Robin Williams (1951-2014): Más allá de los sueños

Robin WilliamsEl público, cuando piensa en personajes como Robin Williams, se imagina una existencia colmada de comodidades y lujos, permanentes éxitos y una vida plena donde solo es posible la felicidad. El buen humor, la risa y el brillo que siempre caracterizaron a este admirado actor norteamericano, nacido en Chicago (Illinois, 1951) fueron el andamiaje perfecto para ocultar una honda tristeza que, a juzgar por todas las informaciones que circulan por internet tras conocerse su fallecimiento, a los 63 años, lo llevó a tomar una decisión drástica y que no tiene vuelta atrás: el suicidio. Williams creó una ilusión a los millones de seres humanos que hemos disfrutado de sus personajes y así, alejó la posibilidad de que sospecháramos el verdadero sentimiento que lo dominaba. En estas líneas, Derrama Magisterial quiere rendir homenaje a uno de los grandes humoristas de nuestro tiempo y, a la vez, reflexionar sobre este tema que no solo afecta a personajes famosos sino que está inserto en nuestra sociedad y que es, desgraciadamente, más común de lo que aparenta ser.

Dice Marco Aurelio Denegri que una cosa es ser cómico y otra, muy distinta, ser humorista. El humorista es agudo, sensible, crítico y apela a lo físico o a lo vulgar en cantidades extremadamente dosificadas, cuando el tema y el público lo requieren, para crear una atmósfera que dé lugar al desarrollo de la rutina humorística. El cómico, en cambio, es esencialmente chabacano, vulgar y tosco, con lo cual asegura la carcajada general, sin distinciones, pero que pasado un breve tiempo, desaparece sin dejar huella. El humorista -el buen humorista- además de hacer reír, hace pensar, hace sentir, hace llorar. Esa es la principal diferencia entre, digamos, Robin Williams y cualquier cómico de la televisión nacional (mencionen ustedes el que más recuerden).

Robin Williams destacó siempre en el género de la comedia, desde sus primeras apariciones televisivas en el programa de Richard Pryor -segunda mitad de los años 70s)- y sus cuatro años como el simpático y alocado extraterrestre de la serie Mork & Mindy, una de las series más populares en los EE.UU. que también se vio en nuestro país, hasta sus clásicas películas como Good morning Vietnam (1987) o Mrs. Doubtfire (1993).

Pero sus personajes no eran simplemente graciosos, sino que poseían siempre una característica psicológica que les daba profundidad: el locutor de radio irreverente que hace hasta lo imposible para animar a los soldados o el padre que llega al extremo de disfrazarse de abuela/nana para poder ver a sus hijos. La psiquis de situaciones límite exploradas a través del humor, el ingenio y la rapidez mental. Williams fue conocido por improvisar permanentemente sus textos en cada grabación cinematográfica, creando líneas sobre la marcha, que no estaban escritas en el guión predeterminado. Era, en ello, un maestro.

Y esa personalidad pública lo convirtió en uno de los preferidos de los amantes del cine comercial, al punto que su vida real -algo que siempre les ocurre a los artistas famosos- pasaba inadvertida en todos sus matices y dificultades, casi como si no existieran. Para la gente, Robin Williams siempre debía tener una sonrisa en el rostro. Pero, como sabemos, eso no es posible. En su fuero interno, los problemas en sus matrimonios (tres en total), la adicción al alcohol y las drogas y un diagnóstico de desorden bipolar lo estaban minando internamente. Un suicidio no se decide de la noche a la mañana, es el resultado de años de pesadez emocional, profundas penas y sensación de no poder sobrellevarlas por estar -o por sentirse- solo, abandonado, sin ayuda.

¿Quién iba a pensar que la voz del Genio en la película Aladino (1992), esa maravilla de dibujos animados de los estudios Disney podría estar atravesando una depresión? Las noticias alrededor de su muerte lo confirman: el actor padecía de una severa depresión desde hace mucho tiempo. Sus interpretaciones de entrañables personajes como el irreverente y sensible doctor Patch Adams (1998) o el eternamente joven Peter Pan (Hook, 1991), el extravagante sacerdote en Licencia para casarse (License to wed, 2007) o el clásico marinero de las espinacas en Popeye (1980) han marcado a generaciones de fanáticos del cine moderno, porque generaban emociones diversas, siempre en clave de humor.

Hasta sus momentos más serios e inteligentes en películas de culto como La sociedad de los poetas muertos (Dead poets society, 1989), Despertares (Awakenings, 1990) o Good will hunting (1997) están impregnados de esa explosión de buen humor que Robin Williams representaba. Quizás su círculo más cercano intuía -o sabía a ciencia cierta- que ese era el más grande síntoma del dolor que lo aquejaba internamente. En What dreams may come (Más allá de los sueños, 2003), una historia fantástica acerca de la vida después de la muerte, Williams nuevamente trata de decirnos, con su actuación, que la felicidad es posible, a pesar de que la vida proponga pruebas tan difíciles como la pérdida de tus seres más queridos. Enseñanzas y mensajes que han sido útiles para muchos, menos para él.

El suicidio es una realidad grave que debe ser tratada y, en la medida de lo posible, prevenida ya que no solo afecta a personas adultas sino que es cada vez más comun en adolescentes y niños, en edad escolar, que toman esta clase de decisiones, irreversibles, debido a presiones que, vistas de una forma analítica y profesional, se parecen mucho a las que llevan a personas como Robin Williams a poner fin a sus vidas. La vida moderna y su sobrecarga de estímulos, el afán por el éxito inmediato y material, los excesos en el consumo de alcohol y drogas y la necesidad de encajar o satisfacer siempre a los demás crean cuadros de depresión que pueden terminar en estas fatalidades, que enlutan a miles de familias en nuestro país. El bullying, por supuesto, hablando específicamente del suicidio escolar, es una de las causas más comunes de suicidio entre jóvenes de primaria y secundaria.

El fallecimiento de Robin Williams debe poner sobre el tapete este tema, muchas veces abordado de manera superficial por las aristas graves y oscuras que lo rodean, porque plantea cuestionamientos a cómo se desarrolla la vida familiar, la afectividad y la unión entre personas. Todos estos aspectos son diariamente perjudicados por la cultura del consumismo, la individualidad y el culto al éxito, la popularidad social o las posesiones materiales.

Los inolvidables personajes interpretados por Robin Williams a lo largo de su prolífica carrera actoral son una buena herramienta para entender esa situación. De nosotros depende que ese sea su mayor legado.

Robin Williams

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2 Responses to Robin Williams (1951-2014): Más allá de los sueños

  1. Manuel dice:

    Excelente información y un tema que sería importante debatirlo o de conversación más a menudo, el ritmo que nos impone este mundo.

    • Isabela dice:

      que triste es saber que una genialidad de actor haya decidido suicidarse, sé que cada uno tiene su mundo y nadie lo conoce a fondo, pero quiza, debio ser como el personaje protagonico de la pelicula “Más alla de los sueños”, debio luchar y seguir luchando …

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