¿Y quién fue Francisco Javier de Luna Pizarro?

Francisco Javier de Luna PizarroJosé de San Martín (argentino), Simón Bolívar (venezolano) y Antonio José de Sucre (venezolano) son los tres personajes más conocidos del proceso que selló nuestra Independencia de España, cuya fecha central acabamos de celebrar el 28 de Julio, con feriados, mensajes presidenciales y desfiles militares. Sin embargo, hubo también muchos peruanos involucrados, desde los anónimos soldados que defendieron nuestro territorio en las diversas batallas que se sucedieron antes y después de 1821 -de las cuales las más famosas son, por supuesto, las de Junín y Ayacucho en 1824- hasta diversas personalidades del ejército, la política y el clero cuyos nombres hoy sirven para denominar regiones, colegios, universidades, plazas, avenidas y calles de diversos puntos del país. Uno de esos personajes nos ocupa el día de hoy, en nuestra sección biográfica “¿Y quién fue?”. Un sacerdote y abogado arequipeño que presidió nada menos que el primer congreso de la naciente república del Perú. Desde hace décadas, su apellido se ha convertido en el nombre de dos calles de La Victoria y Barranco, dos de los distritos más antiguos y populosos de nuestra capital. Nos referimos a Francisco Javier de Luna Pizarro. Aquí breves apuntes de su biografía:

Francisco Javier de Luna Pizarro Pacheco (Arequipa, 3 de noviembre de 1780 – Lima, 9 de febrero de 1855) fue un sacerdote, político y abogado peruano. Ejerció la presidencia interina del Perú, durante breves períodos en 1822 y 1833. Arzobispo de Lima desde 1846 hasta1855. Fue también diputado por su departamento natal, senador de la República, y Presidente de los Congresos Constituyentes de 1822,1828 y 1834. Fue una de las mayores figuras intelectuales y políticas del Perú de principios de la República: abnegadamente patriota, con gran firmeza de carácter, defendió con vigor las ideas liberales, y a pesar de su edad y sus enfermedades, no doblegó su honor, su dignidad, ni su conciencia, frente a las innumerables persecuciones de que fue objeto.

Nació en Arequipa el 3 de noviembre de 1780, en un hogar profundamente cristiano y de abolengo. Hijo de Juan Antonio de Luna Pizarro, teniente coronel de milicias reales, granadino, y de la dama arequipeña Cipriana Pacheco de Chaves Araus.

Se dice que era un niño precoz y vivaracho. A propósito se cuenta una anécdota que nos ha trasmitido Ricardo Palma en una de sus más célebres Tradiciones peruanas: En cierta ocasión el obispo hizo una visita al Seminario y comenzó a hacerles preguntas a los alumnos; a quienes no contestaban rápida y correctamente les decía: “Al rincón, quita calzón”, para señalarles que se les iba a aplicar un palmetazo en sus partes pudibundas. Al llegar el turno a Francisco Javier, éste tampoco pudo contestar muy bien el interrogatorio de Monseñor, pero inmediatamente retrucó una pregunta a su eminencia: ¿cuál era la cantidad de Dominus Vobiscum que se decían en la misa? El obispo, después de meditar, tuvo que reconocer que no sabía la respuesta, por lo que el niño Francisco Javier se atrevió sancionar al superior religioso con el ya clásico: “Al rincón y quita calzón”.

El 13 de abril de 1799 recibió las órdenes menores de manos del Obispo Pedro José Chávez de la Rosa, quien le ofreció un puesto entre sus familiares. Siguió la práctica profesional (abogadil) en el estudio de Evaristo Gómez Sánchez, un notable magistrado arequipeño. Volvió al Cuzco en 1801, donde obtuvo dispensa del período de práctica que le faltaba cumplir, recibiéndose de abogado ante la Real Audiencia del Cuzco (28 de setiembre de 1801). Hizo lo propio en la Real Audiencia de Lima con fecha 25 de enero de 1802.

De vuelta al Seminario de Arequipa, continuó su labor docente. En marzo de 1809 viajó a España, acompañando al Obispo Chávez de la Rosa en calidad de Secretario. La estancia de Luna Pizarro en la península fue decisiva en el curso posterior de su vida, pues allí presenció la resistencia que el pueblo opuso a la invasión napoleónica. Nombrado Capellán de la Presidencia del Consejo de Indias, asistió a las sesiones de las Cortes de Cádiz, que aprobaron la primera constitución de la monarquía española y la libertad de prensa. A solicitud de la Junta de Catedráticos de Lima, en 1819 pasó a ejercer el rectorado del Colegio de Medicina de San Fernando.

Luego de la proclamación de la independencia del Perú (28 de julio de 1821), integró la Junta de Purificación que recibió las informaciones de los curas acerca de sus servicios patrióticos; fue asociado a la Orden del Sol (12 de diciembre de 1821); integró la Sociedad Patriótica, creada para discutir acerca del régimen de gobierno conveniente al Perú (10 de enero de 1822).

Elegido diputado por Arequipa al Primer Congreso Constituyente del Perú, aplicó brillantemente la experiencia adquirida al observar el funcionamiento de las Cortes de Cádiz. Le tocó presidir durante el primer mes de sesiones, del 20 de setiembre al 20 de octubre de 1822. Integró la comisión que trazó las bases de la primera Constitución Política que sería aprobada el año siguiente.

Intervino decisivamente en la conformación de la Suprema Junta Gubernativa de 1822 que presidió José de La Mar. Al ser disuelta esta Junta por el pronunciamiento del ejército peruano, que impuso a José de la Riva Agüero como Presidente de la República, pidió licencia y marchó voluntariamente a Chile. Allí permaneció hasta que se consumó la independencia peruana en la batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824).

En 1827, elegido nuevamente diputado por Arequipa, incorporóse al Congreso General Constituyente que debía proclamar una nueva Constitución Política. Presidió sus sesiones en dos periodos —primero, desde el 4 de junio hasta el 4 de julio de 1827, y luego desde el 4 de marzo hasta el 4 de abril de 1828—. Decidió la elección de José de La Mar como Presidente Constitucional; favoreció la inclusión de los principales dictados la Constitución de 1823 en la proclamada en 1828. Consideró necesario preparar la guerra contra la Gran Colombia, a fin de neutralizar la posibilidad de una reacción bolivariana; justificó la invasión a Bolivia y la expulsión de Sucre, logradas por el general Agustín Gamarra tras una fácil campaña; y alentó la anexión de Guayaquil, en vista de los sentimientos peruanistas que alentaban los principales residentes de esa ciudad.

Declarada la guerra entre Perú y la Gran Colombia, quiso prevenir la amenaza que veía asomar tras el creciente ascenso de Gamarra, pero sin lograrlo. Y cuando La Mar fue depuesto por Gamarra, Luna Pizarro marchó voluntariamente por tercera vez al destierro a Chile, para no otorgar su acatamiento al golpe de estado, mostrándose coherente con su prédica política.

Luna Pizarro condenó severamente el audaz pronunciamiento del general Bermúdez, el candidato perdedor y caudillo de los gamarristas rebeldes. Por su influjo se decidió la orientación liberal de la nueva Constitución Política que fue proclamada el 10 de junio de 1834. Pero esta sería su postrera actuación política. Tras el golpe del general Felipe Santiago Salaverry(1835), su opinión no tuvo ya ninguna fuerza decisoria en la política peruana, ni aún cuando ejerció de consejero de Orbegoso durante el mandato de éste como Presidente del Estado Nor-Peruano, en tiempos de la Confederación Perú-Boliviana (1838). Decidió entonces consagrarse exclusivamente a su ministerio dentro de la Iglesia Católica.

Luna Pizarro influyó decisivamente en la política peruana durante el periodo 1822 – 1834, al punto que en la época se decía que su lujuria “era mandar a los que mandan”. Fue el mentor de las constituciones políticas de 1823, 1828 y 1834.

Durante su gestión señaló como erróneas algunas ideas que antes profesara con entusiasmo, e inclusive gestionó la condenación papal contra los alegatos regalistas de su viejo amigo, el sacerdote Francisco de Paula González Vigil. Ofreció su apoyo a las Hermanas de los Sagrados Corazones, que llegaron imprevistamente al Perú y a quienes el Presidente Ramón Castillales encargó el Colegio del Espíritu Santo. Restauró la labor del Seminario Mayor de Santo Toribio para religiosos y seglares. Sus pastorales han sido recogidas en: Colección de obras selectas del clero contemporáneo del Perú. Tomo I, París, 1853.

Nombrado Obispo titular de Alalia in partibus infidelium y Obispo auxiliar de Lima, fue consagrado el 21 de setiembre de 1837, retirándose al convento de San Francisco. Fue nombrado también Deán del Cabildo Metropolitano (1838); a partir de entonces se dedicó enteramente a las obligaciones de su ministerio. En 1842, habiendo fallecido el Arzobispo de Lima Francisco de Sales Arrieta, fue nombrado Vicario capitular en sede vacante, y en el consistorio del 24 de abril de 1845, fue preconizado Arzobispo de Lima por S.S. Gregorio XVI. Enviada la bula respectiva, tomó posesión el 27 de abril de 1846, como vigésimo Arzobispo de Lima, dignidad que ejerció hasta su fallecimiento en 1855.

(Visited 2.877 times, 1 visits today)

5 Responses to ¿Y quién fue Francisco Javier de Luna Pizarro?

  1. Ariana Alexa dice:

    Muchas grtacias por hayudarme con mi tarea y por eso les doy las gracias a esta pagina de Google

  2. querome dice:

    Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá, (Cumaná, Capitanía General de Venezuela, Imperio español; actual estado Sucre, Venezuela; Asesinado el 3 de febrero de 1795-Montañas de Berruecos, La Unión, Nueva Granada, actual Colombia; 4 de junio de 1830), conocido como El Gran Mariscal de Ayacucho, fue un político, diplomático, estadista y militar venezolano, prócer de la independencia americana, así como presidente de Bolivia, Gobernador del Perú, General en Jefe del Ejército de la Gran Colombia

  3. querome dice:

    por favor corregir en la página Antonio José de Sucre es Venezolano. no hermano Ecuatoriano

    • admin dice:

      Gracias por la aclaración, se trató de un error involuntario que ya fue subsanado. Nuevamente, gracias por seguir nuestras publicaciones. Hasta la próxima…

  4. Pensamiento de francisco javier de luna pizarro

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *