28 de noviembre: Alicia Maguiña está de cumpleaños

Este jueves cumple 81 años una de las artistas de música criolla y andina más importantes para su desarrollo y estudio. Doña Alicia Maguiña es una de las pocas personalidades del folklore peruano que ha logrado condensar estilos de diferentes regiones en un solo repertorio, convirtiéndose de esa forma en pionera de la integración y el espíritu peruanista que hoy está tan de moda. En esta nota recordaremos algunos de los aspectos más representativos de su larga trayectoria. Hoy, ya en el retiro por temas de salud, es una artista consumada, referente obligado para hablar de valses, marineras y huaynos…

 

Valses, huaynos, marineras y mulizas, todos tuvieron la misma importancia para esta artista que se convirtió, gracias a su talento y rigor académico, en la compositora de música peruana por excelencia, que no entendía de barreras étnicas ni de vacíos intentos de modernización. Alicia Maguiña dedicó su vida a nuestro folklore con apasionamiento y respeto por sus orígenes.

Desde sus primeras apariciones en los más sintonizados programas radiales de la época, Alicia Maguiña (Lima, 1938) llamó la atención por su candor juvenil y voz aguda, casi de soprano, con la cual entonaba valses escritos por ella misma. Acompañada de una simple guitarra, la niña de 16 años salida del Colegio Santa Úrsula –uno de los más aristocráticos de Lima en los años cincuenta- encantaba a los entendidos y al público en general con su estilo fresco y romántico.

Apenas iniciada su carrera comenzó su conocida rivalidad con Chabuca Granda que era ocho años mayor. La creadora de La flor de la canela se sintió amenazada por la juventud de Alicia, a quien ignoraba cada vez que tenía oportunidad. La misma Maguiña cuenta que la respetada cantautora le recriminó no conocer la estructura de la marinera limeña en un evento benéfico, en 1960, donde la joven había sido ovacionada tras presentar su nuevo tema Negra quiero ser: “Te falta aprender”, le dijo. Al año siguiente, Alicia lanzó una agresiva respuesta a Chabuca en su marinera limeña Dale, toma, con demoledoras cuartetas como esta: “Crees que sabes mucho / y me causas risa / pareces una beata / cantando en misa”.

Alicia Maguiña se dio a la tarea de estudiar a fondo la marinera limeña, para lo cual buscó a aquellos artistas que habían dado forma a los ritmos afroperuanos de guitarra, cajón y altas voces masculinas. Así, Maguiña fue alumna y amiga cercana del legendario cantor de marineras limeñas Manuel “Canario Negro” Quintana (1880-1959), a quien inclusive protegió hasta su muerte. Asimismo, era común verla en medio de los hermanos Elías y Augusto Ascuez (1895-1967 y 1892-1985, respectivamente), o bailando marineras limeñas, pañuelo blanco en alto, al lado de personalidades del criollismo más auténtico como Bartola Sancho Dávila (1883-1967) o Valentina Barrionuevo, “La Valentina de Oro” (1908-1984).

Maguiña recopilaba coplas, llamadas, resbalosas y fugas que escuchaba en aquellas históricas jaranas “de padre y señor mío” realizadas en la cuadra 3 del Jr. Luna Pizarro, en La Victoria, el famoso “Callejón del Buque”, por donde desfilaban los más grandes músicos populares de la época. Allí, Alicia se embriagaba de esa sabiduría popular que fue recogiendo y, en muchos casos, registrando en sus producciones musicales.

En 1966 comenzó a trabajar con Carlos Hayre, un músico negro nacido en Barranco, casi una década mayor que ella, quien trabajaba como contrabajista y arreglista de orquestas en los estudios Odeón/Iempsa. Hayre era, además un virtuoso compositor y guitarrista que con el tiempo desarrollaría un nuevo lenguaje musical gracias a los elementos de jazz, salsa y música brasileña que introdujo al toque criollo. Alicia y Carlos se casaron en 1968, generando enorme revuelo en la prensa local de espectáculos.

Si algo distingue el trabajo artístico de Alicia Maguiña es su indesmayable vocación por unir los cantos y danzas de costa y sierra en una sola expresión musical, una actitud pionera que rompió con siglos de discriminación y absurdo separatismo entre limeños y provincianos. Faltaba mucho tiempo para que la fusión y lo “novoandino” tuvieran algún valor comercial para los medios masivos, y términos como “inclusión” e “interculturalidad” ni siquiera existían en el lenguaje de la política oficial.

Su identificación con lo andino la llevó a buscar las fuentes originales de danzas como el huayno y el huaylarsh, hasta hacerse experta en todo lo relacionado a su estructura musical, significados y vestimentas. Paralelamente a su labor de investigación y protección de la marinera limeña, Maguiña hizo lo propio con estos géneros serranos, compartiendo escenario con los migrantes que tocaban en la Carpa Grau y recorriendo callejuelas de distritos perdidos en el Valle del Mantaro. Así, la cantautora presentó al público limeño a artistas como el violinista y compositor Zenobio Dagha Sapaico o Juan Bolívar Crespo, “El Zorzal Jaujino”, acercándose de esta manera a la labor integradora de otro gran artista mestizo, el escritor andahuaylino José María Arguedas.

El año pasado, que cumplió ochenta, doña Alicia nos regaló Mi vida entre cantos, un libro que trae la vida y obra musical de Alicia Maguiña contada por ella misma, a través de memorias en las que se combinan la añoranza por los orígenes, las amistades y afectos familiares y, por supuesto, la música y el amor por el Perú.

 

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