Vanetty Molinero: “Las mujeres educadoras del siglo 19 fueron revolucionarias en sus propuestas”

mujeres educadorasLa especialista en Educación Inicial, profesora Vanetty Molinero Nano, participó como comentarista en la presentación del tomo 9 de nuestra Colección Pensamiento Educativo Peruano, Las mujeres y sus propuestas educativas, 1870-1930, realizada hace unas semanas. En este artículo, Molinero resume su ponencia en este interesante evento organizado por Derrama Magisterial y ofrece una visión amplia de cómo se expresaron las mujeres educadoras en una época dominada por el pensamiento educativo, sobre la base de una lectura atenta y profesional del texto escrito por la historiadora María Emma Mannarelli. El libro revela que ya en ese entonces, las mujeres educadoras plantean temas como el respeto a la individualidad del niño, la necesidad de formarlos tanto física como mentalmente y el rol civilizador de las maestras, cuestiones que aun hoy se debaten, 120 años después. Pero mejor leamos el artículo completo:

Las Mujeres y sus propuestas educativas

Vanetty Molinero Nano

El volumen 9 de la Colección Pensamiento Educativo Peruano, editada por Derrama Magisterial y titulado Las mujeres y sus propuestas educativas nos acerca a los discursos que  algunas mujeres levantaron a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX sobre la educación femenina, y las medidas educativas que proponían. Como señala María Emma Manarelli, sus propuestas expresan visiones del funcionamiento de la sociedad en general y del modo en que la gente se relacionaba.

El libro recoge desde las voces más conservadoras, hasta las más revolucionarias para la época, ofreciéndonos el contexto histórico para ubicar y comprender sus propuestas. Además tiene una antología de textos escritos por ellas donde dan a conocer sus ideas.  Nombres que hoy asociamos a instituciones educativas, como Mercedes Cabello, Elvira García y García, Teresa Gonzáles de Fanning, fueron, en su momento, mujeres que alentaron el cambio, ganándose de esta manera un espacio en la historia educativa del Perú.

Recordemos que desde el proyecto de modernidad que se anhelaba alcanzar en el siglo XIX, a la escuela se le asigna la función civilizadora para formar a una nación que vive sobre las normas de la incivilidad, desorden, falta de higiene, irracionalidad. Como acciones civilizadoras destacan la moralidad y la higiene. Por lo tanto,  formar a los nuevos ciudadanos demanda nuevos modelos y prácticas educativas.

Si bien las mujeres aún no son consideradas ciudadanas, porque el ciudadano, desde la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, fue entendido como un individuo masculino, desde el proyecto de modernidad se les asigna un rol importante. Serían las que promoverían las reformas pretendidas desde la familia. Pero como las “cualidades naturales” de las mujeres no son suficientes para lograr una intervención eficaz, ellas  debían ser formadas.  Es desde esta perspectiva que se defiende la educación femenina: desde el espacio privado para formar buenas madres de familia. En ese sentido, la educación femenina puede ser entendida como una intervención del Estado en la vida social, en este caso, en el componente privado y familiar, buscando reconfirgurarlas desde los imperativos de la modernidad.

Por otro lado, es interesante ver cómo los discursos que defendían la educación femenina desde la función básica que se asigna a las mujeres, la educación de los hijos, encuentran eco en los discursos que se venían construyendo sobre la infancia.  En el siglo XIX cobra fuerza una visión de los niños y niñas como sujetos con características propias, y se comienza a concebir la infancia como una etapa crítica en la formación del ser humano.

Como señala Elvira García: “Los cuidados y las contemplaciones que el niño necesita, en ese primer periodo son incalculables y apenas pueden valorar las madres cómo de allí deriva todo el porvenir intelectual, moral y hasta físico del niño”.

Por lo tanto, educar a los niños y niñas exige tener conocimientos. Exige comprenderlos. No basta el amor maternal para el cumplimiento de esa misión.  En ese sentido, la educación de la infancia no podía ser dejada en manos de personas no formadas, por lo que era necesario educar a las madres, así como crear escuelas maternales o jardines de infancia para que los niños ricos entre los 2 y los 5 años no estén bajo el cuidado de la servidumbre o los niños pobres no estén encerrados o bajo el cuidado de un hermano mayor. A su vez, esto generó que se empiece a pensar en la necesidad de contar con un espacio adecuado para ellos en todo sentido, desde la infraestructura hasta la atmósfera que se genera.

Entre las propuestas educativas para la educación infantil se encuentra  la influencia de Froebel, pedagogo alemán que acuñó el concepto de jardín de la infancia en 1840, por lo que las propuestas se ubican dentro de lo que podríamos denominar una educación no convencional, porque siguen un camino distinto al de la educación que existía en esa  época, siendo incluso revolucionarias con las formas de educar existente:

  • Se plantea la coeducación en una época en que los espacios públicos estaban diferenciados para hombres y mujeres.
  • Se propone el juego y el trabajo libre con los dones y ocupaciones como medio de aprendizaje, en un contexto en el que la actividad manual se asociaba al trabajo servil y era considerado inferior.
  • Se critica la enseñanza memorística que prima en la forma de educar.
  • Se plantea la educación integral que comprenda el desarrollo de los niños y niñas a nivel moral, físico e intelectual.
  • Se erradican los castigos.
  • Se da relevancia a los afectos.
  • Se propone el respeto a los procesos de desarrollo del niño. Hay una crítica muy fuerte a la instrucción prematura. Elvira García deja claro que el ejercitar a un niño de pocos años en la paciente labor de aprender a leer y escribir, a que se ejercite en el aprendizaje de lecciones de memoria se puede considerar casi como un delito de “lessa infancia”.
  • Se plantea el respeto a la naturaleza del niño, por lo que se le debe ofrecer libertad y movimiento.
  • Se propone el respeto a la individualidad de cada niño, reconociéndose la singularidad de los individuos.

En palabras de Elvira García y García “La escuela es hecha para el niño y no este para la escuela”.  Es decir el niño, la niña, son el centro del proceso educativo por lo que se requiere una pedagogía pertinente con sus intereses y necesidades.  Podemos señalar que la educación infantil en el Perú, desde una perspectiva pedagógica estuvo ligada desde sus orígenes a la escuela activa.

Tanto en los discursos civilistas y de educación infantil, la educación femenina se presenta como un medio, y no como un fin en sí mismo, es decir, no como algo a la que las mujeres tienen derecho.

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