Salud Preventiva: La importancia del tiempo libre

La importancia del tiempo libreLa vida moderna somete a muchos profesionales de diversas disciplinas a un ritmo de actividades tan acelerado y recargado que las palabras “tiempo libre” se vuelven impronunciables. Mucho ha contribuido a esta nueva noción de lo que significa cumplir con nuestras obligaciones profesionales y/o laborales, el avance tecnológico. Los teléfonos celulares inteligentes, las redes inalámbricas de internet y las estaciones remotas hacen que, virtualmente, las oficinas estén abiertas las 24 horas del día y, si no hay criterio y discrecionalidad al momento de programar actividades, reuniones y asumir responsabilidades en exceso, importantes aspectos de nuestra vida personal pueden quedar relegados a un segundo y hasta tercer plano que teminará, de manera inevitable, ocasionando estragos en nuestra vida personal y estado de ánimo, de donde quizás proviene el mayor impulso para levantarse cada día. Por eso es necesario retomar la noción del tiempo libre y devolverle la importancia que siempre ha tenido, no solo como un momento para disiparse y descansar, sino -y fundamentalmente- como la ocasión ideal para recargar energías, estimular la creatividad a través de actividades recreativas y reforzar nuestros valores humanos y vínculos con familiares y amigos. Tan importante como el aire para respirar, el tiempo libre constituye la diferencia entre un ser humano y una máquina adicta al trabajo.

El término “workaholic” proviene del idioma inglés y combina “work” (trabajo) con “alcoholic” (esta palabra no necesita traducción ¿o sí?). Por consiguiente sirve para denominar a las personas que sufren una adicción enfermiza al trabajo. Como la persona que depende del alcohol y lo consume en exceso hasta perder la conciencia, el adicto al trabajo echa a perder el resto de su vida por dedicarle más horas de las normales a su oficina, sus negocios, sus reuniones.

El problema viene en que este concepto, “adicto al trabajo”, se ha convertido en una especie de valor socioeconómico según los dictados de la modernidad. que proponen como única herramienta para alcanzar la felicidad el conseguir el “éxito”, el cual se mide por cuánto dinero se tiene en la cuenta bancaria, qué tan grande y nuevo es el departamento que te acabas de comprar, qué tan costosa es nuestra maestría, qué tan moderno es nuestro carro, nuestra tablet, nuestro smartphone. Y eso, por supuesto, solo se consigue trabajando más y más, para producir el dinero que te permita solventar esos objetos materiales que te convierten en exitoso. Y en ese sentido, el adicto al trabajo no es visto como una persona enferma -como sí ocurre con el alcohólico- y su comportamiento goza de aceptación social y hasta admiración.

Sin embargo, dedicar más horas de las normales al trabajo, independientemente de si usted es director regional de un organismo mundial presidente de la república o un oficinista anónimo equivale a no disfrutar nunca del tiempo libre, esas horas en las que uno no trabaja y que utiliza para pasar un buen rato en familia, salir a pasear o hacer algún deporte, ver una bonita película o leer un buen libro, sin preocuparse por el último correo electrónico que llegó, la llamada que hay que esperar para echar a andar un proyecto o las eternas reuniones en las que se habla y se habla de lo mismo, para finalmente hacer lo que decidan otros.

Pasar todo el día pegado al teléfono o a la computadora puede, literalmente, quebrar la tranquilidad de un matrimonio, alejar a padres de sus hijos y condenar al ostracismo al sujeto que, por trabajar todo el día y no dejar espacio para sus tiempos libres, se desconecta de sus amistades y compañeros de barrio, familiares. El tiempo libre es vital para generar equilibrio en la vida de toda persona. No es el tiempo que te queda ni el que te sobra. Es un tiempo tan importante como las horas de trabajo. Porque si bien es cierto el trabajo te da la remuneración necesaria para pagar las cuentas, el tiempo libre te brinda la oportunidad de respirar hondo y, nuevamente cargado, acometer la siguiente jornada con el mismo entusiasmo que el día anterior.

Cuando se conquistaron las 8 horas de trabajo, la conclusión directa es que cada ser humano tendría 16 horas “libres” restantes -8 de las cuales se usan para dormir, por lo que el verdadero tiempo libre se reducía a las otras 8 horas. Pero en la actualidad nada de esto se cumple y, salvo los fines de semana (para quienes tienen trabajos que no les exigen cumplir horarios en esos días), el trabajador promedio pasa más de 9 horas en su centro de labores y un promedio de 3 horas como máximo, en el traslado de ida y vuelta de la oficina/empresa/institución a la casa y viceversa, y en ciudades de tráfico denso como la nuestra, hasta puede ser más. Si a eso le restamos las 8 horas de sueño básicas, el tiempo libre entre semana se reduce a 4 horas por día. Y esto sin pensar en los trabajadores del llamado “rubro servicios” (centros comerciales, grandes almacenes), policías o profesionales de la salud, con turnos que superan las 10 horas y que no conocen de permisos o flexibilidad en los horarios.

Existe toda una generación, desde ejecutivos hasta operarios, desde doctores hasta vendedores, que no saben qué significa tener tiempo libre y que, a veces, sacrifican las horas de descanso para hacer algo con su familia o disfrutar de un hobbie. A pesar de que todas las teorías de administración y recursos humanos recomiendan estimular el tiempo libre, en la realidad estamos frente a una problemática en la cual la adicción al trabajo -o la necesidad de trabajar todo el día para cubrir su canasta básica familiar- reducen las posibilidades de que pasemos un tiempo libre provechoso. Depende de todos nosotros cambiar eso.

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