Seguridad Social: Cultura de donantes de sangre

Cultura de donación sanguínea, médula ósea y órganos¿Alguna vez has donado sangre? La mayor parte de personas a las que se hace esta pregunta responden negativamente y demuestran, además, carecer de información relacionada a la cultura de las donaciones y sus alcances. Donar sangre es un acto de desprendimiento que puede ser determinante para la salud de una persona que está a la espera de ser sometida a operaciones grandes y, por otro lado, para la tranquilidad de los familiares del paciente que ven con preocupación que la operación no se realiza por falta de donantes. Dentro de la lógica del sistema público de atención médica -el seguro social de EsSalud y los hospitales del Ministerio de Salud en nuestro país- los Bancos de Sangre necesitan permanentemente de personas dispuestas a donar sangre aun cuando no vaya a ser utilizada en el momento, puesto que esas donaciones sirven para reemplazar las unidades de sangre que se usarán durante la operación misma. En ese sentido realizan campañas de información para estimular a las personas que cumplan con los requisitos de salud necesarios, para que realicen sus donaciones sanguíneas y así los Bancos de Sangre tengan siempre reservas para atender a la brevedad a los pacientes que no cuentan con familiares aptos para donar. Actualmente hay una intensa campaña informativa con detalles respecto de la donación de médula ósea -para pacientes con leucemia y otras afecciones a la sangre, así como para declarar en nuestros Documentos de Identidad (DNI), nuestra voluntad para donar órganos al momento de nuestro fallecimiento. Aprendamos un poco más sobre esta cultura de donaciones, una acción solidaria de profunda importancia.

A mediados del siglo 17 los médicos británicos William Harvey y Richard Lower realizaron las primeras transfusiones de sangre, primero entre animales -de un perro a otro- y luego de un animal (una oveja) a un ser humano, con resultados positivos tras varios intentos fallidos. La primera transfusión exitosa de una persona a otra se produjo en 1818, gracias al obstetra James Blundell, para recuperar a una madre que sufrió de hemorragias después de dar a luz. Con el descubrimiento y desarrollo científico de anticoagulantes y los adelantos de la refrigeración se inició, en la década de los años 30 del siglo 20, la técnica de almacenamiento de sangre de donantes voluntarios, con lo que surgieron los hoy conocidos bancos de sangre.

Durante años la transfusión de sangre de un ser humano a otro fue uno de los procedimientos más recurrentes para salvar vidas, en especial en tiempos de guerra, para evitar el colapso de heridos de gravedad de manera efectiva, para lo cual se fueron desarrollando procedimientos y protocolos médicos complejos y seguros para evitar infecciones o rechazo orgánico. Tras la aparición del SIDA, a finales de los años 80s, las transfusiones directas se reservan para casos de extrema gravedad y operaciones muy complicadas como colocación de by-passes cardíacos, trasplante de órganos, entre otras. Por su parte, el auge de la donación voluntaria con fines de almacenamiento creció y hoy es una de las principales preocupaciones de la comunidad médica, hacer que las personas tomen conciencia de la importancia de donar sangre para pacientes de hospitales.

¿Por qué los hospitales solicitan donaciones de sangre? Por lo general, cuando una persona es sometida a una operación, pierde una cantidad de sangre la cual debe serle repuesta para garantizar su recuperación óptima. En ese sentido, y dependiendo de la magnitud de la operación, los médicos solicitan determinada cantidad de unidades de sangre -cada unidad de sangre equivale a 500 mililitros, es decir medio litro de sangre- para reponer las que se usarán durante la operación. La cantidad que se solicita es referencial pero si durante la operación se necesitara una cantidad mayor, la familia del paciente deberá reponerla posteriormente, para no desabastecer al banco de sangre. Si un paciente requiere de unidades de sangre, son sus familiares directos (padres, hermanos, hijos, tíos, primos) las primeras opciones por compatibilidad de tipo sanguíneo, pero también se aceptan donantes que no sean familiares, siempre y cuando estén aptos para hacer la donación.

Cada persona dona un cuarto de litro de sangre (250 ml.). Esto significa que, si a usted le piden 2 unidades de sangre para que su paciente pueda ser operado, debe conseguir 4 personas dispuestas a donar su sangre. Si usted tiene entre 18 y 55 años de edad (hombres) o 50 años (mujeres), goza de buena salud, no padece de hipertensión o sobrepeso (obesidad), no ha sufrido de enfermedades como la hepatitis, tifoidea o tuberculosis, no tiene tatuajes ni usa piercings (aretes) y lleva una vida sin excesos (promiscuidad sexual, consumo de drogas, alcohol); puede usted donar su sangre. Solo debe inscribirse y asistir cuando lo citen en el hospital de su preferencia, en ayunas.

¿Y qué ocurre el día de la donación? Al registrarse llena una ficha con sus datos generales y un cuestionario sobre su historia médica y hábitos. Antes de ingresar a la sala de donación, el personal técnico/enfermero toma una pequeña muestra de su sangre, haciendo un ligero piquete en la yema del dedo para extraerla. En esta prueba previa se determina su tipo de sangre, nivel de hemoblogina e indicadores de grasas, presencia de agentes infecciosos y prueba de VIH, para determinar que está apto. Mientras salen los resultados, le hacen al donante una entrevista personal similar a la del cuestionario escrito. Una vez declarado apto para donar sangre, pasa a la sala de donaciones y es conectado a través de una aguja/jeringa esterilizada, a la máquina de extracción.

Una vez conectado a la máquina que extrae la sangre del brazo del donante, pasan entre 5 y 15 minutos dependiendo del flujo sanguíneo. El donante ayuda a la salida de la sangre abriendo y cerrando la mano constantemente, no muy rápido, de forma acompasada y fuerte. Cuando termina de extraerse la cantidad (250 ml.), el donante debe presionar ligeramente durante 5 minutos el punto del que han extraído la sangre -en el cual la enfermera habrá colocado un pequeño algodón- con la mano extendida y abierta para evitar que siga saliendo. Terminado el proceso, el donante debe descansar unos 10 minutos antes de incorporarse de la camilla. Después de donar es necesario tomar mucho líquido y alimentarse adecuadamente para recuperar la sangre donada.

Una de las cosas más difíciles de hacer es convencer a las personas de que vayan, de forma voluntaria, a donar; y solo lo hacen cuando es un caso familiar o muy cercano. Esto pone a los bancos de sangre en una situación complicada ya que todos los días se producen accidentes graves, operaciones a corazón abierto, trasplantes, etcétera; intervenciones quirúrgicas que requieren unidades de sangre en buenas condiciones. La desinformación, el temor, el prejuicio y la falta de conciencia solidaria provoca este déficit de donantes que se refleja en los rostros de preocupación de familiares de pacientes que no pueden cubrir la cantidad que solicita el hospital y no saben de dónde conseguir donantes.

Incluso esto genera un grave vicio social, la aparición de personas inescrupulosas que son capaces de vender su sangre, “haciendo negocio” de un acto que debería nacer de la solidaridad con el prójimo. A estos personajes se les conoce como “vampiros” y andan rondando hospitales de salud pública, policlínicos y postas médicas, en búsqueda de nuevas víctimas que terminan comprando sangre ante la falta de donantes responsables. Por eso es importante estimular a nuestros colegas a preparar a los estudiantes para que, cuando alcancen la mayoría de edad, sepan reconocer el valor de las donaciones de sangre y lideren, desde su generación, la formación de una conciencia orientada a convertirse en donantes.

En la siguiente nota nos referiremos a los Tipos de Sangre y la donación de médula ósea. No se la pierda…

 

(Visited 75 times, 1 visits today)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *