Reflexiones Magisteriales: La juventud

El 12 de agosto se conmemora el Día Internacional de la Juventud, una efeméride que este año cumple dos décadas de existencia, tras la iniciativa tomada en 1999 por la Organización de Naciones Unidas de establecer una fecha para reflexionar sobre aquellas personas que serán el futuro de la humanidad. Y en esta ocasión su tema central está íntimamente ligado a nuestra actividad como docentes. Transformando la educación es el lema oficial del Día Internacional de la Juventud 2019, en consonancia con los profundos cambios sociales y tecnológicos que han reordenado la forma en la que se entienden las relaciones sociales. La formación de los jóvenes debe ser integral para garantizar una adaptación que permita la vida en comunidad, protegiendo el medio ambiente y guiando a las naciones por caminos de democracia y armonía.

 

En su página oficial la ONU declara lo siguiente: “Actualmente, existen en el mundo 1,800 millones de jóvenes entre los 10 y 24 años de edad. Es la población juvenil más grande de la historia. Sin embargo, 1 de cada 10 vive en zonas de conflicto y 24 millones de ellos no asisten a la escuela. La inestabilidad política, los desafíos del mercado laboral y el limitado espacio para la participación política y cívica han llevado al aislamiento de los jóvenes de las sociedades”.

Esta situación debe llamarnos a la reflexión a quienes nos dedicamos, de manera directa o transversal, al trabajo docente. Por lo general se tiene mucha fe en la juventud, en especial en tiempos posmodernos.

Así lo manifiestan los avisos publicitarios y lo determina el mercado laboral: mientras más joven, más posibilidades de empleo, de posicionamiento social, de fama y éxito. La antigua gerontocracia –gobierno de ancianos- ha sido desplazada por la juventud briosa, alegre y despierta. Sin embargo, los datos y descripciones de la ONU ofrecen una realidad diferente que necesitamos examinar mejor.

Si bien es cierto, los valores asociados a la juventud –fuerza, vivacidad, salud, dominio tecnológico- son reales, es también un hecho que muchas veces la inexperiencia y la vehemencia de la juventud hacen difícil garantizar desempeños sosegados o suficientemente reflexivos en aquellas situaciones que necesitan un peso mayor del pensamiento crítico y los conocimientos adquiridos en teoría y práctica de diversos temas, cosas que solo se obtienen con los años.

En ese sentido, a los indicadores de la ONU que se refieren a jóvenes en situaciones de riesgo –zonas de emergencia, extrema pobreza sin acceso a la educación, etc.- debemos sumar la fragilidad mental de muchos jóvenes urbanos, de sectores socioeconómicos de las llamadas clases medias y altas, que están sobre expuestos a los condicionamientos superficiales de las modas y los medios de comunicación masiva, que generan una desconexión entre ellos y la realidad que los rodea. Por ello, los principales intereses de esa juventud giran, básicamente, en torno a aquello que solo pueden conseguir con dinero –diversiones, teléfonos inteligentes, autos y departamentos de lujo- y aplazan el compromiso con causas más profundas “para cuando sean más grandes o adultos”.

Esta confusión se cruza con las tasas de embarazos no deseados –mayormente entre jóvenes de los rangos de edades considerados por la ONU- que terminan empujando a individuos aun no preparados psíquica o económicamente a asumir responsabilidades familiares, iniciando un desarrollo forzado e incompleto, lo cual trae a su vez problemas que pueden manifestarse tanto en sus vidas privadas como en las funciones políticas o de trabajo que asuman en su camino.

Los docentes tenemos, por eso, esa importante tarea de orientar a una juventud sobre estimulada, y muchas veces altamente sugestionada, que por la propia naturaleza de su edad no aceptan fácilmente los consejos o recomendaciones que por seguridad le dan las personas mayores. Y para ello debemos estar muy bien preparados, integrando conocimientos académicos, aptitudes para la psicología, emociones y capacidades de adaptación a sus lenguajes tecnológicos y sus expectativas de éxito social, para que la formación que les demos sea la más adecuada.

 

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