8 de Marzo: Día Internacional de la Mujer

Reflexionar. Un acto que no es muy común en nuestros tiempos. Pensar profundamente en el sentido de algo para, de ese pensamiento, sacar una enseñanza que nos permita cometer menos errores o corregir los cometidos en una situación determinada. Cuando hablamos del Día Internacional de la Mujer es nuestra tarea, como profesionales de la educación, reflexionar (y hacer reflexionar) sobre cuál es el significado y la importancia de tener una fecha así en nuestro calendario, especialmente cuando vemos cómo aumentan los índices de feminicidios y abusos diversos contra la mujer. ¿Es una fecha de regalos y celebración o es una fecha para pensar en aquellas mujeres que, por diversas razones, la están pasando muy mal en el mundo?

 

Reflexiones Magisteriales: ¿Día de la Mujer o el día que naciste mujer?

por Lic. Yvette Ubillús

Desde el momento de su nacimiento las mujeres han soportado, a lo largo de la historia, el infortunio de ser discriminadas, reprimidas y eliminadas por una infinidad de razones determinadas por quien ostentaba el poder  y la mayor fuerza física.

Ha sucedido en todas las culturas, como la China del siglo III antes de Cristo, donde se ordenaba la muerte de las recién nacidas. En las antiguas Grecia y Roma se daba preferencia a los varones y se desechaba a las niñas mujeres.  En las zonas árabes antes del Islam se les enterraba vivas por nacer mujeres. En la India donde, si alguien no las escogía como esposas para el futuro, se les asesinaba de inmediato con un cuchillo. O las recién nacidas de tribus esquimales dejadas a su suerte para morir congeladas, hasta hace relativamente poco tiempo.

Los motivos por los que esto ha sucedido son muchos y de los más variados, en la antigüedad se creía que un varón podía aportar más a la economía familiar, otras sociedades eliminaban a las mujeres como una forma de control de la natalidad, están los sacrificios a dioses y elementos de la naturaleza y las supersticiones que muchas culturas han personificado en el género femenino como la brujería, la mala suerte, entre otras.

Luego, con los albores de la modernidad, la mujer pasa a ser sujeto de utilidad para las tareas de la casa, de las granjas, de los campos de cultivo, de la guerra, etc. En pocas palabras, las mujeres se hicieron necesarias para llevar adelante toda clase de tareas al servicio de los hombres de su sociedad. Son pocos los casos en los que esto no haya funcionado así, excepciones  que casi siempre han tenido que ver con las líneas de sangre transmitidas a través de la madre.

En el mundo contemporáneo aún persisten muchas de estas sociedades donde la existencia de la mujer es explícitamente considerada como inferior y está sometida a la absoluta voluntad de los hombres,  empezando por sus padres, hermanos, esposos e hijos. Sociedades en las que las mujeres pueden morir porque dejaron ver un tobillo, porque no se cubrieron el cabello o porque se negaron a casarse con un desconocido, por nombrar solo algunas razones.

Los usos y creencias de los pueblos deben ser acometidos por sus propias poblaciones con la ayuda de la información, cada pueblo atraviesa su propio y singular proceso, pero es la difusión de los derechos que asisten a las personas los que las ayudan a pelear por ellos, a reivindicar sus causas y finalmente coronarlas con las libertades individuales.

Quienes no formamos parte de esa estadística somos las más indicadas para entender y difundir la realidad que viven estas otras mujeres sin tanta suerte, hay que llamar la atención de la sociedad, hay que mostrar lo que sucede, hay decir con claridad que aún hay mucho sufrimiento para estos seres humanos y valorar que nuestra vida es excepcional en un mundo tan desigual para el género femenino.

Razones sobran para indignarse entonces, cuando cada vez un número más alto de estas mujeres con suerte de haber sobrevivido al nacimiento,  que no viven en guerra, que no son esclavas en ningún lugar; se esclavizan a sí mismas tomando decisiones que las hacen retroceder en la evolución,  ligándose por decisión propia a hombres golpeadores, viciosos, sin responsabilidad que solo buscan en ellas desahogar sus propias frustraciones y carencias.

Indigna que, como sociedad, no logremos formar mujeres con personalidades más contundentes, que las mujeres desde niñas reciban información desechable acerca de lo que son y de lo que deben aspirar a ser, enfurece que sean sus propias madres quienes las exhiban  y si pueden sacar provecho económico de eso mejor aún. Porque ya no se trata de una tribu alejada, en la que por una costumbre ancestral los padres entregan a sus hijas niñas a hombres adultos, por citar un ejemplo. No, se trata de niñas nacidas en familias de todos los sectores del abecedario social, las niñas ricas que se ridiculizan y exhiben como estrellas del espectáculo y sus telespectadoras que sueñan con tener la misma suerte, y la misma fortuna para invertirla en cirujanos plásticos, que las ayuden a ponerse en venta.

Con esos modelos qué podemos pedirles a las mujeres de pocos recursos, sin muchos estudios, ni soporte familiar, ni económico, ni criterio formado. Así solo podemos resignarnos a ver cada año cómo aumentan las cifras de embarazo adolescente, cómo llega cada vez más gente que nadie quiere realmente a este mundo y cómo entre esas personas nacen más niñas para engrosar las estadísticas de la violencia contra la mujer.

La  mujer de un mundo evolucionado, debe tener derecho a escoger su destino basada en las oportunidades apropiadas, estas deben provenir de formarse en un clima de armonía y estabilidad familiar que moldee su carácter y su emotividad, de manera tal que pueda abrirse paso en la vida conforme a sus ideales y sus valores éticos.  Una vez fortalecida en estas bases, las conquistas laborales, la búsqueda de la equidad y el lugar que merece en la sociedad serán parte de esa agenda permanente que nos llevará a una convertirnos en una mejor sociedad.

Ni inferiores, ni superiores, ni siquiera iguales, pero integrantes de una sociedad equitativa, que valora las diferencias entre hombres y mujeres y no las usa para ejercer discriminación. Un mundo en el que no existan mujeres que sufran todos los días, incluidos los 8 de marzo, por haber nacido mujeres.

 

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