Promover la lectura: Un trabajo que debe ser constante y serio

Promover la lectura: Un trabajo que debe ser constante y serioEntre escritores, que de por sí son personas adultas que han alcanzado una relación superior con el acto de leer, se suele debatir acerca de la pertinencia de "estimular la lectura en los niños" pues no están de acuerdo con la idea de imponer algo que debería, por lo menos, nacer de un interés genuino por parte del alumnado, casi como si se tratara de una habilidad natural. Pero la realidad es diferente para quienes no poseen el don de la escritura ni viven o trabajan gracias a haber desarrollado habilidad para manejar el lenguaje escrito. Leer es un aprendizaje artificial, utilitario y, en términos de ciudadanía, la diferencia entre ser capaz de ser autónomo y no serlo.

El lenguaje permite que los individuos se desempeñen socialmente y funciona como un instrumento cognoscitivo básico para el desarrollo de otros aprendizajes. El proceso de lectura y escritura está estrechamente ligado al desarrollo de operaciones mentales superiores, como el manejo de símbolos, las destrezas de generalización, el desarrollo de categorías abstractas necesarias para comprender críticamente el complejo mundo social actual.

La lectura desarrolla el sentido crítico, es fuente de recreación, desarrolla la creatividad, la capacidad de comunicación, la posibilidad de adquirir conocimiento y comprensión del mundo y ayuda a formar la autonomía.

La lectura y la escritura son procesos que, por su carácter comunicacional, contribuyen en forma ineludible a la maduración integral del individuo, sobre todo como ser social.

La tarea del docente –al igual que la de la familia– es generar buenos lazos entre los chicos y el mundo de los libros. En este sentido, todas las acciones que promuevan o generen un buen vínculo con la lectura de textos de ficción o sea, sin intención utilitaria, redundará de manera positiva en la lectura competente de textos no ficcionales, porque lo que se trata de hacer es despertar el deseo y el placer por la lectura sea ésta ficcional o no. Por otra parte, la lectura de obras de ficción es un campo ideal para potenciar la comprensión lectora.

El papel del educador básicamente consiste en crear las condiciones que favorezcan el aprendizaje de la lectura y el vínculo con los textos. Para ello, será necesario detectar los intereses y necesidades básicas de cada niño, crear las condiciones de una interacción cotidiana entre los chicos y los textos escritos, generar espacios privilegiados para la lectura en el aula, compartir lecturas significativas para cada uno con su grupo de pares, narrar o leer en voz alta, realizar proyectos de lectura o narración, desarrollar proyectos de lectura en voz alta como: teatro leído, favorecer la inmersión de los alumnos en el mundo literario y la creatividad literaria, de modo que no sólo logren un goce estético en las lecturas de obras literarias sino que, también encuentren en ellas un instrumento valioso para su propio desarrollo personal.

Desde la escuela se busca potenciar la comprensión lectora por medio de la creación de vínculos –uno de ellos la lectura ficcional– y condiciones que, desde el primer día de clase familiaricen a los más pequeños con la lectura y con los libros.

El docente, como el bibliotecario, puede convertirse en verdaderos mediadores entre los libros y los chicos. Invitar con pasión a la lectura siempre será mejor que las imposiciones. Las actitudes del docente también son fuente de enseñanza para los alumnos. En este sentido, algunas de ellas pueden ser clave para despertar el deseo de leer:

  • Afición a la lectura.
  • Entusiasmo por comunicar esta afición.
  • Curiosidad por conocer los gustos y las preferencias de los chicos.
  • Interés por la literatura infantil y juvenil.
  • Respeto por los diversos gustos literarios.
  • Algunos criterios a la hora de seleccionar el material

Un aspecto muy importante a considerar es la selección del material que se propone a los chicos. Existen diversos criterios, como: edad del lector, intereses, géneros, autores, etc., pero principalmente es necesario conocer las características evolutivas de los alumnos.

Desde este punto de vista, hay que tener presente que de los seis a los ocho años los chicos se van adentrando cada vez más en el mundo de la fantasía. Experimentan terrores personales y, por otra parte, ya han desarrollado el concepto básico de la narración y disfrutan de todo tipo de relatos: cuentos de animales, de princesas, de hadas, las historias familiares y, también, de historias fantásticas.

Fuente: Blog Talentos para la vida

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