¿Y quién fue Julio Ramón Ribeyro?

Hablar de Julio Ramón Ribeyro es hablar de uno de los narradores peruanos más admirados y respetados de nuestras letras contemporáneos. Cuentista, periodista, crítico pero sobre todo, una persona afable y de trato cálido, Ribeyro se distanció notablemente de las tendencias literarias según las cuales el escritor se convierte en una suerte de “estrella mediática” y prefirió el perfil bajo, la ausencia de flashes, los homenajes póstumos. Es cierto que recibió premios y condecoraciones, las cuales eran una consecuencia natural de su eximio talento, pero jamás ingresó en el terreno vanidos de quien se asume “líder de opinión” en uno u otro tema. Sus cuentos, novelas, crónicas y memorias son una permanente lección de sencillez, ingenio y conocimiento del idioma, razones por las cuales hasta ahora se le recuerda con gran cariño, como uno de los animadores de la escena cultural peruana de los años 70s y 80s.

Julio Ramón Ribeyro fue un escritor peruano, nacido el 31 de agosto de 1929 en el distrito limeño de Barranco. La figura de Ribeyro dentro del espectro literario latinoamericano ha llegado a ser grande gracias a las maravillosas narraciones y cuentos que este talentoso hombre de letras escribiera durante su vida. La familia del eximio cuentista peruano perteneció a la clase media de su época, sin embargo las generaciones anteriores en la familia de Julio Ramón habían gozado de una mejor situación económica y social. El futuro escritor asistió al colegio Champagnat de Miraflores donde culminó sus estudios escolares. Entre 1946 y 1952, Julio Ramón Ribeyro se concentró en sus estudios de Derecho y Letras en la Pontifica Universidad Católica del Perú. Por medio de una beca, accedió a estudios en Madrid, ciudad en la que permanecería durante un año, al mismo tiempo que ya empezaba a escribir sus primeros artículos y cuentos caracterizados por un refinado humor y sobria objetividad.

Ribeyro permaneció cinco años en el viejo continente, alternando distintos oficios que tuvo que ejercer para ganarse la vida. Durante una estadía en París, escribió Los gallinazos sin plumas, una colección excelente de cuentos que se desarrollaban en un ambiente urbano. Este libro de Julio Ramón Ribeyro está considerado como uno de sus mayores logros narrativos.

Fue durante su estadía en Europa, en la ciudad alemana de Munich, que Ribeyro creó su primera novela bajo el título de Crónica de San Gabriel. Cuenta la vida de Lucho, un adolescente que es llevado a una hacienda de nombre San Gabriel, en el norte de la sierra del Perú, después de haber culminado sus estudios escolares. El autor admitió haber escrito su primera novela en condiciones de aislamiento y soledad totales, en un país ajeno en el cual no podía comprender a nadie y en el que nadie podía comprenderlo por la dificultad que representaba el idioma alemán.

Hacia 1958, Ribeyro regresó al Perú y trabajo como catedrático en la Universidad de San Cristóbal de Huamanga, Ayacucho. Tres años más tarde, el creador de La palabra del mudo, otra colección de interesantes cuentos, regresó a Europa, donde trabajó como periodista para la Agencia France Press en la ciudad de París. Durante esta época de su vida, fue nombrado agregado cultural de la embajada peruana en la capital francesa y embajador del Perú ante la Organización de las Naciones Unidas.

Hacia 1973, Julio Ramón Ribeyro, quien se había casado con Alida Cordero algún tiempo atrás, fue operado a raíz de un cáncer que le había ocasionado su adicción al cigarrillo. El hijo predilecto de Barranco tuvo que someterse a un prolongado tratamiento contra el cáncer y producto del sufrimiento que le provocó su adicción escribió un libro bajo el título de Solo para fumadores.

En 1983, Ribeyro recibió el Premio Nacional de Literatura. Quienes conocieron al exitoso cuentista, cuyas obras han sido traducidas al polaco, alemán, italiano e inglés, cuentan que nunca tuvo enemigos y siempre fue un espíritu dadivoso con sus amigos y conocidos.

Los personajes de las obras de Ribeyro fueron siempre héroes de la clase trabajadora que se enfrentaban a situaciones complicadas de dificultades económicas y cuyos estados emocionales se veían minados a causa de estos problemas mundanos.

El legado de Julio Ramón Ribeyro para la literatura peruana y mundial es grande porque este talentoso narrador nos hace escuchar la voz desesperada del individuo entre la multitud, sus adversidades y problemas existenciales. Poco antes de morir, en 1994, su poder narrativo fue reconocido con el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe, Juan Rulfo, sin lugar a dudas una merecida recompensa para un escritor de su talla.

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