¿Y quién fue Sebastián Lorente?

Durante los años previos y posteriores a la Guerra del Pacífico, destacó en el Perú un personaje cuyas ideas liberalistas, que le ocasionaron grandes problemas en su país natal, España, fueron de gran utilidad para impulsar la educación en nuestro país, en ese entonces una joven república de apenas medio siglo de independencia. La obra de nuestro biografiado de hoy se extiende no solo a colegios y universidades importantes de la capital, sino también en la región Junín, especialmente en Tarma, Jauja y Huancayo, donde actualmente varias instituciones educativas llevan su nombre. Hoy en “¿Y quién fue?” les contamos la historia de don Santiago Ignacio Lorente Ibáñez.


Sebastián Lorente e Ibáñez (Alcantarilla de Murcia, 1813 – Lima, 1884) es considerado uno de los intelectuales liberales más importantes y gran impulsor de la educación en el Perú del siglo XIX. Antes de su arribo a nuestro país, estudió teología, medicina y leyes, ocupando la cátedra de Filosofía en el Colegio Real de San Isidro de Madrid en el año 1835.

Pero su adhesión al liberalismo lo expuso al ensañamiento de la reacción absolutista; y en tal coyuntura, optó por acogerse a las proposiciones que le hiciera el entonces Presidente del Perú, Domingo Elías en 1842, y viajó al país para incorporarse al Colegio Nuestra Señora de Guadalupe. Inicialmente asumió la enseñanza de geografía en 1843, luego ejerció la dirección en los años 1844 a 1849 y efectuó una fundamental reforma en sus orientaciones, introduciendo nuevas asignaturas; Historia Antigua, Media y Moderna, Historia General de América y particularmente del Perú, Literatura, Economía Política, Estadística e Historia Natural, elevando la calidad de sus lecciones hasta convertirlo en un centro de instrucción media, y renovando la metodología.

Por falta de profesores se ve obligado a dictar hasta diez asignaturas en 1846, y por añadidura, asumió en el Convictorio de San Carlos la enseñanza de Geografía y Literatura, y en el Colegio de Medicina inició la de Filosofía, Higiene, Historia Natural y Medicina Legal.

Se retiró de la capital, a causa de una seria enfermedad que lo aquejaba, y se trasladó a Huancayo donde fundó el Colegio de Santa Isabel; posteriormente, participó en la Revolución Liberal del año 1854 y fundó el diario La Voz del Pueblo, su tribuna para apoyar la abolición de la esclavitud y servidumbre.

Luego redactó el primer reglamento general de instrucción pública el 7 de abril de 1855 y con el título de inspector de instrucción pública, fue encargado de aplicarlo. En calidad de secretario, integró la legación en 1856 que sucesivamente condujo Pedro Gálvez, su antiguo discípulo, ante los gobiernos de la América Central, Colombia, Venezuela, España y Francia.

Al retornar en el año 1866, fue nuevamente nombrado inspector de instrucción pública. Incorporado a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para regentar la cátedra de Filosofía Trascendental, poco después el 26 de enero de 1867, fue elegido decano. Se le otorgó grado de doctor en Letras el 11 de julio de 1868.

Por segunda vez viajó a Europa, a fin de estudiar las orientaciones educativas aplicables al Perú. Y restablecido en el decanato el 10 de abril de 1872, inauguró la enseñanza de historia de la civilización peruana en 1875, donde tuvo oportunidad de defender a la institución universitaria contra las intromisiones autorizadas por Nicolás de Piérola durante su gobierno dictatorial en 1880 y contra las depredaciones chilenas.

A partir de 1866, Sebastián Lorente se incorporó como catedrático en la Universidad de San Marcos y ocupó el decanato de la Facultad de Letras desde el año 1868 hasta su muerte en 1884; su labor en dicho claustro fue tan significativa que su sucesor, Carlos Lisson, la resumió con las palabras siguientes: “El pasado de la Facultad de Letras, en el año transcurrido y todos los anteriores, desde su fundación, está concretado en un solo nombre: Lorente. Todo es obra suya; plan de estudios, establecimiento de cátedras, textos escolares, métodos, disciplina, todo, repito, es obra suya, en todo está su mano”.

Finalmente, la obra histórica conocida de Lorente representada por sus cursos elementales, compendios y la celebrada Historia del Perú, compendiada para el uso de los colegios y de las personas ilustradas (Lima, 1876) demuestra, como lo apuntó Raúl Porras Barrenechea, “la capacidad de Lorente para la síntesis histórica, y sus dones didácticos. Es fácil, preciso, documentado en los hechos y a la vez con una visión general filosófica que los aclara y coordina” (1954).

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