama Magisterial, comprometida con la difusión del verdadero arte peruano.

Retratos de viento y de fuego II es, en palabras del sociólogo e historiador Nelson Manrique -uno de los retratados- “una valiosa radiogafía espiritual de nuestro tiempo”. Dice Manrique en su prólogo: “Editar un libro en el Perú es una empresa muy difícil. Al estado no le interesa la cultura y son contados los prohombres de la economía que, a la hora de determinar la importancia de una iniciativa, ven más allá de las consideraciones más elementalmente utilitarias… A Bruno tenemos que agradecerle no solo su obra, que por sí sola compromete una enorme deuda de gratitud para todos nosotros, sino su porfiado empeño por seguir apostando por este país (en el) que vive y ama”.

Nada más cierto. Las obras de arte en este país nacen con partida de defunción, y no han desaparecido del todo gracias a un círculo cada vez más pequeño que reúne a artistas, gestores, uno que otro periodista y público seguidor de estas -y otras- expresiones artísticas valiosas, que impiden, en nombre de su terquedad y del famoso “amor al arte”, frase que se ha convertido en sinónimo inmediato de algo que no da para comer, que se extingan por completo. Es en ese contexto que debemos entender la publicación de este fantástico libro de recopilación de cuadros -su formato original- que, en cualquier otro país (y no necesitamos irnos a Europa o Norteamérica para comprobarlo, basta con ver las programaciones artísticas de países como Argentina o México), sería portada de revistas y aquí, a duras penas consigue un párrafo de 3 líneas en alguna que otra sección “cultural” de los grandes medios que promueven la ignorancia con dividendos.

Por las páginas de este pesado libro, construido en formato de enciclopedia gráfica, desfilan personajes predecibles en cualquier listado de peruanos notables como por ejemplo José María Arguedas (1911-1969), Miguel Grau (1834-1879), Daniel Alcides Carrión (1857-1885)o Túpac Amaru 1738-1781); pero también resurgen nombres olvidados por la historia como el de Uchcu Pedro (Pedro Cochachín, 1853-1885), el ancashino que luchó junto a Atusparia en 1885. También hay educadoras como Teresa Gonzáles de Fanning (1836-1918), Elvira García y García (1862-1951), José Antonio Encinas (1888-1958) u otros, más contemporáneos como Juan José Vega Bello (1932-2003) o Emilio Barrantes Revoredo (1903-2007).

La investigación y la cultura de Portuguez se reflejan en la amplitud de personajes escogidos para sus retratos. Por eso, este volumen la idea primigenia de mostrar cuadros de personajes y se convierte en un catálogo de nuestra historia desde finales del siglo 18 hasta la actualidad, con la inclusión de políticos recientemente fallecidos como Javier Diez Canseco (1948-2013) o periodistas en actividad como César Hildebrandt (1948), César Lévano (1927) o Raul Wiener (1949-2015). La mayoría están hechos en la clásica técnica en colores pastel pero hay también unos cuantos retratos a carboncillo.

El libro tiene un innegable sesgo político-ideológico, orientado hacia la izquierda. Pero hacemos el comentario no porque esto sea algo reprochable ya que las opciones y espacios que maneja el otro lado del espectro político-ideológico superan en diez veces su cantidad y copamiento de los medio de comunicación y difusión, muchos de ellos son responsables directos de esa distorsión de la idea de lo que es arte que mencionamos al principio, sino porque es destacable que esto se refleje solo por la inclusión de personajes y no por manifiestos que busquen establecer una línea de pensamiento. La identificación con el ideario de la lucha social justa y solidaria queda clara sin necesidad de lanzar declaraciones que abonen a la discusión infértil.

El lado internacional ofrece personajes como Charles Dickens, Frida Kahlo, Jorge Cafrune, Madre Teresa de Calcúta, Ernesto “Che” Guevara, Miguel Ángel, Rubén Darío, Pablo Neruda, Lenin, Simón Bolívar, Jesucristo, entre otros; mostrando nuevamente esas tres características que definen a Bruno Portuguez como artista comprometido con la sociedad: su vasta cultura, su cosmopolitismo y su vocación de izquierda.

Las reseñas biográficas de los retratados pertenecen al periodista y escritor Jorge Luis Roncal.

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