Seguridad Social: Preguntas frecuentes sobre el ébola

ebolaEstimados docentes: ¿Cuánto sabemos con respecto al virus del ébola? Esta enfermedad infecciosa que hoy genera titulares alrededor del mundo tiene características especiales que necesitamos conocer no solo para protegernos de sus riesgos, sino también como parte de nuestra cultura general. Hemos visto en últimas semanas que, por confusión, desconocimiento o exceso de celo por parte de las autoridades sanitarias de nuestro país un ciudadano procedente del África se vio envuelto en una serie de conjeturas con relación a su salud, que terminaron siendo injustificadas e incómodas. En esta nota, elaborada con información de la web del diario español El País y publicada en el blog Seguridad Social Noticias, se ofrecen algunas de las preguntas más frecuentes sobre este flagelo moderno.

¿Cuándo se puede decir que un contagiado está curado?

El virus del ébola se descubrió en 1976, pero se sabe tan poco de él que es imposible predecir cuándo un contagiado está fuera de peligro. Los CDC (Centro de Control de Enfermedades) de EEUU señalan que, entre 7 y 10 días después de la infección, es cuando la enfermedad muestra sus efectos con mayor virulencia, y el paciente tiene más probabilidades de morir. En esos días es fundamental una buena atención médica, además del uso de los tratamientos experimentales, inyección de líquidos, uso de antibióticos y una nutrición cuidada. Tras ese período, si el sistema inmune es capaz de responder al ataque del virus, el paciente sobrevive.

¿Deben seguir algún tratamiento los enfermos que se han curado?

Una vez que se han curado, los enfermos pueden tener inmunidad los siguientes 11 años. En ocasiones, se aprovecha a estas personas con inmunidad para ayudar a tratar a otros enfermos con menores riesgos, gracias a los anticuerpos que desarrollan. Una vez superada la enfermedad, es necesario tener cuidado con determinados fluidos en los que pueden permanecer restos del virus. En el semen, por ejemplo, pueden aparecer hasta 90 días después del fin de la enfermedad.

¿Por qué es difícil buscar un tratamiento?

La dificultad para encontrar tratamientos y vacunas contra el ébola tiene dos causas. Por un lado, hasta el brote de este año, desde su descubrimiento en 1976, había provocado poco más de 2,000 muertos, principalmente en zonas rurales y pobres de África. “Si se compara con otras enfermedades como el chagas o incluso la tuberculosis (que mata a más de un millón de personas al año, principalmente en países pobres), se le había dedicado más esfuerzo en investigación, en parte porque se había planteado su uso como arma biológica, pero aun así no había recibido muchos recursos”, explica Olimpia de la Rosa, coordinadora de emergencias de Médicos sin Fronteras. Con este brote, De la Rosa comenta que hicieron un recuento de todos los productos disponibles para combatir la enfermedad. “No es fácil elaborar vacunas y tratamientos, pero esto podría haber ido más rápido si hubiese habido un mercado más interesante”, concluye De la Rosa.

¿Por qué hay tantas dificultades para investigarlo?

Las dificultades para estudiar este mal vienen, en primer lugar, porque es producido por un virus. Frente a las infecciones causadas por bacterias, que se tratan con bastante eficacia con antibióticos, los virus se han mostrado más escurridizos. Su propia simplicidad (el ébola sólo tiene siete genes) hace que también cuenten con menos puntos de ataque. Otro obstáculo es su peligrosidad. Para investigar con él son necesarios laboratorios con un nivel de bioseguridad 4, el máximo que existe. Este tipo de laboratorios son escasos en el mundo y en España ni siquiera se cuenta con uno. Además, el hecho de que hasta ahora solo unos cientos de personas hayan sufrido la enfermedad hace que no se haya podido acumular tanto conocimiento.

¿Por qué es el ébola tan mortífero?

Una de las principales habilidades del virus del ébola es engañar al sistema inmune para que no lo detecte. Normalmente, cuando un virus infecta el organismo se produce una señal de alarma ante la invasión, a través de unas proteínas llamadas interferones, que provocan la reacción de las defensas. Muchos virus han desarrollado sistemas para evitar que esos centinelas les delaten, pero parece que el ébola tiene una técnica especialmente eficaz. Recientemente, un estudio mostró que este virus produce una proteína que detiene la señal de los interferones y con él la respuesta inmune. Con las defensas del cuerpo bloqueadas, el ébola se comienza a reproducir a gran velocidad. Cuando el sistema inmune responde finalmente, ya es demasiado tarde, y es su propia respuesta excesiva lo que daña los vasos sanguíneos que comienzan a tener fugas. Esto hace que baje la presión sanguínea hasta que el corazón, los riñones y otros órganos empiezan a fallar causando la muerte.

¿Hay factores biológicos de riesgo o de protección conocidos?

Los factores de riesgo para contraer el virus que se conocen bien son sociales. Personas en contacto con los pacientes, como los médicos, se infectan con mayor frecuencia, y lo mismo sucede con las mujeres, que suelen encargarse de las labores de cuidado de los enfermos. Algunos análisis han mostrado que un elevado porcentaje de habitantes de poblaciones rurales de Gabón podrían tener inmunidad contra el ébola. Allí se encontró que en determinadas comunidades alrededor del 15% de la población tenía anticuerpos del virus sin presentar síntomas de la enfermedad. Los científicos consideran que estas personas han podido entrar en contacto con el virus a través de murciélagos portadores. El análisis de estas personas podría ayudar a comprender qué mecanismos biológicos hacen más propenso a la enfermedad.

¿Puedo contraer el ébola en el autobús?

El virus del ébola no se contagia por el aire, ni por el agua, ni habitualmente por los alimentos. El director general de Atención Primaria de la Comunidad de Madrid, Antonio Alemany, recalcó que para ser infectado por el virus del ébola se “necesita un contacto directo con las secreciones de un paciente sintomático”, ya sea su sangre, orina, saliva, semen o heces. Una auxiliar de enfermería infectada en Madrid estuvo de vacaciones desde el 27 de septiembre —un día después del fallecimiento del misionero contagiado en Sierra Leona al que atendió— hasta su ingreso, unos días después, en el Hospital de Alcorcón, estando en contacto estrecho con su marido. Sin embargo, en este periodo no ha presentado fiebre alta, más de 38,6 grados, un síntoma considerado necesario para el contagio. “Hasta que no hay sintomatología hay que recordar que esta enfermedad no se transmite”, subrayó Alemany. La Organización Mundial de la Salud (OMS) remarca que, en el caso de personas que viajan en avión con enfermos de ébola, “aunque los viajeros deberían vigilar su salud y la de las personas que los rodean, el riesgo de infección para ellos es muy bajo“.

¿Y si me estornudan en la cara?

Las autoridades sanitarias internacionales insisten en evitar alarmas injustificadas. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU. detallan la improbable cadena de casualidades que debe darse para que una persona se infecte por ébola sin tener contacto estrecho con el enfermo: “Aunque la tos y los estornudos no son síntomas comunes del ébola, si un paciente sintomático con ébola (con fiebre de más de 38,6 grados) tose o estornuda sobre alguien, y su saliva o sus mocos entran en contacto con los ojos, la nariz o la boca de esa persona, estos fluidos pueden transmitir la enfermedad”.

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