¿Y quién fue Pedro D’Onofrio?

Pedro D'OnofrioEn estas épocas de intenso calor, un sonido peculiar se hace parte del ambiente de prácticamente todas las plazas públicas, avenidas, parques, barrios y calles del Perú. Una corneta que es inmediatamente identificada por hombres y mujeres, niños y niñas, adolescentes y ancianos como la pasajera y dulce solución a los rigores del verano. Ese sonido proviene, invariablemente, de unos triciclos amarillos conteniendo su delicioso cargamento: helados D’Onofrio. Durante décadas, los helados D’Onofrio han sido sinónimo de esa golosina de consumo masivo que aplaca la sed y refresca el paladar de los peruanos. Y aunque, con los años, han surgido marcas que intentan hacerle competencia y, como en todas las demás actividades productivas, la oferta ha aumentado y diversificado con propuestas “novedosas”, “novoandinas”, “gourmet” y un largo etcétera, como los helados que se venden en supermercados o restaurantes de franquicias extranjeras, esta marca que se originó en el país, gracias al empuje y laboriosidad de una familia italiana afincada en Lima a fines del siglo 19 sigue siendo la primera en la preferencia del público. Pero ¿quién fue este patriarca europeo que hizo empresa en el Perú? Aquí te lo contamos…

El nombre D’Onofrio viene de un apellido italiano, es el apellido de Pedro D’Onofrio, nacido en el 1859 en la ciudad de Sessa Aurunca, Caserta, Italia. Un hombre emprendedor e intrépido que a los 21 años dejó su pueblo para ir a buscar la tierra prometida en Argentina en una época en que Buenos Aires empezaba a surgir y hacía mucha falta de mano de obra.

Hasta que llegó el día en que decidió su futuro: recibió una carta de Buenos Aires de un amigo de la familia, don Raffaele Cimarelli, que era propietario de un carrito de helados y le ofrecía el traspaso de su negocio. Don Pedro aceptó la oferta, dejó su trabajo en Rosario de Santa Fe y volvió a Buenos Aires. Aprendió allí a preparar helados y compró además el carrito con todo el equipo. La nueva actividad le fue muy favorable. En 1888 don Pedro toma la determinación de regresar a su ciudad natal para encontrarse con su señora madre Gesualda. Durante su permanencia en Italia conoce a Raffaella Di Paolo Contrajeron matrimonio en Argentina.

Sucedió que Raffaele Cimarelli, un señor que en Buenos Aires vendió a don Pedro su negocio de helados, los animó a trasladarse a Richmond, donde él se encontraba pues era un lugar con un clima muy favorable para el consumo de sus productos. La familia se reúne con Cimarelli y don Pedro se dedica nuevamente a lo que sería el trabajo ideal: preparar y vender helados. Nace otra hija, Virginia, llamada así por el Estado que les acoge.

Pedro y Raffaella empezaron a pensar dónde poder establecerse para agrandar el negocio. Alguien se encontraba en el Perú, nuevamente era el amigo y tutor don Raffaele Cimarelli que los invitaba a trasladarse a Lima pues tenía un clima excepcional, sin invierno, ideal para el consumo de helados.

Los D’Onofrio llegan a Lima a fines de 1897. Se trajeron desde Richmond un carro de madera a tracción humana para el reparto de helados en el que se encontraban pintadas las palabras “Hokey Pokey” que tienen origen en las palabras latinas “hocus-pocus” que son utilizadas como cábala en trucos para distraer al público. Esta carreta fue la famosa Fundadora, piedra angular de una gran industria.

La familia se ubicó primero en la calle Pachacamilla, después en la calle Granados y por último en la esquina de Sandia y Tipuani, en el barrio de Chacarilla donde permaneció hasta 1914 en que se trasladaron al local de la Av. Grau. La figura de don Pedro se hizo famosa, como el toque de corneta que utilizaba para anunciar su paso por las calles limeñas para despertar la curiosidad del vecindario. A la simpatía de su apuesta figura se unía la bondad de su producto, un helado de crema denominado “imperial”.

Don Pedro traía nieve de los Andes para la fabricación de sus helados. En 1908 siguiendo un consejo de un ingeniero norteamericano, compró una planta para la fabricación del hielo artificial. Este fue el primer paso que dio para la industrialización de su actividad. El negocio prosperó y aumentaron las carretas que hizo fabricar con diseño propio.

Para colaborar con él hizo venir de Italia a su sobrino Domingo y a dos cuñados, Amedeo y Orlando Di Paolo.

Desde la llegada al Perú habían nacido otros hijos: Amelia, Pedro, Luis, Umberto, Yolanda y Clelia. Antonio, el mayor de los varones a los once años de edad había ido a Italia para cursar estudios. En 1911, a los quince años de edad, fue llamado de vuelta al Perú: su padre se había dado cuenta que para el desarrollo de su negocio necesitaba formar a un sucesor.

Antonio D’Onofrio Di Paolo, primogénito de los D’Onofrio se hallaba al frente del negocio. Sugirió a su padre que tomara un descanso. Habían transcurrido 22 años desde su llegada al Perú. Pedro y Raffaella resolvieron volver a Italia y Antonio recibió en traspaso la fábrica de helados con once carretas, una por cada hijo que tuvo la pareja. Tres de los menores hijos acompañaron a los esposos a Italia: Luis, Yolanda y Clelia.

Transcurrieron 14 años antes de que don Pedro regresara nuevamente al Perú, tierra por la que sentían un profundo amor. Cuatro años más tarde en 1937, don Pedro D’Onofrio Di Resta murió a la edad de 78 años, dejando tras de sí una herencia de trabajo a sus familiares.

Habían transcurrido ocho años desde que en 1911 Antonio interrumpió sus estudios en Italia, hasta 1919 en que cambiaron la razón social por la de “Antonio D’Onofrio sucesor de Pedro D’Onofrio”. El deseo de don Pedro de formar al primogénito como su sucesor se transformó en realidad.

Ya en posesión del negocio Antonio se impuso la tarea de ampliarlo y modernizarlo. Los helados se vendían cinco meses al año; había que extenderlo a una nueva industria que se mantuviera activa en cualquier época el año; creó así una fábrica de chocolates de alta calidad, de la que carecía hasta entonces el Perú.

La primera fábrica de chocolates con equipo industrial adquirido en Europa, fue instalada en el año 1924 en el jirón Cotabambas, adyacente a la planta de hielo y helados. En el 1932 regresó de Italia Umberto D’Onofrio di Paolo, con el título de Ingeniero Agrónomo. Había viajado en 1914 con su hermano Pedro D’Onofrio di Paolo. En 1933 lo hizo Luis D’Onofrio di Paolo, trayendo consigo avanzados estudios y amplia experiencia técnica en la industria dulcera. El aporte de trabajo de los hermanos D’Onofrio permite a la industria crecer y producir además de helados y chocolates: caramelos, galletas, golosinas de todo tipo.

El crecimiento de la industria era tan evidente año tras año que obligó a la empresa a cambiar de local. La nueva sede fue fijada en terrenos del ex fundo Aramburú, sobre un área de 36,000 m2 y con frente a la Av. Venezuela. Era el año 1950. Once años después se verificó el traslado de la planta de helados totalmente modernizada con equipos para la producción de helados tipo “ice cream”.

En esos años Antonio ya había realizado un importante acuerdo con la firma Alemagna de Milán, comprando la fórmula para la producción del panetón D’Onofrio y el derecho de utilizar la confección característica del producto Alemagna que simbolizaba con la A el duomo de Milán. D’Onofrio lo hizo con la D.

Se fueron introduciendo innovaciones y creando puntos de ventas y confiterías. Un imperio comercial que ahora fue adquirido en el año 1997 por Nestlé Perú y que hoy sigue manteniendo sus actividades en el mismo local de la avenida Venezuela.

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One Response to ¿Y quién fue Pedro D’Onofrio?

  1. ESTHER D'Onofrio dice:

    Increible historia ,mi visabuelo llego de italia en esos anios fallecio en la provincia de santa fe Argentina ,quiero si alguien sabe los nombres ,mi abuelo se llamaba Julio D’Onofrio gracias,muchas gracias….

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