Reflexiones Magisteriales: ¿Reflexión o diversión?

La posmodernidad -así es como llaman los filósofos del mundo a nuestros tiempos- tiene, entre sus principales características, un masivo y decidido desapego por lo espiritual, por lo reflexivo. La voluptuosidad, la diversión sin medida y el materialismo son esenciales para la existencia del ser humano urbano y moderno. Es la principal razón por la cual los días de Semana Santa, que son declarados feriados no laborables para recordar y reflexionar, desde la perspectiva cristiana, un evento triste y esperanzador, son considerados como un fin de semana largo cualquiera, con todo lo que ello implica. Como docentes, comprometidos con la mejora educativa, debemos aprovechar la Semana Santa para orientar a las nuevas generaciones para promover la comprensión del contexto de cada fecha y entender que estos días podemos descansar, sí, pero no necesariamente celebrar. Reflexionemos juntos, maestros, sobre este tema…

 

¿Ustedes se imaginan planificando un viaje, un campamento, una fiesta o un brindis que llegue “hasta las últimas consecuencias” cada vez que se cumpla un año de la muerte de un familiar o amigo cercano? Imposible, ¿verdad? A pesar del fervor religioso que es parte, incluso, de nuestros atractivos turísticos –Procesión del Señor de los Milagros, recorrido de iglesias y centros ceremoniales- cada Semana Santa vemos reportajes en que nos contarán las enormes celebraciones en playas, discotecas y campamentos. ¿Será que hemos olvidado de qué se trata la Semana Santa? ¿Qué recordamos en esa fecha?

Nuestros padres contaban que, cuando ellos eran jóvenes, no podía ni siquiera escucharse música durante los días centrales de la Semana Santa, que son Jueves y Viernes Santo. Esto, que parece exagerado, era reflejo de otra época, una cultura social diferente que el relativismo moderno ha ido relajando, flexibilizando. El problema es que nos hemos pasado al otro extremo de la exageración. Y es lo que nuestros alumnos viven y aprenden como “normal”. ¿Nos corresponde hacer algo al respecto desde las aulas?

Lo cierto es que, independientemente de qué religión profese cada uno, no puede ser aceptada como algo normal esta costumbre de tomar los días libres de la Semana Santa como un pretexto para irse de fiesta, como si se tratara de cualquier fin de semana largo. Para los creyentes, durante esas 48 horas fue apresado, torturado y finalmente crucificado a quien ellos consideran el Hijo de Dios. Para los no creyentes con cierta cultura general, se trata de conmemorar la muerte de un ser humano extraordinario, ícono de la espiritualidad y la historia.

Sin caer en fanatismos religiosos que poco tienen de productivos, instamos a nuestros lectores y colegas a reflexionar en estos días acerca del papel que debe cumplir la educación como orientadora del comportamiento colectivo de niños y adolescentes, frente a estas ocasiones en que entran en contradicción la naturaleza espiritual de las distintas sociedades del país y del mundo, con las prioridades de lo que modernamente se percibe como felicidad, diversión y tiempo libre. Si queremos hacer que nuestra educación mejore, es nuestra tarea comenzar con esta clase de temas, de amplias aristas y permanente evolución.

 

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