Elecciones 2020: Ejercer ciudadanía con responsabilidad

Cumplir con los ordenamientos legales democráticos es una de las acciones que nos definen como ciudadanos respetuosos de las normas y conscientes de la capacidad que tenemos –como deber y como derecho- para dejar sentada nuestra opinión acerca de la forma en que se gobierna el país. Por ello, como docentes, es necesario que demos ejemplo de civismo, independientemente de que estemos de acuerdo o no con este nuevo proceso o inclusive si estamos desencantados de la forma en que se hace política en el Perú, pues muchos jóvenes, nuevos y futuros votantes, aun cuando muestren desconocimiento  o desinterés total sobre estos temas, van adoptando los hábitos y reacciones que tienen los mayores, solo a través de la observación.

 

En el área de estudio del nivel Secundaria Desarrollo personal, ciudadanía y cívica –que en Primaria se denomina Personal social- se detallan, en el Currículo Nacional para la educación Básica Regular vigente, las siguientes competencias que deben alcanzar los estudiantes: a) construye su identidad y b) convive y participa democráticamente.

Estas dos competencias son de las más importantes para el desarrollo integral de una persona, en su largo camino hasta adquirir el ejercicio de su ciudadanía de manera plena y responsable.

Convivir y participar de la vida democrática del país se aprende desde la primera infancia, internalizando las nociones de respeto por los demás, buenos modales, orden y cuidado del espacio (el aula, los objetos personales y de otros, la habitación, las paredes, etc.) y se convierten con el tiempo en aquellas normas de conducta social que nos serán de utilidad para la inserción en toda red social (amical, laboral, académica y profesional), con base en la educación y el respeto.

En estos días, la vida social y política de nuestro país está en crisis. Se ve cotidianamente en las noticias de periódicos y canales de televisión. Y no solo tiene que ver con la violencia criminal e inseguridad ciudadana, actos de los cuales nadie puede dudar de su naturaleza negativa, que atenta contra la armonía urbana y rural, una aspiración de toda nación que se considere civilizada. Sino también con la inestabilidad política, rótulo bajo el cual podríamos englobar todas las informaciones que hemos venido observando: idas y vueltas de autoridades, procesos judiciales y destapes, ascensos y caídas de determinados personajes de los diferentes poderes del Estado, etc.

En ese sentido, procesos electorales como el de este domingo 26 de enero sirven para exhibir la realidad: ¿Qué piensan los jóvenes? ¿Qué piensa la gente grande, adulta? A veces, hablar de participar democráticamente en la vida del país parece estar referido solo a ir a votar cada cinco años o, en ocasiones extraordinarias como esta, para escoger a nuevos congresistas en medio de un periodo presidencial marcado por la renuncia del gobernante electo y la asunción de su primer vicepresidente.

Sin embargo esta participación también se da, de forma cotidiana, en otras cosas: promover el respeto y la tolerancia, no botar desperdicios al suelo, ceder el asiento a las personas mayores, respetar a las mujeres, cuidar el medioambiente y los animales…

Como docentes ¿qué nos corresponde hacer en un caso específico como el de esta votación? Orientar a los votantes más jóvenes a ser más participativos y tener clara la función que cumplimos con ese acto que podría, en algún momento, dejar de ser una obligación maquinal (para evitar multas) para convertirse en una expresión concreta de una opinión que marque la pauta de cómo queremos ser gobernados.

La inacción o la indiferencia suelen ser aprovechadas por quienes buscan llenarse de poder y de dinero. Por eso la formación ciudadana y cívica es tan importante. Y eso, colegas, comienzan en las aulas, con nosotros orientando a los más pequeños.

 

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