Derechos Humanos: Aprender a respetarlos es vital

Cada 10 de diciembre recordamos que en 1948, hace 71 años, se emitió la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un documento nacido de la urgencia de establecer las líneas directrices para la vida social en armonía y la buena convivencia, tras los horrores del saldo de las guerras mundiales. Sin embargo, en estas siete décadas, el ser humano se ha empeñado en ir contra los derechos humanos con una serie de atropellos que van desde nuevas guerras motivadas por control económico, político, religioso o étnico hasta toda la gama de situaciones opuestas al respeto de su existencia provocadas por la delincuencia, la corrupción, la acumulación de poder y muchos otros vicios sociales. Todo lo que aprendan las nuevas generaciones sobre derechos humanos dependerá de nuestro desempeño y ejemplo para orientar su vida futura.

 

¿Podríamos decir que, ad portas de ingresar a la tercera década del siglo XXI, y 71 años después de proclamada la Declaración Universal de los Derechos Humanos en aquella histórica Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas realizada en París, nuestro mundo ha alcanzado esos ideales de paz y armonía que se desprenden después de leer sus treinta artículos?

Una pregunta que no puede responderse positivamente si aplicamos la objetividad pues en cada continente vemos, a diario, cómo se irrespetan, de distintas maneras, todos y cada uno de estos derechos fundamentales de la persona, ciudadana de un mundo en permanente cambio.

¿Qué podemos hacer los maestros en ese sentido? Nosotros somos los profesionales que, desde nuestras aulas, hacemos realidad el derecho humano consignado en el artículo 26 de este famoso documento, cuya aparición conmemora el mundo civilizado cada 10 de diciembre. Como ejecutores del acto educativo, sobre nuestra noble profesión recae una gran responsabilidad relacionada a la enseñanza y valoración de los derechos fundamentales del ser humano: la libertad, la propiedad, el trabajo, la no discriminación y tantos otros.

La corrupción política, la delincuencia común, el racismo, la intolerancia frente a otros credos, opciones sexuales u opiniones, la ambición desmedida de estados y empresas, configuran un esquema de permanente golpe a los derechos humanos, todo en base a una educación en valores que ha prácticamente desaparecido de las cátedras, y es reemplazada por los nuevos paradigmas del éxito económico, el dominio tecnológico y la obtención de poder.

Tenemos una ardua tarea para hacer que nuestras nuevas generaciones crezcan convencidas de que el respeto absoluto de los derechos humanos es la clave para desarrollar una vida armónica, respetando los sistemas judiciales y las normas de preservación de la naturaleza.

Puedes leer la Declaración Universal de los Derechos Humanos aquí

 

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