Seguridad aérea: Todos los detalles cuentan

Seguridad aérea: Todos los detalles cuentanLa terrible tragedia del equipo brasileño de fútbol profesional Chapecoense nos traje, de inmediato, el triste recuerdo del accidente que, en 1987, terminó con la vida de los jugadores y comando técnico del Alianza Lima. La población mundial se sensibiliza mucho frente a estos siniestros por la enorme angustia que genera la idea de impactar violentamente contra una montaña (como la de Medellín) o el mar (como en Ventanilla). La altura y la velocidad a la que va una aeronave hacen muy difícil pensar en la posibilidad de sobrevivir a un evento de este tipo, por lo que el caso de los 3 jugadores, 2 tripulantes y 1 periodista que se vienen recuperando de sus múltiples heridas -y del shock traumático- tras el desastre del avión boliviano Lamia, son vistas como verdaderos milagros. Reflexionar sobre estas tragedias y sus causas puede ayudar a tus alumnos a entender mejor en qué consiste la aviación y sus sistemas de seguridad aérea.

Las desgracias aéreas siempre cubren de tristeza al mundo. Pero es aun más sublevante y conmovedor cuando se llevan a personas jóvenes, con un brillante futuro por delante. Las delegaciones artísticas y deportivas, por la naturaleza de su actividad, viajan siempre en grupo y realizan traslados por vías terrestres y aéreas todo el tiempo. Por ello, cuando ocurre un accidente en carreteras o en el aire, es más impactante para la opinión pública pues se trata de personas que están en pos de un objetivo común, como una familia. Y a este lamento familiar se unen otras miles de familias que sienten estas terribles pérdidas como propias. Las reacciones que hemos visto en la comunidad futbolística tras la tragedia del Chapecoense confirma esto.

Por su lado, la comunidad internacional de pilotos, tanto comerciales como militares, queda conmocionada por la desaparición de sus colegas y extraen, de cada accidente, enseñanzas que modifican sus protocolos y procedimientos, las cuales son estudiadas detalladamente, a veces por años, para minimizar los riesgos de que vuelva a ocurrir por los mismos motivos. Por eso la aviación es una de las profesiones de mayor responsabilidad y especialización, en la que cada detalle cuenta.

Cada tragedia aeronáutica responde a una cadena de errores que, en casos como el que ha paralizado al mundo la semana pasada, comienzan en el predominio de la ambición y el enfoque monetario empresarial que se olvida de los escrúpulos con tal de ganar más. Todas las informaciones apuntan a pensar que el piloto responsable del accidente decidió volar con la cantidad mínima de combustible, una idea que no cabe en la cabeza de pilotos de gran experiencia como el capitán peruano Óscar Ubillús, piloto desde hace más de cuarenta años: “Si tu vuelo tiene una duración de 4 horas y 24 minutos, no puedes volar con la cantidad de combustible exacta para ese tiempo. Siempre debes tener una reserva. Es una locura”.

Otro factor que sumó a la cadena de errores fue la decisión por llegar a la ciudad de destino en Colombia con solo un día de diferencia, ya que obligó a los organizadores del viaje a conseguir una línea que cuadrara su horario de salida con esa necesidad, planificada para no permanecer más de un día en el extranjero. Si hubieran salido con dos o tres días de anticipación quizás lo hubieran hecho en un itinerario directo, sin escala en Bolivia y, por ende, sin cambiar de avión, que fue finalmente lo que determinó el destino fatal de los pasajeros de ese vuelo.

El papel de los despachadores de vuelo, autoridades de seguridad aeronáutica y la misma tripulación que realiza filtros respecto de variables como velocidad de viento, visibilidad (era un vuelo nocturno), tráfico aéreo, cantidad de combustible, etc. es también vital para asegurar que sea un vuelo sin inconvenientes. Cuando el piloto decide no declararse en emergencia -para evitar futuras sanciones por aceptar su irresponsabilidad de no “tanquear” de combustible adecuadamente el avión- le quita la posibilidad a la controladora aérea de darle prioridad frente a otras aeronaves que estaban cerca. Eso también podría haber cambiado la suerte final del avión que terminó estrellándose, sin combustible ni electricidad, contra el cerro.

Este 8 de octubre se cumplen 29 años de la tragedia aérea que enlutó al Perú, cuando el avión que transportaba al equipo Alianza Lima cayó sobre el mar de Ventanilla, causándoles la muerte. Otras variables, otras condiciones dentro de la cadena de error. El piloto, que fue el único sobreviviente aquella vez, fue enviado a Australia y jamás dio detalles sobre el vuelo. En tierra, una generación de jóvenes futbolistas, de futuro brillante, falleció. Como la del Chapecoense.

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